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LIBROS: Rethinking Life and Death: The Collapse of Our Traditional Ethics (Singer, 1994)

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Título en español: Repensando la Vida y la Muerte: El Colapso de nuestra Ética Tradicional
Información sobre el autor: Peter Singer

Rethinking Life and Death: The Collapse of Our Traditional Ethics, Text Publishing, Melbourne, 1994; St Martin's Press, New York, 1995; reprint 2008. ISBN 0-312-11880-5 Oxford University Press, Oxford, 1995

RESEÑA

En el libro «Repensando la vida y la muerte» («Rethinking Life and Death»), publicado el 21 de septiembre de 1995, Peter Singer explica su concepto de persona. Según Singer, una «persona» es una identidad privilegiada que se sólo incluye a los individuos mentalmente competentes, y esto sólo lo satisfacen los humanos adultos y los grandes simios, estando los grandes simios muy por debajo de los seres humanos. Esta es la razón por la que Singer defiende el objetivo del Proyecto Gran Simio de dar derechos básicos a los grandes primates (chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas). En cuanto al resto de los habitantes de la tierra, como «las ballenas, delfines, elefantes, monos, perros, cerdos y otros animales», en la página 182 dice que con el tiempo podría demostrarse que algunos, o tal vez todos ellos, son «conscientes de su propia existencia en el tiempo y capaz de razonar. Entonces ellos también tendrían que ser considerados como personas». Según Singer, la capacidad de sufrir y disfrutar de la vida, aunque es digno de «preocupación», no confiere por sí misma la identidad de persona, no admite a un animal no humano en lo que Singer llama la «comunidad de iguales».




LIBROS: Practical Ethics (Peter Singer, 1979)

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Título en español: Ética Práctica
Información sobre el autor: Peter Singer

Singer, Peter, Practical Ethics, Cambridge: Cambridge University Press, 1979. viii, 237 págs. ISBN 978-0-521-22920-3

RESEÑA DE DANIEL DORADO

En este libro, Singer examina diversos problemas fundamentales en ética aplicada desde un punto de vista utilitarista. Entre ellos, la consideración moral de los animales no humanos. Defiende que la ética debe partir de una consideración igualitaria de los intereses de los animales, por lo que el especismo debe ser rechazado. Señala, a modo de ejemplo, que nuestro interés en saborear la carne es menor que el interés de los animales en no sufrir. Expone que las diferencias entre especies no son moralmente relevantes, y que la autoconsciencia es necesaria para tener intereses dirigidos al futuro, entre ellos un interés en vivir. Defiende también que, dado que los bebés carecen de características ausentes también en algunos animales no humanos, los primeros no deberían ser tenidos en mayor consideración moral que los segundos. El ensayo fue traducido al español: Ética práctica, Barcelona: Ariel, 1984. 287 págs. ISBN 978-84-344-1027-5. Existe una edición revisada de la obra en inglés: Practical Ethics, 2nd ed., Cambridge: Cambridge University Press: 1993. xiii, 395 págs. ISBN 978-0-521-43971-8. Esta edición revisada fue traducida igualmente al español: Ética práctica, Tres Cantos: Akal, 2009. 400 págs. ISBN 978-84-460-3069-0.

Fuente: «La consideracion moral de los animales no humanos en los ultimos cuarenta años: una bibliografía anotada». Dorado, Daniel. Universidad Carlos III de Madrid, 2010.

RESEÑA DE LA WIKIPEDIA

«Ética práctica» analiza en detalle por qué y cómo deben sopesarse los intereses de los individuos. Su Principio de la Igual Consideración de Intereses no dictamina la igualdad de tratamiento de estos intereses, porque diferentes intereses determinan un tratamiento diferente. Por ejemplo: todos tienen interés en evitar el dolor, pero pocos tienen interés en cultivar sus habilidades. Su principio justifica no sólo el diferente tratamiento para intereses diferentes, sino que permite diferentes tratamientos para el mismo interés cuando disminuye la utilidad marginal, por ejemplo, el interés por alimentarse de una persona hambrienta es superior al mismo interés de alguien satisfecho en su alimentación y que momentáneamente siente hambre. En «Ética práctica» Singer abarca desde temas tan polémicos como abogar por un trato ético a los animales, el aborto, la eutanasia, la pobreza y distribución de ingresos, entre otros.

Fuente: es.wikipedia.org/wiki/Peter_Singer


LIBROS: Animals, Men, and Morals: An Enquiry into the Maltreatment of Non-Human (1972)

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Título en español: Animales, Hombres y Moral: una Investigación sobre el Maltrato a los No-Humanos
Varios autores.

Godlovitch, Stanley; Godlovitch, Roslind y Harris, John (eds.), Animals, Men, and Morals: An Enquiry into the Maltreatment of Non-Humans, New York: Taplinger, [1972]. 240 págs. ISBN 978-0-8008-0272-1

RESEÑA DE DANIEL DORADO

Esta obra, de autoría colectiva, es la primera donde se examinan los argumentos a favor y en contra del especismo, como aquellos en torno a la relevancia moral de las capacidades cognitivas y los que proponen la sintiencia como criterio para la consideración moral. Varios autores analizan la evaluación moral del uso de animales en alimentación, vestimenta, entretenimiento y experimentación, además de presentar alternativas. Otros analizan las condiciones sociales existentes y proponen introducir un cambio en las actitudes hacia los animales. La obra incluye los siguientes capítulos: “On Factory Farming” (Ruth Harrison), “Furs and Cosmetics: Too High a Price” (Muriel the Lady Dowding), “Experiments on Animals” (Richard Ryder), “Alternatives” (Terence Hegarty), “Killing for Food” (John Harris), “Beasts for Pleasure” (Maureen Duffy), “In Pursuit of a Fantasy” (Brigid Brophy), “Duties to Animals” (Leonard Nelson), “Animals and Morals” (Roslind Godlovitch), “Utilities” (Stanley Godlovitch), “Strategies” (David Wood) y “Nature and Culture” (Michael Peters).

Fuente: «La consideracion moral de los animales no humanos en los ultimos cuarenta años: una bibliografía anotada». Dorado, Daniel. Universidad Carlos III de Madrid, 2010.




MÁS INFORMACIÓN

- en.wikipedia.org - Animals, Men and Morals: An Inquiry into the Maltreatment of Non-humans


LIBROS: "Acerca de comer carne" / "Los animales utilizan la razón" (Plutarco)

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En los dos breves tratados que presentamos, el filósofo Plutarco (46 o 50 - 120 d.C) reflexiona sobre dos cuestiones que a primera vista quizá pueden parecer un poco insólitas pero que inciden plenamente en la idea que los hombres nos hacemos de los animales y que definen nuestra relación con ellos. En el primer tratado, Plutarco se interroga sobre lo que llama el valor, la razón o el placer que permite al hombre matar y después comer a los animales, es decir, en suma, sobre qué es lo que hace gozar al hombre de comer carne. Plutarco, aunque no es vegetariano como Pitágoras, considera que «comer carne no sólo es contrario a la naturaleza de los cuerpos, sino que también, por saciedad y hartura, engorda y espesa las almas, pues la alimentación del cuerpo afecta decisivamente a la calidad del alma. El segundo tratado consiste en un diálogo entre Ulises y un hombre convertido en cerdo por la maga Circe en el que Plutarco, por boca del animal, muestra que el alma de los animales es virtuosa y totalmente conforme a las leyes de la naturaleza.

Extracto

Me preguntas por qué razón Pitágoras se abstenía de comer carne, pero yo me pregunto, más bien, cuál era el sentimiento, el estado mental o anímico del hombre que por vez primera se acercó a la boca una carne asesinada, del hombre que se atrevió a llevarse a los labios la carne de un animal muerto, y que hizo que se sirvieran en su mesa cadáveres en putrefacción, conviritendo en alimento miembros que poco antes balaban, mugían, andaban y veían. ¿Cómo pudieron sus ojos soportar la visión del asesinato? ¿Cómo fue capaz de ver morir, despellejar y descuartizar a un pobre animal? ¿Cómo su olfato soportó ese olor? ¿Cómo es que no sintió asco y horror cuando tuvo que entrar en contacto con el cuerpo desmembrado, cuando se manchó con la sangre y los líquidos que salían de las heridas mortales de otro ser?

Las pieles se arrastraban por tierra,
también las carnes mugían ensartadas,
asadas y crudas, y era
semejante a la de los bueyes la voz que de allí salía. [Odisea XII, 395,96)

Estas palabras corresponden a una ficción poética y una fábula, pero sin duda fue una cena extraña y monstruosa, como lo es el tener hambre de animales que aún mugen, aprender a alimentarse de animales que todavía viven y gritan,dar instrucciones para su preparación, para hervirlos o asarlos, y presentarlos en la mesa.

Es al primero que comenzó con tales prácticas a quien debería preguntarse, no a los que se sumaron más tarde a ellas; o quizá los primeros hombres que comenzaron a comer carne lo hicieron empujados por el hambre y la necesidad, tal vez no fue por un apetito desordenado por lo que adoptaron este hábito, ni fue la abundancia de cosas necesarias lo que les llevó a esta actitud insolente de codiciar voluptuosidades extrañas y contrarias a la natualeza, de modo que si ahora recuperaran el sentimiento y la palabra podrían decirnos: ¡Oh, qué felices y amados de los dioses sois vosotros, los que ahora vivís! ¡En qué tiempos de abundancia nacisteis! ¡Cómo gozáis de toda clase de bienes! ¡Cuántos productos os produce la tierra, qué copiosas son vuestras vendimias, cuántas riquezas os ofrecen los campos, qué cantidad de frutos os proporcionan árboles y plantas de los que podéis coger lo que queréis cuando bien os parece! Vivís ahora rodeados de deleites, sin mancharos las manos, mientras que nosotros vivimos en lo más duro y temible de la existencia humana, siendo forzoso que cayéramos, por la reciente creación del mundo, en una terrible y apremiante indigencia de muchas cosas necesarias; la faz del cielo se encontraba todavía cubierta por la densidad del aire, las estrellas estaban mezcladas de un humor turbio e inestable con el fuego de las tormentas y los vientos. El sol aún no estaba bien establecido, todavía no tenía un curso fijo, cierto y seguro:

No separaba el día y la noche;
no conocía su ciclo de retorno,
coronado por estaciones
abundantes en frutos y en flores.

La tierra era ultrajada por el curso de unos ríos que no tenían ni fondo ni riberas definidas. Infestada en su mayor parte por profundos lagos y ciénagas, el resto se encontraba en estado salvaje, cubierta de bosques y selvas estériles; la tierra no producía frutos, ni había todavía herramientas con qué trabajarla, pues la inteligencia humana aún no había creado ingenio alguno para ello; el hambre no nos abandonaba nunca, y no se esperaba cada año como ahora, a la llegada de la estación de la siembra, pues nada había que sembrar.

Nada tiene, pues, de asombroso que, contra los dictados de la naturaleza, comiéramos carne de animales, habida cuenta que entonces se comía tanto el musgo como la corteza de los árboles, y era un hallazgo feliz encontrar algunas raíces verdes de grama o de brezo. Y cuando los hombres tropezaban casualmente con bellotas o castañas, bailaban de alegría en torno a un roble o un pino, al son de alguna canción primitiva, invocando a la "madre nutricia", a la tierra que les daba la vida; no había ne la vida de los hombre otra fiesta que ésa: el resto de la existencia humana no era más que dolor, miseira y tristeza.

Pero ahora, ¿qué rabia y qué furor os incitan a cometer tanto crimen, cuando estáis saciados de tan gran afluencia doe cosas necesarias para la vida? ¿Por qué calumniáis ingratamente a la tierra, como si ella no os pudiera alimentar? ¿Por qué pecáis contra Demeter, creadora de leyes santas, y avergonzáis al dulce y gracioso Dionisos, como si esas deidades no os dieran suficientemente para vivir?¿No os da vergüenza mezclar en vuestras mesas los frutos dulces con el crimen y la sangre? Llamáis "fieras" a leopardos y leones, y, sin embargo, derramáis su sangre, no siendo vuestra crueldad en modo alguno menos que la de ellos, pues si otros animales matan es por necesidad de alimento, mientras que vosotros lo hacéis por deleite; y no coméis leones ni lobos tras pelear con ellos y matarlos, sino que elegís los que son inocentes, mansos y domesticados, los que no tienen ni dientes para morder, ni garras para defenderse: es a ésos a los que cogéis y matáis, como si la naturaleza los hubiera creado tan sólo para vuestro placer.

[Es como si alguien, viendo el Nilo desbordado, inundando todo el país con sus aguas fertilizantes y generadoras, no alabara con admiración a este río que hace nacer y crecer tantos frutos hermosos y benéficos, tan necesarios para la vida del hombre, sino que lo censurara al ver en él un cocodrilo nadando, un áspid reptando, unas moscas malignas u otros animales maléficos y malvados. O como si viendo estas tierras y estos campos cubiertos de frutos benéficos y hermosos, repletos de espigas de trigo, percibiera entre los hermosos trigos unas espigas de cizaña y algunas malas hierbas, y se lamentase por ello. O lo mismo, también, que si, cuando se oye el alegato de un orador en alguna causa judicial, que con un torrente de elocuencia plena y vehemente pretende salvar a alguien cuya vida corre peligro, o probar y verificair las imputaciones y los cargos de algunos crímenes; como si de todo ese torrrente de elocuencia, digo, que no discurre de manera sencilla y escueta, sino con variados recursos de todo tipo que imprime en los corazones y las mentes de auditores o jueces, a los que hace cambiar de opinión de diferentes formas, o a los que tran quiliza y apacigua para que sopesen y consideresn el tema principal de la causa, se entretuviera, sin embargo, en recoger simplemente algunas expresiones retóricas que se han ido hilvanando en el flujo del discurso] [...] (Se ha perdido el resto de este fragmento por lo que no es posible conocer el sentido último de lo que Plutarco quiere decir)

Pero nada nos conmueve de los desgraciados animales, ni su bello colorido, ni la dulzura de su voz melodiosa, ni la sutileza de su inteligencia, ni la limpieza de su vida, ni la vivacidad de los sentidos y el entendimiento; y así, por un poco de carne, les privamos de la existencia, les arrebatamos el sol, la luz, y el curso de la vida a la que la naturaleza les había destinado; y pensamos luego que las vocoes que lanzan movidos por el miedo no son articuladas, y que no significan nada, cuando en realidad son plegarias, súplicas y peticiones en las que esos pobres animales nos gritan: "Si estás obligado por la necesidad, no te pediré que me salves la vida, pero déjame vivir si vas a darme muerte por un deseo de tu voluntad desordenada; si lo necesitas para comer,mátame, pero si por glotonería, déjame vivir", ¡Oh, cuánta crueldad! Qué horror produce ver la mesa de lso ricos servida y cubierta por cocineros y salseros que revisten esos cuerpos muertos; pero más horrible es todavía ver cómo la quitan, pues los restos que se llevan suponen más de lo que se ha comido: para nada, pues, se ha dado muerte a esos pobres animales. Hay otros que evitan las carnes servidas a la mesa y no quieren que se las toque, ni se las corte. Pero aunque las respetan cuando no son ya más que carne, no las respetaron cuando eran todavía animales vivos.

Pero para quien mantiene que la causa y el origen de comer carne está en la propia naturaleza, probémosles que ello no es acorde con la constitución del hombre. En primer lugar, se puede demostrar, por la natural composición del cuerpo humano, que no guarda semejanza ninguna con la de aquellos animales a lso que la naturaleza ha destinado a alimentarse de carne, habida cuenta que no tiene ni pico ganchudo ni garras afiladas, ni dientes puntiagudos, ni un estómago tan fuere, ni unos humores tan ardientes que puedan cocer y digerir la pesada masa de la carne cruda; y aunque no fuera por otra cosa, la naturaleza misma, con la igualdad de sus dientes planos y unidos, la boca pequeña, la lengua blanda y suave, y la debilidad del calor natural y de los humores que provocan la digestión, muestra por sí misma que no aprueba la costumbre del hombre de comer carne. Y si te obstinas en que la naturaleza lo ha destinado a comer carne, entonces mátala tú mismo por tus propios medios, sin usar maza, ni cuchillo hi hacha, sino como lo hacen lobos, osos y leones, que comen y matan al animal al mismo tiempo: así, trata de matar un buey a fuerza de dentelladas, acaba con un jabalí con tu boca, desgarra un cordero o una liebre con las garras, y cómela viva todavía, como hacen esos animales: pero si esperas que estén muertas para poder comerlasu, y sientes vergüenza de expulsar a dentelladas el alma presente en la carne que comes, ¿por qué comes lo que tiene alma? Pero incluso privada del alma y completamente muerta,no hay nadie que tenga el valor de comerla como está, así que se la hace hervir, se la asa, se la transforma con el fuego y varias drogas, alterando, disfrazando y sofocando el horrror del asesinato, para que el sentido del gusto, engañado y frustrado por tales disfraces, no rechace lo que le es extraño. Pensemos en aquel espartano que, habiendo comprado un pez, lo entregó al posadero para que lo preparara; éste le pidió entonces vinagre, queso y aceita para cocinarlo. "Si tuviese lo que me pides -respondió el espartano-, no hubiese comprado el pescado." (...)

Traducción: Fernado Ortega
Editor: J.J.Olañeta


LIBROS: "De la razón de los animales" (David Hume, 1739)

En un artículo anterior demostramos que el razonamiento o inteligencia no son capacidades exclusivas de los seres humanos, sino que también las poseen quienes no son humanos[1].

David Hume (1711-1776) fue un importante filósofo empirísta inglés. El siguiente texto es un extracto de su libro «Tratado de la naturaleza humana» (Libro primero «Del entendimiento», parte tercera «Del conocimiento y la probabilidad», sección primera «Del conocimiento», sección XVI: «De la razón de los animales»).

«Muy próximo al ridículo de negar una verdad evidente se halla el tomarse los más grandes trabajos para defenderla, y ninguna verdad me parece más evidente que la de que los animales se hallan dotados de pensamiento y razón lo mismo que los hombres. Los argumentos son en este caso tan manifiestos, que no escapan nunca a la atención del más estúpido e ignorante.

Somos conscientes de que al adaptar los medios a un fin nos guiamos por razón y por designio y que no realizamos de un modo irreflexivo y casual las acciones que tienden a nuestra conservación a obtener el placer y a evitar el dolor. Cuando, por consiguiente, vemos otros seres en miles de casos realizar acciones análogas y dirigirlas a fines análogos, todos los principios de razón y probabilidad nos llevan con una fuerza invencible a creer en la existencia de una causa análoga. Es innecesario, en mi opinión, ilustrar este argumento por la enumeración de casos particulares. La más pequeña atención nos proporcionará más de los que son requeridos. La semejanza entre las acciones de los animales y las de los hombres es tan completa en este respecto que la primera acción del primer animal que nos agrade considerar nos proporcionará un argumento incontestable para la doctrina presente.

Esta doctrina es tan útil como clara y nos proporciona una especie de piedra de toque mediante la que podemos examinar cada sistema en esta especie de filosofia. Por la semejanza de las acciones externas de los animales con las que nosotros realizamos juzgamos que sus acciones internas se asemejan a las nuestras, y el mismo principio de razonamiento llevado un poco más adelante nos hará concluir que, dado que nuestras acciones internas se asemejan entre sí, las causas de las que se derivan deben ser también semejantes. Cuando una hipótesis, pues, se presenta para explicar una actividad mental que es común a los hombres y a los animales, debemos aplicar la misma hipótesis a ambos, y como toda hipótesis verdadera soportará esta prueba, me atrevo a afirmar que ninguna falsa será capaz de sufrirla. El defecto común de los sistemas que los filósofos han empleado para explicar las acciones del espíritu es suponer una sutilidad y refinamiento tales del pensamiento, que no sólo exceden la capacidad de los animales, sino también la de los niños y la de las gentes sencillas en nuestra propia especie, que son, sin embargo, susceptibles de las mismas afecciones y emociones que las personas del más grande talento y entendimiento. Una sutilidad tal es una prueba clara de la falsedad de cualquier sistema, lo mismo que la simplicidad lo es de su verdad.

Por consiguiente, sometamos nuestro sistema presente, relativo a la naturaleza del entendimiento, a esta prueba decisiva y veamos si explica igualmente los razonamientos de los animales que los de los seres humanos.

Debemos hacer aquí una distinción entre las acciones de los animales que son corrientes y parecen hallarse en el nivel de sus capacidades medias y los casos más extraordinarios de sagacidad que revelan a veces en su propia conservación y propagación de su especie. Un perro que evita el fuego y los precipicios, que huye de los extraños y acaricia a su dueño nos proporciona un ejemplo del primer caso. Un pájaro que escoge con mucho cuidado y finura el lugar y los materiales de su nido y pone sus huevos en el tiempo debido y en la estación conveniente, con todas las precauciones de que un químico es capaz en sus planes más delicados, nos proporciona un ejemplo notable del segundo.

En cuanto a las primeras acciones, afirmo que proceden de un razonamiento que no es diferente en sí mismo ni fundamentado en principios diferentes que el que aparece en la naturaleza humana. Es necesario, en primer lugar, que exista una impresión inmediatamente presente a su memoria o sentidos para constituir el fundamento de su juicio. Por el tono de la voz el perro infiere la cólera de su dueño y prevé su castigo. Por una cierta sensación, que afecta a su olfato, juzga que la caza no está lejos de él.

Segundo: la inferencia que hace partiendo de la impresión presente se basa en la experiencia y en su observación del enlace de los objetos en casos pasados. Del mismo modo que se varía esta experiencia se varía este razonamiento. Haced que un golpe siga unas veces a una señal y otras veces a otra, y sacará sucesivamente diferentes conclusiones según su experiencia más reciente.

Ahora bien; que un filósofo haga un ensayo y trate de explicar este acto del espíritu que llamamos creencia y dé de él una explicación, partiendo de los principios de que se deriva, independientemente de la influencia, de la costumbre y de la imaginación, y que su hipótesis sea aplicable igualmente a los animales que a los hombres; cuando haya hecho esto prometo admitir su opinión; pero al mismo tiempo exijo como condición equitativa que si mi sistema es el único que puede responder a todas estas cuestiones sea admitido como totalmente satisfactorio y convincente. Que es el único, es evidente casi sin razonamiento alguno. Los animales jamás perciben ciertamente una relación real entre los objetos; por consiguiente, infieren el uno del otro por experiencia. No pueden jamás hacer una conclusión general mediante argumentos, para probar que los objetos de los que no tienen experiencia se asemejan a aquellos de los que la tienen. Por lo tanto, tan sólo mediante la costumbre actúa sobre ellos la experiencia. Todo esto era suficientemente evidente con respecto al hombre. Con respecto a los animales no puede existir ni la más mínima sospecha de error, lo que debe estimarse como una rigurosa confirmación, o mejor como una prueba invencible de mi sistema.

Nada prueba mejor la fuerza del hábito, para reconciliarnos con un fenómeno, que el hecho de que los hombres no se asombran de las actividades de su propia razón, mientras que admiran el instinto de los animales, y encuentran difícil su explicación por el mero motivo de que no puede reducirse a los mismos principios. Si consideramos la cuestión como es debido, la razón no es más que un instinto maravilloso e ininteligible de nuestras almas que nos lleva a lo largo de cierta serie de ideas y las dota de ciertas cualidades particulares según sus situaciones y relaciones especiales. Este instinto, es cierto, surge de la observación pasada y experiencia; pero ¿puede alguno dar la última razón de por qué la experiencia y observación pasadas producen un efecto tal y aun más de por qué la naturaleza sólo lo produce? La naturaleza puede ciertamente producir todo lo que surge del hábito, es más aún: el hábito no es más que uno de los principios de la naturaleza y deriva toda su fuerza de su origen.»



NOTAS

La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que compartamos todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista por los Derechos Animales.


LIBROS: El delito de los no humanos (José Luis Sánchez, 2011)

El Delegado del Partido Animalista PACMA en Alicante, José Luis Sánchez, profesor de biología, es el autor de este imprescindible texto denuncia sobre las injusticias que cometemos contra los animales.


¿Qué somos realmente los animales? ¿Es el ser humano el centro de alguna supuesta creación divina? ¿Cree usted que el resto de los animales no pueden sentir o sufrir? ¿Qué dice la ciencia de todo esto? ¿Conoce el trato que reciben diariamente millones de animales no humanos? ¿Le parece éticamente aceptable que el ser humano los siga torturando y utilizando a su antojo? ¿Sabe cuál ha sido su delito?

"Con gran amenidad, abundante documentación y rigor científico, José Luis Sánchez ha escrito un brillante libro de divulgación, una obra fundamental para saber por qué tenemos que respetar a todos los animales". Rosa Montero, Escritora y periodista

Con respeto al comportamiento que los seres humanos tenemos hacia el resto de los animales estamos ante una situación, al menos teórica, que empieza a cambiar lentamente. Hasta ahora el antropocentrismo había sido el único eje sobre el que giraban las argumentaciones de los más ilustres pensadores, ejerciendo una enorme influencia sobre el resto de la sociedad. Pero la nueva ética argumenta que no existe razón alguna para no respetar también al resto de los animales. Entre sus principales precursores está Peter Singer, profesor en su día de la Universidad de Oxford y de Nueva York y actualmente profesor de Bioética de la Universidad de Princeton. Es autor de Liberación Animal (1975), el libro sobre ética más vendido en el siglo XX y considerado como el libro que dio inicio al movimiento por los derechos de los animales.

Peter Singer utiliza la palabra "especismo"[1] en analogía a otras como el "sexismo" o el "racismo", y si bien éstas últimas hacen referencia a la discriminación de algunos seres humanos por el hecho de pertenecer a una raza o sexo determinado, el especismo sería la discriminación hacia los animales no humanos por el hecho de no pertenecer a nuestra especie.

Puedes comprar el libro aquí o aquí.


Fuente: pacma.es - El delito de los no humanos, libro recomendado


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NOTAS Y REFERENCIAS

RespuestasVeganas.Org: La mención de este libro en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que se compartan todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su mención debido a la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista.

[1] Argumento: "No hay nada malo en discriminar moralmente a los animales porque no son seres humanos"
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COMENTARIOS SOBRE ESTA ENTRADA:

Reseña del libro "The Case for Animal Rights" de Tom Regan (Óscar Horta)

Reseña de Óscar Horta sobre el libro The Case for Animal Rights, University of California Press, Los Angeles, 1983.


Junto a Singer, el filósofo moral que posiblemente haya alcanzado mayor renombre de entre quienes han explorado el tema del especismo ha sido Tom Regan. Este autor ha dedicado varios trabajos al tema, pero sin lugar a dudas su obra central es The Case for Animal Rights, obra todavía no traducida al castellano cuyo título viene a significar La causa de los derechos animales (otras traducciones podrían ser igualmente válidas, siempre que recojan el sentido que el término “case” tiene aquí como “defensa argumentada” o “argumentos a favor”). Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el caso de Singer, no muchos de aquellos que conocen o han oído hablar de Regan han leído en realidad su obra. Ello tiene una razón muy comprensible: el libro que nos ocupa, lejos de ser un trabajo de divulgación, es un texto filosófico bastante denso. En realidad, la tarea que emprende Regan es distinta de la asumida por Singer. No procede, como el australiano, simplemente aplicando a un problema concreto (la discriminación de los animales no humanos) unos patrones teóricos generales tomados de una teoría ya desarrollada (para Singer, el utilitarismo de las preferencias) y exponiendo los resultados sin ahondar en detalles argumentativos. Regan toma un camino muy diferente. Emprende la labor, ciertamente más ambiciosa, de construir una teoría propia que dé cuenta de nuestras obligaciones morales (aunque, evidentemente, tomará distintos elementos e ideas de otras propuestas teóricas ya formuladas con anterioridad). Su idea es que una vez que hayamos asumido la validez general de esta teoría, habremos de comprobar qué es lo que esta nos dice cuando nos preguntamos si la discriminación de los animales no humanos se encuentra justificada. En ese momento, tendremos que concluir cuáles son las repercusiones prácticas que de ello se derivan.

Si bien tal es el esquema general conforme al que cabe entender la propuesta de Regan, su exposición en la obra va a seguir un orden distinto. En los tres primeros capítulos (“Consciencia animal”, “La complejidad de la consciencia animal” y “Bienestar animal”)[1] va a defender Regan que los animales no humanos son seres con la capacidad de poseer experiencias positivas y negativas. Así, rebatirá, entre otras ideas, la afirmación de que no son seres conscientes por no poseer un lenguaje.

En los tres siguientes capítulos (de título “Reflexión y teoría ética”, “Las perspectivas centradas en los deberes indirectos” y “Las perspectivas centradas en los deberes directos”)[2] va Regan a dar cuenta de una serie de requisitos que en su opinión ha de satisfacer una teoría ética. Rechaza Regan en particular dos tipos de posiciones. En primer lugar, considera inaceptables aquellas que mantienen que los deberes que tenemos hacia los animales no humanos son de tipo indirecto. Estos enfoques se basan en dos supuestos: a) la idea de que los animales no humanos no son moralmente considerables, esto es, de que el hecho de que puedan verse dañados o beneficiados por nuestras acciones no debería en sí mismo importarnos en absoluto; y b) la idea de que, no obstante, no debemos tratarlos cruelmente porque con ello estaríamos obrando inadecuadamente hacia otros humanos (bien porque a estos les desagradaría tal actitud, bien porque con ello estaríamos desarrollando un carácter cruel que posibilitaría futuras conductas igualmente crueles hacia los humanos). Regan denunciará correctamente como incoherente e inaceptable tal posición (que se ve reforzada cuando se basa la defensa de los animales no en los intereses de estos, sino en el argumento que quienes son violentos con los animales no humanos pueden luego agredir a otros humanos). Si podemos establecer un paralelismo entre el daño causado a los animales no humanos y el causado a los humanos entonces resulta arbitrario suponer que sólo tenemos deberes directos hacia los humanos. Por lo tanto, no deben denunciarse las agresiones a los animales no humanos porque puedan dañar indirectamente a los humanos, sino por el propio daño que les ocasionan a ellos.

La otra posición a la que se opone Regan es la defendida por el utilitarismo. Este busca la maximización del bien general, un fin para cuya consecución acepta, si ello resultase necesario, el sacrificio de los intereses particulares que un individuo pueda tener. Regan considerará esto inadmisible. Defenderá este autor la existencia de derechos morales que protegen a sus posesores incluso aunque los demás se vean perjudicados por ello. (Por su parte, los utilitaristas acusarán a su vez a teóricos como Regan de permitir que, con el fin de salvaguardar los intereses de un individuo concreto se sacrifiquen los de una gran mayoría.) Se trata, en realidad, de la clásica discusión entre éticas consecuencialistas (que sitúan la corrección moral de una acción en función de las consecuencias que se derivan de ellas) y éticas del deber o deontológicas (que dictan que la corrección o incorrección de la acción está en si esta se adecúa a un deber –por ejemplo, el de respetar un determinado derecho–).

La exposición de la teoría alternativa que propondrá Regan tendrá lugar en los dos siguientes capítulos “Justicia e igualdad” y “La perspectiva de los derechos”. El modo en que procederá Regan para construir su teoría es el siguiente. Partirá de la idea de que tenemos unas ciertas convicciones previas sobre qué es correcto o incorrecto. Y propondrá Regan una serie de postulados que, en su opinión, deberemos aceptar como principios básicos por su superioridad frente a los de otras alternativas posibles para adecuarse a tales convicciones preliminares.

La teoría que formula y defiende Regan será lo que se denomina una teoría de los derechos prima facie. Este tipo de teorías son aquellas que sostienen que un derecho en principio no puede ser nunca vulnerado, a no ser que se dé una situación de conflicto entre el respeto que distintos derechos merecen, en la que respetar los derechos de alguien implica forzosamente vulnerar los de otro sujeto. (En tales casos de conflicto para Regan es preciso decantarse siempre por llegar a la solución que salvaguarde un derecho de más importancia; o, si la relevancia de todos los derechos implicados es la misma, la que salvaguarde el mayor número de derechos).

Afirma Regan que poseen derechos todos aquellos seres dotados de lo que denomina “valor inherente” (inherent value). E indica que lo que posibilita que posean tal valor será el hecho de que son lo que llama “sujetos de una vida” (subjects-of-a-life). Con tal término no se refiere Regan al mero hecho de estar vivo,[3] sino al de tener la posibilidad de poseer experiencias que hacen que la vida nos vaya mejor o peor –es lo que Regan llama la posesión de un “bien experiencial” (experiential welfare)–.[4] Una planta y un animal en estado de coma irreversible son seres vivos, pero no están conscientes; carecen de la capacidad de tener experiencias positivas y negativas, que es lo necesario para tener derechos. En relación a esto cita Regan una serie de requisitos que considera necesarios para ser un “sujeto de una vida”, entre los que incluye el hecho de poseer deseos, percepción, memoria, un sentido del futuro, una identidad psicofísica, una vida emocional ligada a sensaciones placenteras o de sufrimiento... [5]

Una crítica habitual a este respecto, común entre los defensores del especismo, consiste en indicar que sólo quienes puedan poseer deberes podrán disfrutar de derechos. La respuesta a tal objeción es que las capacidades necesarias para la posesión de derechos no coinciden con las que son necesarias para el reconocimiento y respeto de tales derechos. De acuerdo con esto distingue Regan entre agentes morales (los sujetos que pueden asumir responsabilidades) y pacientes morales (quienes no tienen la capacidad de hacerlo pero son, sin embargo, “sujetos de una vida”). Dado que tanto agentes como pacientes comparten las condiciones necesarias para la posesión de “valor inherente”, dirá Regan, estará fuera de lugar afimar que no puedan poseer derechos por igual.

Las consecuencias de todo esto se exponen en el último capítulo del libro, “Implicaciones de la perspectiva de los derechos”.[6] En este se muestra que de la argumentación anterior se infiere que el uso de animales resulta injustificable. Prácticas como su uso para la experimentación o la caza resultan así censuradas, y el vegetarianismo pasa a ser una obligación moral.

Además de las críticas de utilitaristas y otros consecuencialistas, la obra de Regan ha sido el blanco de otras objeciones de distinto corte. Se ha indicado que la idea de “valor inherente” viene a ser un mero recurso concebido por Regan que carece de un fundamento real constatable, lo que por extensión afectaría al resto de su teoría. Asimismo, se ha criticado por muchos de quienes se oponen a la discriminación o uso de los animales que los requisitos que Regan propone para ser “sujeto de una vida” son excesivamente estrictos. Parece que lo único necesario a tales efectos tendría que ser la posesión de experiencias positivas y negativas, independientemente de la posibilidad de tener, por ejemplo, memoria o un sentido del futuro. De hecho, Regan indica que su criterio sería cubierto, por lo menos, por los mamíferos de más de un año. Y Regan no niega que otros animales puedan también ser “sujetos de una vida”, pero parece que, al limitarse a aquellos a quienes se refiere, lo asume implícitamente, a pesar de que los argumentos fisiológicos, evolutivos y de conducta para afirmar la capacidad de sufrir y disfrutar es compartida por todos los vertebrados y un gran número de invertebrados. Esto será muy criticado por todos aquellos que planteen la necesidad de tener en cuenta a todos los animales sobre cuya capacidad de tener experiencias podemos tener algún [... falta texto...] Finalmente, se cuestionará el hecho de que su teoría favorece a los humanos sobre otros animales. El motivo es que Regan considerará que a pesar de que humanos y no humanos poseerán un derecho a la vida el de los humanos resultaría prioritario por el hecho de que la vida de estos, cree Regan, tiene mayor riqueza. La inconsistencia de su posición aquí es muy notable: si se acepta tal idea se ha de aceptar forzosamente, por pura lógica del argumento, que también el derecho a la vida de los humanos varía (de forma que será mayor el valor de la vida de aquellos humanos con más años de vida por delante o mayor capacidad para disfrutar esta). Sin embargo Regan no asume que el derecho a la vida de los humanos varíe por tales motivos. Tales posiciones son contradictorias: si la consideración por la vida puede variar en función de su riqueza ello tendrá que aplicarse tanto para no humanos como para humanos, si no es así no podrá aludirse a ello para discriminar a los animales no humanos. Lo contrario implica evidentemente asumir una posición especista.

Otras obras de Tom Regan relacionadas con el tema:

- All That Dwell Therein. Essays on Animal Rights and Environmental Ethics, University of California Press, Berkeley, 1982.
- The Struggle for Animal Rights, International Society for Animal Rights, Clarks Summit, 1987.
- Defending Animal Rights, University of Illinois Press, Chicago, 2001.
- Empty Cages: Facing the Challenge of Animal Rights, Rowman & Littlefield Publishers, Inc., Lanham, 2004.

Como coautor:

- Con Carl Cohen, The Animal Rights Debate, Rowman & Littlefield, Lanham, 2001

Como editor o coeditor:

- Animal Sacrifices: Religious Perspectives on the Use of Animals in Science, Temple University Press, Philadelphia, 1986.
- (Con Peter Singer) Animal Rights and Human Obligations, Prentice Halls, Englewood Cliffs, New Jersey, 1989.


Fuente: animanaturalis.org - Reseña del libro de Tom Regan (I)
Fuente: animanaturalis.org - Reseña del libro de Tom Regan (II)



NOTAS

RespuestasVeganas.Org: La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que se compartan todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista.

REFERENCIAS

[1] “Animal Awareness”, “The Complexity of Animal Awareness”, “Animal Welfare”.
[2] “Ethical Thinking and Theory”, “Indirect Duty Views”, “Direct Duty Views”.
[3] The Case for Animal Rights, p. 262.
[4] Ibid., p. 244-245.
[5] Ibid., p. 243.
[6] “Implications of the Right View”.


LIBRO:
Animal Liberation: A New Ethics for our Treatment of Animals (Peter Singer, 1975)

(Volver a LISTA: Libros en defensa de los animales no humanos)

Título en español: Liberación Animal
Información sobre el autor: Peter Singer

Singer, Peter, Animal Liberation: A New Ethics for our Treatment of Animals, New York: New York Review, 1975. xvii, 301 págs. ISBN 978-0-394-40096-9

RESEÑA DE DANIEL DORADO

En este libro, Singer argumenta que la sintiencia es el único criterio moralmente relevante, por lo cual es injusto discriminar a los animales en función de su especie. Describe la vida de los animales no humanos en granjas y laboratorios, infiriendo una defensa de la alimentación vegetariana. Mantiene que los animales incapaces de planificar su vida a largo plazo no tienen interés en vivir. Defiende la concepción agregacionista, conforme a la cual es aceptable sacrificar los intereses de un animal para evitar un daño mayor o para mejorar la situación de otros. Hay dos ediciones revisadas: Animal Liberation, 2nd ed., New York: New York Review of Books, 1990. xviii, 320 págs. ISBN 978-0-940322-00-4; y Animal Liberation, updated ed., New York: Harper Perennial, 2009. xiii, 311+32 págs. ISBN 978-0-06-171130-5. Ambas tienen traducción al español: Liberación animal, Madrid: Trotta, 1999. 336 págs. ISBN 978-84-8164-262-9; y Liberación animal, Madrid: Taurus, 2011. 384 págs. ISBN 978-84-306-0800-3.

Fuente: «La consideracion moral de los animales no humanos en los ultimos cuarenta años: una bibliografía anotada». Dorado, Daniel. Universidad Carlos III de Madrid, 2010.

RESEÑA DE LA WIKIPEDIA

«Liberación Animal» (publicado en inglés en 1975; edición española en 1999) ejerció una influencia decisiva en las organizaciones que luchan por los derechos de los animales. Singer acepta la justificación de la existencia de los derechos mediante la derivación de principios utilitaristas, en particular mediante la aplicación del principio de minimización del sufrimiento. Singer acepta que los derechos de los animales no coinciden con los derechos humanos, así escribe en Liberación Animal: "Sin duda existen diferencias importantes entre los humanos y otros animales, y éstas originarán diferencias en los derechos que poseen". Singer ve un paralelismo entre los derechos de los animales y los derechos de la mujer; así comienza esta obra con el análisis de una comparación realizada por Thomas Taylor contra Mary Wollstonecraft en el s. XVIII. Según Taylor, si el razonamiento de Wollstonecraft en defensa de los derechos de la mujer eran correctos, entonces también "las bestias" deberían poseer derechos. Taylor creyó haber reducido al absurdo la tesis de Wollstone. Singer ve en el análisis una implicación lógica; el modus tollens de Taylor es el modus ponens de Singer.

En «Liberación Animal» Singer se opone a lo que denomina especismo: «un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras». Defiende el derecho a una igual consideración de todos los seres capaces de sufrir. Así considera que conceder menor consideración a seres porque tengan alas o pelaje no es más justo que discriminar a alguien por el color de su piel. En concreto, expone que mientras que los animales dan muestra de menor inteligencia que el ser humano medio, muchos seres humanos con retraso mental grave muestran una inteligencia comparable a la animal, y que por ello la inteligencia no justifica que se otorgue menor consideración a los seres no humanos que a los humanos con retraso mental. Singer no condena especificamente que se utilicen animales para el consumo humano, siempre que los métodos que se utilicen para matarlos no conlleven ningún tipo de sufrimiento, pero concluye que la solución más práctica, para evitar controversias, es adoptar una dieta vegetariana o conforme al veganismo. Singer condena también la vivisección, aunque cree que algún experimento animal puede ser aceptable si el beneficio (traducido a mejora del tratamiento médico, etc.) supera al daño causado a los animales utilizados. Dado el carácter subjetivo del término "beneficio", ésta -y cualquier otra visión utilitarista- son objeto de controversia. No obstante Singer explicita qué seres humanos que sientan de forma parecida a los animales podrían ser objeto de experimentación si se aplica la regla de que el beneficio supere al sufrimiento. Así un mono y un bebé podrían ser igualmente utilizables para experimentos, desde un punto de vista moral y en igualdad de condiciones. Si realizar un experimento con un bebé no es justificable, Singer defiende que tampoco lo es con animales, en cuyo caso los investigadores deberían hacer sus experimentos haciendo simulaciones con ordenadores o mediante otros métodos. Respecto a la vivisección, la considera sólo ligeramente especista al tener en cuenta que la pertenencia a una misma especie puede ser causa justificable que lleve a la decisión de utilizar al animal no humano.

EXTRACTOS DEL LIBRO

A continuación publicamos el primer capítulo de su libro «Liberación Animal»:





NOTAS Y REFERENCIAS

RespuestasVeganas.Org: la publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que compartamos todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista por los Derechos de los Animales.

MÁS INFORMACIÓN

- dianoia.filosoficas.unam.mx - La argumentación de Singer en Liberación animal: concepciones normativas, interés en vivir y agregacionismo (Óscar Horta, 2011)
- en.wikipedia.org - Animal Liberation

BIBLIOGRAFÍA

- Singer, Peter. Liberación Animal. 1975.