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Comunidad moral y derechos animales (Steve F. Sapontzis, julio 1985)

Steve F. Sapontzis es profesor emérito de filosofía en la Universidad Estatal de California, East Bay, especializado en ética animal y ética ambiental. Es autor de «Morals, Reason, and Animals» (1987) y «Subjective Morals» (2011), y editor de «Food for Thought: The Debate over Eating Meat» (2004). Fue cofundador en 1984 de «Between the Species: A Journal of Ethics», y fundador de «Hayward Friends of Animals Humane Society». Sapontzis escribió el siguiente artículo titulado «Moral Community and Animal Rights», que fue publicado por la Prensa de la Universidad de Illinois en nombre de North American Philosophical Publications. Traducido por Igor Sanz.

La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente estar de acuerdo con todas y cada una de las ideas expresadas por su autor; sin embargo, considero interesante su publicación por la aportación que puede hacer al movimiento abolicionista por los Derechos Animales (derecho a la salud y a la vida).




En este artículo analizo tres posibles justificaciones de lo que creo sería la objeción básica contra extender los derechos morales a los seres nohumanos; "¡Pero sólo son animales!" Muchas personas que están bien informadas no sólo sobre los intereses físicos, sino también psicológicos y sociales de los animales, todavía se sienten justificadas en tratar a estos como recursos en beneficio de los intereses humanos. Esto se debe a que los animales carecen, supuestamente, de algún valor moral fundamental que exige respeto y no meramente un trato y muerte humanitarios.

Son tres las interpretaciones de ese algo moralmente significativo que quiero considerar aquí. Estas tres interpretaciones implican la idea de que sólo aquellos que participan en algún tipo de comunidad moral con nosotros pueden tener derechos morales frente a nosotros. Estas tres interpretaciones son las principales premisas de los siguientes argumentos en contra de los Derechos Animales:

A1: Sólo aquellos que respetan los derechos morales de otros pueden ser titulares de derechos morales. ("El requisito de reciprocidad").
A2: Los animales no pueden respetar los derechos morales.
A3: Por lo tanto, los animales no pueden ser titulares de derechos morales.[1]
B1: Sólo los agentes morales pueden ser titulares de derechos morales. ("El requisito de la agencia").
B2: Los animales no pueden ser agentes morales.
B3: Por lo tanto, los animales no pueden ser titulares de derechos morales.[2]
C1: Uno posee derechos morales frente a otros con base en su (capacidad para) las relaciones familiares, personales, políticas, económicas, etc. ("El requisito de las relaciones").
C2: Los animales no pueden entrar en tales relaciones con los seres humanos.
C3: Por lo tanto, los animales no pueden ser titulares de derechos morales frente a los seres humanos.[3]

Tomaré por partes cada uno de estos argumentos. Pero antes de hacerlo, quiero indicar brevemente en qué pienso que tratan los Derechos Animales para que quede claro lo que se ha dicho anteriormente. Creo que hablar de "liberar" a los animales y extender "derechos" morales hasta ellos se refiere a cambiar nuestra actitud de considerar a los animales como seres que deben ser tratados humanitariamente pero que son, sin embargo, fundamentalmente recursos para satisfacer los intereses humanos, por una actitud que considera a los animales como prójimos cuyo interés en una vida agradable y satisfactoria debe ser respetado y protegido en la manera en que son respetados y protegidos los intereses básicos humanos. Actualmente, los intereses básicos de los animales, por ejemplo, la vida y la libertad, se sacrifican rutinariamente para satisfacer los intereses humanos, algunos de los cuales, como la caza y la cocina de gourmet, por ejemplo, están lejos de ser básicos; el propósito principal de extender los derechos morales a los animales sería asegurar que sus intereses puedan ser sacrificados por el bien de los intereses humanos sólo en el tipo de situaciones y según los tipos de principios que justifican sacrificar los intereses de algunos humanos para satisfacer los intereses de otros.[4]

I. EL REQUISITO DE RECIPROCIDAD

Este requisito se basa en una interpretación de la correlación entre derechos y deberes. Esta interpretación es la número (3) de la famosa lista de W. D. Ross de posibles interpretaciones de esa correlación:

(3) Un derecho de A frente a B implica un deber de A hacia B... Lo que se entiende por (3) es que A tiene derecho a que un cierto acto hecho por B implica un deber de A de hacer otro acto hacia B, que puede ser un acto similar (como cuando el derecho de recibir la verdad implica el deber de decir la verdad) o un tipo diferente de acto (como cuando el derecho a ser obedecido implica el deber de gobernar correctamente).[5]

Cuando esta correlación se combina con la creencia común de que los animales son incapaces de reconocer y actuar sobre los deberes, rápidamente se deduce que los animales son incapaces de tener derechos morales.

La respuesta más obvia a este argumento es que nuestra práctica común demuestra que ser capaz de reconocer y actuar sobre los deberes no es una condición necesaria para tener derechos morales. Los bebés, los retrasados severos, las personas con daños cerebrales y los seniles no se consideran recursos para satisfacer los intereses de los seres humanos normales (a pesar de que podrían proporcionar material sobresaliente para la investigación médica). A pesar de su incapacidad para reconocer y actuar sobre sus deberes, sus intereses están protegidos por derechos morales.[6] ¿Cómo? Si bien este "argumento de los casos marginales" sugiere que el apego por nuestra especie es más fuerte que nuestro compromiso con el requisito de reciprocidad, no es particularmente revelador ni perspicaz.

No es particularmente revelador, porque casi todos los casos marginales pueden acomodarse fácil y razonablemente si hacemos la siguiente revisión de nuestra formulación del requisito de reciprocidad:

A1': Sólo aquellos que lo hacen, serán capaces de, están a un nivel límite capaz de, puedan o no volver a ser capaces de, respetar los derechos morales de los demás, pueden ser titulares de derechos morales.

Los restantes casos marginales, a saber, los retrasados severos, los retrasados incurables o los psicópatas de nacimiento, constituyen un grupo muy pequeño y aislado que puede ser tratado como "titulares de derechos honorarios" por deferencia a los sentimientos de afinidad con la especie que todos compartimos. Este trato especial hacia estos raros casos aislados no compromete el requisito de reciprocidad, ya que este requisito está destinado a casos comunes. Así como dar prioridad a las mujeres y los niños en los botes salvavidas no implica que tengan derechos superiores a los hombres, hacer que las personas extraordinarias sean titulares de derechos honoríficos no implica que el requisito de reciprocidad no se observe en situaciones normales. Los casos moralmente especiales son situaciones en las que nuestros principios morales comunes deben ser superados; en consecuencia, no podemos inferir a nuestra práctica casos tan especiales a lo que son nuestros principios morales comunes.

Este argumento de los casos marginales no es particularmente perspicaz porque no llega a comprender la razón por la cual el requisito de reciprocidad tiene un atractivo intuitivo. Creo que la razón detrás de esta apelación no es el prejuicio de la especie, sino una cuestión de equidad: que A tenga un derecho frente a B se correlaciona con que B tenga un deber hacia A; sería injusto que la libertad de B estuviera así restringida sin que la libertad de A también estuviera restringida de manera similar (o de otra manera apropiada). Por ejemplo, si A tiene derecho a los frutos de su trabajo, entonces B está obligado (ceteris paribus) a no entrar en el campo de A y coger su maíz. Sería manifiestamente injusto, pues, que A no estuviera obligado a respetar el derecho de B a los frutos de su trabajo y fuese libre de entrar en el campo de B y coger su maíz. Por lo tanto, la equidad, junto con el principio comúnmente aceptado de que "un derecho de A frente a B implica un deber de B hacia A", (1) en la lista de Ross), requiere que uno está obligado a respetar los derechos morales de otros sólo si estos están obligados a respetar sus derechos morales.

El talón de Aquiles de este argumento es que no puede proporcionar una base para las obligaciones de los poderosos hacia los débiles. El argumento supone que A es lo suficientemente poderoso como para interferir en el bienestar de B y que puede inhibir ese poder a cambio de que B inhiba su poder de interferir en el bienestar de A. Pero, ¿qué pasa si A es una persona ciega, enferma, desnutrida, tímida, delicada, pobre, ignorante, débil, bondadosa o incapaz de representar una amenaza para el bienestar de B? A través del intercambio no se puede obligar a B a inhibir su poder de interferir en el bienestar de A cuando A no tiene poder para interferir en el de B de forma que inhiba el suyo a cambio. Así, si la reciprocidad fuera una condición necesaria para tener derechos morales, los débiles estarían excluidos de tener derechos morales frente a los fuertes. El requisito de reciprocidad implica que sólo aquellos suficientemente fuertes como para constituir una amenaza para nosotros pueden obtener derechos morales frente a nosotros. Tal visión maquiavélica de los derechos morales encaja mal con nuestra moral común. Uno de los propósitos básicos de los derechos morales es proteger a los débiles de los fuertes, para que los débiles puedan tener una oportunidad justa de satisfacer sus intereses. En la medida en que una teoría de los derechos morales no puede proporcionar una base para esta función, seguramente es inadecuada, porque aquí no estamos discusión algunos casos marginales, sino un propósito primordial y predominante de los derechos morales.

Para remediar esta insuficiencia, podemos observar que así como existe una fuerte apelación intuitiva al requisito de reciprocidad, existe también una fuerte apelación intuitiva, otra vez basada en la equidad, por limitar la aplicación de ese requisito con requisitos diferentes para que A tenga derechos morales tanto frente a aquellos que son tan poderosos como él como frente a aquellos que son mucho más poderosos que él. Si A y B son igualmente poderosos, entonces si B renuncia a un poder sin una respuesta recíproca de A, estará en desventaja en la competencia por la satisfacción de intereses. La reciprocidad es necesaria aquí para prevenir la explotación y asegurar una especie de intuitiva igualdad de oportunidades. Sin embargo, cuando los débiles tratan con los fuertes, la situación se invierte. Para evitar que los fuertes exploten a los débiles y para asegurar que los débiles tengan una posibilidad justa de satisfacer sus intereses, lo que se requiere es que los fuertes inhiban su poder sobre los débiles y/o que los débiles tengan un poder adicional ante los fuertes. Otorgar derechos morales a los débiles, con deberes correlativos para los fuertes pero sin deberes correlativos para los débiles, ayudaría a lograr esto.

Si esta distinción es correcta y el requisito de reciprocidad no es aplicable a las relaciones entre los fuertes y los débiles, entonces el requisito de reciprocidad no se aplica a las relaciones generales entre humanos y animales, y, por tanto, no plantea en general un obstáculo para extender los derechos morales hasta ellos. Los seres humanos son mucho más poderosos que los animales. Ningún animal ataca o amenaza ordinariamente las vidas humanas; ningún animal amenaza ordinariamente con encerrarnos, tomar nuestro territorio, destruir nuestras sociedades, causarnos dolor o interferir en el cumplimiento de nuestros intereses básicos.[7] Por otra parte, rutinariamente les hacemos todas estas cosas a ellos. Por lo tanto, si la justicia es la meta, lo que se necesita no es que los animales acepten tratarnos "así como" los tratamos; lo que se necesita es protegerlos de la explotación humana. Extender los derechos morales a los animales ayudaría a lograr esto.

II. EL REQUISITO DE LA AGENCIA

Este requisito sostiene que sólo los agentes morales pueden ser titulares de derechos morales. "Tener derecho a" algo está en la misma familia que ser capaz de reclamar algo como "debido", estar "autorizado a" ello, estar "adeudado", "merecerlo", ser "digno de" ello y tenerlo "ganado". Estas frases sugieren que para tener derechos debemos pasar algo así como una prueba, lograr una cierta posición, o alcanzar un nivel cuya respuesta apropiada es el respeto. Podemos obtener el respeto personificado en los derechos morales sólo por ser agentes morales (capaces de ser), porque el respeto, que es el más alto de los reconocimientos morales, debe ser reservado al más alto de los valores, y como dijo Kant: "Ni en el mundo, ni, en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda considerarse como bueno sin restricción alguna, salvo una buena voluntad".[8]

Kant creía que al carecer los animales de razón práctica, eran meras criaturas de la naturaleza excluidas de la comunidad de agentes morales, o "reino de los fines", y que por lo tanto podían ser considerados como simples medios para la satisfacción humana. Otros han estado en desacuerdo: Hume pensó que era tan evidente que los animales tenían una razón práctica que declaró que sería ridículo dedicar tiempo a defender que la tienen[9]; Darwin pensó que los animales exhiben una gran variedad de virtudes, al menos algunas de las cuales los naturalistas contemporáneos también creen haber observado[10]; e incluso Harry Truman declaró: "Si quieres un verdadero amigo en esta vida, ¡hazte con un perro!". No es tan obvio por lo tanto que los animales no puedan cumplir con el requisito de la agencia. Sin embargo, puesto que yo y otros hemos discutido ampliamente en otras partes la capacidad de los animales para satisfacer este requisito[11], lo que quiero aquí es discutir el requisito de la agencia desde la misma perspectiva desde la cual consideramos el requisito de reciprocidad: lograr los objetivos de la moralidad.

La solución de este problema está ciertamente fuera de lugar aquí, pero se puede decir brevemente que sí se establece una presunción razonable contra el requisito de la agencia e indicar dónde recaería la carga de la prueba. Ya hemos señalado que proteger a los débiles y asegurar que todos tengan una oportunidad justa de satisfacer sus intereses son objetivos de la moral. Contrariamente a lo que mantenía Kant, minimizar el sufrimiento y aumentar el goce y la satisfacción son también objetivos de la moral común. Por último, promover y recompensar virtudes como la integridad, el coraje y la compasión son también objetivos de la moral común. La forma en que el requisito de la agencia afecta a estas tres familias de objetivos morales comunes dará una indicación sustancial de su valor moral.

El requisito de la agencia funciona directamente en la (capacidad de) promoción y recompensa de las virtudes: sólo los (potencialmente) virtuosos tendrán sus intereses protegidos por los derechos morales. Sin embargo, el cumplimiento de esta tercera familia de objetivos morales no requiere el requisito de la agencia, ya que a aquellos que son capaces de ser agentes morales puede reconocérseles un valor superior incluso si a aquellos que no son capaces de ser agentes morales se les otorgaran derechos morales. Aunque la liberación de los agentes no-morales (asumiendo que los animales lo son) prohibiría rutinariamente sacrificar sus intereses, no prohibiría dar prioridad al cumplimiento de los intereses de los agentes morales sobre el cumplimiento de los de los agentes no-morales en situaciones no rutinarias, como el tradicional ejemplo del "edificio en llamas". Dar a los agentes morales un lugar privilegiado en nuestra jerarquía de valores no tiene por qué implicar que se les extienda algo así como el derecho divino de los reyes para que puedan disponer de los agentes no-morales en la forma en que los siervos pueden ser dispuestos para el beneficio de sus amos. Al igual que los gobernantes de la República de Platón, los agentes morales pueden tener derecho y recibir los derechos y responsabilidades por los cuales sus talentos especiales los califican, sin alentarlos o incluso permitirlos ser tiranos sobre aquellos que no comparten sus talentos.

Intuitivamente, reducir al mínimo el sufrimiento y maximizar la felicidad de todos los seres con intereses debería lograrse más fácilmente rechazando los obstáculos a la consideración imparcial de los intereses de todos, y el requisito de la agencia lo es. Algunos filósofos se han preguntado si un cálculo utilitario neutro en cuanto a las especies realmente requeriría el fin de tratar a los animales como recursos[12]. Sin embargo, varios miles de millones de aves y mamíferos y trillones de peces son sacrificados anualmente sólo en los Estados Unidos, y en prácticamente todos los casos existen alternativas no-animales para satisfacer las necesidades humanas por las que estos animales pierden el resto de sus potenciales felices vidas. Estos hechos ponen la carga de la prueba directamente sobre los que se oponen a lo intuitivo y sostienen que la utilidad puede maximizarse tratando a los animales como recursos. Hasta la fecha, esta carga no se ha cumplido; de manera que podemos seguir nuestras intuiciones y concluir que las metas morales de la familia utilitaria se llevaría a cabo más eficazmente sin el requisito de la agencia.[13]

Del mismo modo, el objetivo de proteger a los débiles y dar todas las oportunidades justas de satisfacer sus intereses podría perseguirse más eficazmente extendiendo los derechos morales a todos los seres con intereses. Puesto que en este mundo los agentes claramente morales, es decir, los seres humanos, son mucho más poderosos que los agentes supuestamente no-morales, alentar a los agentes morales a considerar a los agentes no-morales como recursos exacerba más que corrige las disparidades de poder en nuestro mundo. De manera que, una vez más, los objetivos morales comunes podrían ser perseguidos más eficazmente rechazando el requisito de la agencia.

Podría contestarse que nuestro poder sobre los animales y nuestro consecuente uso de ellos para satisfacer nuestros intereses no constituyen una ventaja injusta que requiera corrección moral. Puesto que somos agentes morales y ellos no lo son, tenemos derecho a tener poder sobre ellos y ejercer ese poder (humanitariamente, por supuesto) a nuestro favor.

En respuesta, podemos notar que es bastante extraño decir que nuestra capacidad de juzgar y actuar desinteresadamente nos da derecho a ignorar con impunidad los intereses de los demás. Intuitivamente, el poder que los agentes morales deben tener y ejercer es el poder de llevar a cabo juicios morales y establecer el reino de la moral en el mundo. Una vez más, no es el poder del señor feudal para utilizar a los demás (humanitariamente, por supuesto) como le plazca, sino algo así como el poder restringido y contrabalanceado de los filósofos-reyes de Platón, que es el poder que corresponde a los agentes morales. Sólo la "voluntad santa" de Kant, un ser que no puede ser tentado o equivocado en la búsqueda del bien, es digno de tener y ejercer un poder desinhibido sobre los demás. En consecuencia, sigue siendo arbitrario que otros seres con intereses y tan débiles como para no poder proteger sus intereses sean rutinariamente sacrificados por nosotros. Con el fin de proporcionar a estos una oportunidad justa en la satisfacción de sus intereses, tenemos que inhibir, no racionalizar, nuestro auto-interesado ejercicio de poder. El requisito de la agencia es una de estas racionalizaciones.

Por lo tanto, ninguna de nuestras tres familias de metas morales comunes necesita el requisito de la agencia, y dos de ellas serían más fácilmente alcanzables sin ella. La tradición lingüística citada anteriormente en favor de este requisito es ligera en comparación con estas razones en su contra. Mientras que Kant ofrece un argumento sustantivo para tratar a todos los agentes morales como fines en sí mismos, simplemente presume que sólo los intereses de los agentes morales deben ser protegidos contra el sacrificio rutinario. A mi entender, nadie ha proporcionado una justificación sustantiva del requisito de la agencia. Esto puede deberse a la unión del atractivo intuitivo de la idea de que aquellos que han actuado inmoralmente merecen tener (algunos de) sus derechos arrebatados (al menos temporalmente) con la necesidad de distinguir claramente entre agentes inmorales y no-morales, dejando así el requisito de la agencia intuitivamente aceptable y no necesitado de una justificación adicional. Cualquiera que sea la razón de esta omisión, hasta que se presente una justificación sustantiva del requisito de la agencia, los argumentos que acabamos de desarrollar indican que ser (capaz de ser) un agente moral no debe ser un requisito para tener derechos morales.

III. EL REQUISITO DE LAS RELACIONES

Este requisito deriva de una de las objeciones tradicionales tanto al utilitarismo como al kantismo: el igualitarismo universal que profesan es a la vez infiel a la moral común y poco convincente como una meta para la reforma moral. En la moral común no estamos obligados a dar igual consideración a todos. No sólo se nos permite, sino que incluso se nos exige a dar prioridad a los intereses de nuestros familiares, amigos, colegas y compatriotas, y un mundo en el cual estos compromisos no igualitarios fueron suprimidos no se vería mejorado, sino empobrecido. En consecuencia, una teoría moral basada en la imparcialidad universal será artificial y poco convincente. Los derechos morales y las responsabilidades no se basan en principios abstractos, sino en nuestra convivencia, en las relaciones familiares, personales, políticas, económicas, etc., y, en general, en la vida del otro. De ello se desprende que, puesto que los animales no pueden entrar en estas relaciones con nosotros, no sólo estamos justificados en dar prioridad al cumplimiento de los intereses humanos, sino incluso obligados a hacerlo.

Una respuesta obvia a este argumento es que es posible tener relaciones personales, familiares y cuasi económicas con animales, y aunque las relaciones más profundas que podamos tener con los humanos justificarían, según esta teoría, dar prioridad a la satisfacción de los intereses humanos, no justificaría que tratemos a los animales como recursos para la satisfacción humana. Esto se debe a que, como ya hemos visto, hay formas de dar prioridad al cumplimiento de los intereses humanos sin aprobar el sacrificio rutinario de los intereses animales. En consecuencia, más que una justificación para priorizar la satisfacción de los intereses humanos es necesaria una justificación para privar de derechos morales a los animales, especialmente cuando, como ya hemos visto, los objetivos morales comunes serían más fácilmente alcanzables mediante la extensión de los derechos morales a los animales.

Una respuesta más fundamental al argumento del requisito de las relaciones es que es tan erróneo respecto a la moral común como lo es el igualitarismo abstracto. Una de las funciones primarias de la moralidad, especialmente de los derechos morales, es inhibir el favoritismo basado en las relaciones familiares, personales, etc. Para lograr esto, hemos desarrollado una familia de imperativos morales de "justicia ciega": "toma un punto de vista desinteresado", "da igual consideración a todos los involucrados", "trata de universalizar tus acciones", "ignora (como si estuvieras detrás de un 'velo de la ignorancia') las diferencias individuales", y así sucesivamente. Esta familia de imperativos morales forma parte de la moral común tanto como dar prioridad a las relacionales anotadas arriba. Por ejemplo, si bien un padre está justificado en dar prioridad a la satisfacción de los intereses de su hijo, no estaría justificado de hacerlo robándole la comida a otro niño necesitado, esclavizando a un extraño o matando a un competidor comercial. Un padre incluso puede ser moralmente criticado por usar su ingreso discrecional para comprar lujos para su hijo mientras no contribuye nada para ayudar a los niños hambrientos de otras partes del mundo. Por lo tanto, además de los derechos y responsabilidades relacionales, la moral común también contiene derechos y responsabilidades igualitarias, con los cuales se contrabalancea a los primeros restringiendo las maneras en que se pueden seguir las prioridades relacionales, imponiéndonos obligaciones imparciales, requiriéndonos una apreciación desinteresada de nuestros juicios sobre lo que es correcto, y así sucesivamente.

Los defensores del requisito de las relaciones tratan de incorporar a su teoría principios igualitarios comunes afirmando que estos principios se basan en la capacidad que los seres humanos tienen para entrar en relaciones personales, políticas, etc. con cualesquiera otros seres humano y en el hecho de que hoy tenemos relaciones políticas y económicas con personas de todo el mundo. De estas dos maneras formamos una comunidad humana global que, según se afirma, es la que crea los derechos y responsabilidades morales que tenemos frente y hacia todos los humanos, pero, por supuesto, no hacia los animales, que carecen de esta capacidad y no son socios de nuestra política y economía global.

Este análisis no suena verdadero, sencillamente. Cuando contribuyo a las obras benéficas que ayudan a los niños hambrientos de Asia o me niego a comprar productos hechos en Sudáfrica, no es en absoluto porque los niños asiáticos o los negros sudafricanos sean socios míos en una economía global o porque puedo llegar a tener relaciones personales o políticas con ellos. Contribuyo y boicoteo porque reconozco una necesidad que puedo ayudar a satisfacer y una injusticia que puedo ayudar a combatir. En la medida en que existe un sentido de comunidad subyacente a mis acciones, no es una comunidad política, económica o lingüística, sino más bien una sensación de que todos somos seres vulnerables y sufrientes y que debemos ayudarnos los unos a otros. No es ser parte de una comunidad global lo que crea nuestras obligaciones morales para todos los seres humanos; más bien es el hecho de sentir que "todos estamos en el mismo barco" y estamos moralmente ligados entre nosotros lo que nos da una sensación de ser parte de una comunidad global, moral. Así, a nivel global, la teoría de las relaciones tiene puesta la relación entre la moral y la comunidad al revés. En consecuencia, no logra incorporar los principios igualitarios comunes que contrarrestan nuestras prioridades familiares, políticas, etc.

Si nuestro sentido de una comunidad moral global deriva de nuestra capacidad para movernos y sentirnos obligados a ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás, entonces que los animales no puedan entrar plenamente en las relaciones familiares, económicas, etc., no les excluye de entrar con nosotros en una comunidad moral global y beneficiarse de tener derechos morales frente nosotros. Sería nuestra incapacidad de sentirnos movidos y obligados a ayudar a aliviar el sufrimiento de los animales lo que impediría extender los derechos morales sobre los animales en base a este tipo de comunidad. Sin embargo, la existencia del movimiento por los Derechos Animales demuestra que sí somos capaces de movernos y sentirnos obligados.

El tejido de la moral común es un tejido de fuerzas contrarias; los argumentos en favor de los Derechos Animales no tienen por qué negar esto ni tampoco tratar de hacer que la moral común sea más simple de lo que es. Esto se debe a que lo que se busca para los animales son los mismos derechos morales básicos contra el sacrificio rutinario de los intereses que ya disfrutan los seres humanos. Si la igualdad y las prioridades pueden entretejerse para formar una moral viable cuando se trata de relaciones inter-humanas, también pueden hacerlo cuando se trata de relaciones entre humanos y animales. Tal vez la llamada de Peter Singer a la "igual consideración de intereses"[14] ha causado malentendidos sobre este punto. Sin embargo, si recordamos que frases tales como "todos los hombres son creados iguales", "igualdad ante la ley" e "igualdad de oportunidades para todos" se han convertido en una parte estándar de nuestra tradición moral sin negar que "la caridad comienza en casa" y similares prioridades tradicionales, tal malentendido debería simplemente desaparecer.

IV. CONCLUSIÓN

No se puede negar que por las razones citadas en apoyo de los requisitos de reciprocidad, agencia y relaciones, los animales no pueden entrar plenamente en la comunidad que los seres humanos disfrutan entre sí. Sin embargo, que esta incapacidad justifique tratar a los animales como recursos para la satisfacción humana no es ni evidente ni se establece a partir de los argumentos ofrecidos hasta la fecha para esa inferencia. Los argumentos ofrecidos aquí no demuestran que esa inferencia no pudiera estar justificada, pero creo que sí demuestran que hasta que tal justificación sea proporcionada (si es que lo es alguna vez), tal inferencia debe ser rechazada.

La mayoría de las personas, incluidos los filósofos, parecen sentir que estamos obviamente justificados en sacrificar a los animales como recursos para la satisfacción humana y, en consecuencia, que pedir que sean liberados de ese trato debe estar equivocado. Los argumentos contra los Derechos Animales son intentos por justificar ese sentimiento. Los argumentos de este artículo han tratado de combatir ese sentimiento no sólo criticando las justificaciones propuestas para él sino también subrayando que la liberación de los animales al menos al menos sugiere una fuerte variedad de preocupaciones morales que también tienen un fuerte atractivo intuitivo. Para terminar, quisiera citar algunas frases de William James que creo expresan el sentimiento que motiva a los defensores de los Derechos Animales: "Tomemos cualquier demanda, por mínima que sea, planteada por cualquier criatura, por débil que sea. ¿Acaso no debería ser satisfecha, meramente en virtud de sí misma? En caso contrario, demuéstrese por qué no."[15]


REFERENCIAS

[1] Véase Richard A. Watson, "Self-Consciousness and the Rights of Nonhuman Animals and Nature," Environmental Ethics, vol. 1 (1979), pp. 088-129; y L. B. Cebik, "Can Animals Have Rights? No and Yes," The Philosophical Forum, vol. 12 (1981), pp. 251-68.
[2] Véase Bonnie Steinbock, "Speciesism and the Idea of Equality," Philosophy, vol 53 (1978), pp. 249-56. John Rawls sugiere un requisito de agencia para seres "con derecho a igual justicia" en Sección 77, "The Basis of Equality," of A Theory of Justice (Cambridge: Harvard University Press, 1971).
[3] Cora Diamond, "Eating Meat and Eating People," Philosophy, vol 53 (1978), pp. 465-79, y Leslie Francis and Richard Norman, "Some Animals Are More Equal than Others," Philosophy, vol 53 (1978), pp. 501-21.
[4] P tiene interés en X si, y sólo si, X afecta (afectará, afectaría) a los sentimientos de bienestar de P. "Sentimientos de bienestar" se refiere al placer y al dolor, a sentirse bien y sentirse mal, a la alegría y la depresión, a la satisfacción y la frustración, y a muchos otros sentimientos que contribuyen o detraen el disfrute o la satisfacción en la vida. En este artículo, como en toda la literatura sobre los Derechos Animales, "animal" se refiere a todos los seres nohumanos con intereses y sólo a ellos, lo cual es ciertamente un uso más limitado del término que el entendimiento biológico. Véase mi "The Moral Significance of Interests", Environmental Ethics, vol. 345-58, y "Interests and Animals, Needs and Language", Ethics and Animals, vol. 4 (1983), pp. 38-49.
[5] The Right and the Good (Oxford: The Clarendon Press, 1930), p. 48.
[6] Algunos filósofos afirman que los niños y las personas marginales no tienen derechos morales; Véase, por ejemplo, H. L. A. Hart, "Are There Any Natural Rights?", The Philosophical Review, vol. 64 (1955), pp. Sin embargo, estos filósofos no estarían de acuerdo en que los niños y las personas marginales puedan sacrificarse rutinariamente como recursos para satisfacer los intereses de los seres humanos normales. En consecuencia, desde la perspectiva de lo que los defensores de los Derechos Animales están buscando para los animales, estos filósofos están extendiendo los derechos morales a los niños y a las personas marginales; la diferencia aquí es meramente terminológica.
[7] El hecho de que algunos animales amenacen ocasionalmente los intereses humanos no puede ser utilizado como una objeción en la consideración de los animales como demasiado débiles para ser considerados bajo los requisitos para los derechos y obligaciones morales entre los igual de poderosos. Los argumentos marginales del caso no son más reveladores contra los animales que contra ellos.
[8] Foundations of the Metaphysics of Morals, tr. Lewis White Beck (Indianapolis: Bobbs-Merrill, 1959), p. 9.
[9] A Treatise of Human Nature, ed. L. A. Selby-Bigge (Oxford: The Clarendon Press, 1888), p. 176.
[10] Véase Chapters III and IV of Darwin's The Descent of Man y los estudios etológicos citados en Mary Midgley, Beast and Man (Ithaca; Cornell University Press, 1978).
[11] Véase Mary Midgley, Beast and Man, mi "Are Animals Moral Beings?," American Philosophical Quarterly, vol 17 (1980), pp. 45-52, Stephen R. L. Clark, The Nature of the Beast (Oxford: Oxford University Press, 1982), y Lawrence E. Johnson, "Can Animals Be Moral Agents?," Ethics and Animals, vol 4 (1983), pp. 50-61.
[12] Véase, por ejemplo, R. G. Frey, Rights, Killing and Suffering (Oxford: Blackwell, 1983), pp. 197-203.
[13] La única respuesta plausible hasta ahora a estos hechos es el llamado "argumento de sustitución": los animales sacrificados son reemplazados por animales criados sólo para ese propósito; de esta manera, la masacre no causa una pérdida de felicidad en el mundo animal. Dado que este argumento ha sido debidamente refutado en otra parte, no lo trataré aquí. Véase mi "On Being Morally Expendable", Ethics and Animals vol. 3 (1982), pp. 58-72, y George P. Cave, "On the Irreplaceability of Animal Life", Evelyn B. Pluhar, "On Replaceability", y James E. White, "Are Sentient Beings Replaceable?", all in Ethics and Animals, vol 3 (1982), pp. 91-117.
[14] Véase Chapter 1, "All Animals Are Equal," of his Animal Liberation (New York: Avon Books, 1975).
[15] Essays in Pragmatism, ed. A. Castell (New York: Hafner Publishing Co., 1948), p. 73.


Activista destacado: Steve F. Sapontzis

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Steve F. Sapontzis es un académico que ha realizado importantes contribuciones filosóficas al colocar a los animales no humanos en un marco ético.

Sapontzis es el autor de Morals, Reason and Animals (Morales, Razón y Animales) en 1987 y editor de Food for Thought: the Debate Over Eating Meat (Alimento para la reflexión: el Debate acerca de comer carne) en 2004.

Desde 1984, ha sido co-editor de Between the Species: A Journal of Ethics (Entre las Especies: un Diario de Ética). Fue miembro del consejo de asesores de redacción de American Philosophical Quarterly (Publicación trimestral filosófica estadounidense) de 1991 a 1994, y miembro del comité de investigación para bienestar animal del Lawrence Berkeley Laboratory (California), de 1986 a 1990. Además, fue beneficiario del National Endowment for the Humanities en 1976 y del American Council of Learned Societies en 1988. Sus membrecías incluyen la American Philosophical Association, la Society for the Study of Ethics and Animals (consejo de directores, 1984), la American Society for Value Inquiry y la International Society for Environmental Ethics.

RESEÑAS SOBRE PUBLICACIONES DE STEVE F. SAPONTZIS

Entre los libros de Steve Sapontzis cabe destacar Morals, Reason and Animals, uno de los clásicos en la consideración ética hacia los animales, en el que argumenta entre muchas otras cosas por qué las capacidades intelectuales no son lo que determina que alguien deba ser éticamente considerado.

Asimismo, entre sus otras muchas publicaciones cabe destacar su artículo “Predation”, publicado originalmente en 1984 en la revista Ethics and Animals. “Predation” hace una aproximación filosófica a un tema que está recibiendo una atención creciente. “La depredación” apareció publicado en 2012 el número especial de Télos sobre ética y animales.

Morals, Reason, and Animals (1987) [1]

En esta obra, Sapontzis argumenta que poseer capacidades cognitivas complejas es innecesario para ser agente moral, que hay animales que son agentes morales, y que existe una continuidad entre humanos y animales en lo relativo a la moral. Argumenta que los animales pueden ser considerados agentes virtuosos. Señala varios motivos para respetar los intereses de los animales: desarrollar nuestra personalidad moral, reducir el sufrimiento, y hacer del mundo un lugar más justo. Critica argumentos empleados en defensa del uso de animales, y considera que están basados en que solamente los humanos son racionales, planteamiento rechazable porque la racionalidad humana no es un criterio necesario para ser éticamente considerable. Defiende que todos los animales sintientes deben ser éticamente considerables. Analiza el problema del desvalor existente en la depredación, y llega a la conclusión de que debemos intervenir para evitarla cuando, al hacerlo, no ocasionemos tanto o más sufrimiento del que prevengamos. En la reseña «Un clásico de la ética animal, Morals, reason and animals, 30 años después» puede conocerse mucho más sobre este importante libro.




Entrevista a Steve F. Sapontzis (abolitionist-online.com, enero 2011)

Steve F. Sapontzis es un académico que ha realizado importantes contribuciones filosóficas al colocar a los animales en un marco ético.

Sapontzis es el autor de Morals, Reason and Animals (Morales, Razón y Animales) en 1987 y editor de Food for Thought: the Debate Over Eating Meat (Alimento para la reflexión: el Debate acerca de comer carne) en 2004. Desde 1984, ha sido co-editor de Between the Species: A Journal of Ethics (Entre las Especies: un Diario de Ética). Fue miembro del consejo de asesores de redacción de American Philosophical Quarterly (Publicación trimestral filosófica estadounidense) de 1991 a 1994, y miembro del comité de investigación para bienestar animal del Lawrence Berkeley Laboratory (California), de 1986 a 1990. Además, fue beneficiario del National Endowment for the Humanities en 1976 y del American Council of Learned Societies en 1988. Sus membrecías incluyen la American Philosophical Association, la Society for the Study of Ethics and Animals (consejo de directores, 1984), la American Society for Value Inquiry y la International Society for Environmental Ethics.

A continuación publicamos una entrevista realizada a Sapontzis por Claudette Vaughan en enero de 2011.



¿Cuál es su opinión acerca de los “derechos de personalidad” para los animales?

“Derechos de personalidad” es una frase que puede ser, y ha sido, interpretada en sentidos muy diferentes. Si pensamos en las personas como aquellos cuyos intereses no debemos rutinariamente sacrificar en beneficio de otros (para usar categorías del tipo kantiano), entonces, considero que podríamos cumplir con la obligación moral básica de hacer del mundo un mejor lugar al extender los derechos de personalidad a todos los animales, ya que, de esta manera, reduciríamos el sufrimiento (tanto el dolor como la pérdida) que traemos al mundo. Esto significa, obviamente, pensar en los “derechos de personalidad” como protecciones de intereses.

A veces, sin embargo, los filósofos consideran a los “derechos de personalidad” en referencia a poderes que facilitan nuestro logro de aquello que queremos y elegimos. Por ejemplo, un propietario tiene el derecho de elegir vender su propiedad. Dada la gran variedad de habilidades para elegir entre los animales, probablemente, hay en forma similar gran variedad de maneras y aéreas en las cuales tales derechos facilitadores serían y no serían relevantes para los animales. También es una realidad de los niños y los denominados humanos adultos “marginales”.

Finalmente, los “derechos de personalidad” pueden hacer referencia a los denominados “derechos humanos básicos” o “derechos civiles” que los humanos debemos ostentar para sentirnos, como dijo Joel Feinberg, iguales a otras personas. Esta no es una categoría tan diferente de derechos como una importante función psicológica que funciona para nosotros para ser reconocidos y protegidos como más que un mero medio y como un ser que puede realizar sus propias decisiones. No es claro si o en qué medida los diferentes animales sienten y necesitan ser vistos y, más importante tal vez, considerarse a sí mismos, como un igual (en sentido de “tan bueno como” o “tan valioso como”) a los humanos o cualquier otro animal. Esta puede ser una función de “derechos de las personalidad” que sólo necesitan los humanos para satisfacer nuestros egos, dada nuestra larga historia de discriminación, subyugación, esclavitud, castas, aristocracias de nacimiento o riqueza, etc., entre nosotros mismos.

Usted ha identificado dos tipos de “personalidades” –moral y metafísica-, ninguna de las dos necesariamente en el sentido legal. Descríbanos sus diferencias.

Metafísicamente, “persona” se refiere a todos aquellos que son Homo Sapiens y solamente a ellos. “Persona” es, en este sentido, sólo otro nombre para el ser humano y si algo es una “persona” en este sentido es un hecho que puede ser determinado genéticamente. Esta es la razón por la cual la mayoría de las personas que se oponen al aborto fijan al momento de la concepción como el comienzo de la vida humana, de ahí (así lo consideran) la existencia de una persona.

Moralmente, “persona” es un término que ha sido utilizado para designar seres con almas, y el significado moral de tener un alma es que le da el derecho a uno a algo similar al respeto debido a Dios, ya que el alma es una “chispa” de divinidad. Este uso de la palabra obviamente se da en las moralidades religiosas, este grupo no necesita incluir a todos los seres humanos. Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, teólogo oficial de la Iglesia Católica, no creía que el alma entrara al feto en desarrollo hasta un mes o dos luego de la concepción. En éticas racionalistas, “persona” se refiere a todos los seres racionales, y el significado moral de ser racional es que es una condición necesaria para ser un agente moral. Han existido varios criterios para determinar quién es y quién no es racional. Algunas veces, el estándar parece ser que uno es capaz de reconocer y elegir entre distintos cursos de acción posibles para lograr algunos propósitos, como oposición a ser dominado por el instinto de actuar “ciegamente” de sólo una manera. Esta es, usualmente, la idea de la personalidad en interés personal progresista y filosofías morales utilitarias. Alternativamente, en la Grecia clásica y familias Kantianas de filosofías morales, “personas” son aquellos que son capaces de reconocer y ser guiados por leyes morales o valores imparciales, tales como la equidad y la justicia. Usar “persona” en cualquiera de estos sentidos racionalistas designa un grupo que no necesita incluir a todos o sólo a los seres humanos.

Cualquiera sea el criterio para la personalidad moral, el significado moral de conocer aquellos criterios es que los propios intereses son protegidos contra el sacrificio rutinario para el beneficio de otros y el logro de aquellos intereses puede también ser facilitado al dar a uno poderes para ejercitarlos en busca de las propias necesidades, deseos o elecciones. Así, moralmente “personalidad” no designa tanto un grupo sino que confiere un estatus: en toda moralidad, las “personas” son aquellas que tienen el estatus más elevado; son aquellos cuyos intereses deben ser protegidos y fomentados por los valores morales, principios, reglas, juicios, guías, etc. El criterio antropocéntrico más amplio para tener este estatus es la personalidad metafísica, en cuyo caso todos y sólo los seres humanos son moralmente personas. Sin embargo, expresado tan incorrectamente, ese criterio parece arbitrario; de manera que, frecuentemente es, por lo menos, aumentado por un criterio racionalista, que tiene alguna obvia y sustantiva relevancia para los valores morales. El problema entonces, se convierte en falta de inclusión de algunos humanos que no califican como personas morales. El criterio moralmente relevante más amplio y obvio para la personalidad moral es que cualquier ser con intereses que pueden ser protegidos o favorecidos por la moralidad tienen este estatus. Este criterio haría la categoría de personalidad moral más inclusiva que la personalidad metafísica, ya que muchos animales tienen intereses que se pueden beneficiar mediante protección moral y facilitación, y aun también más limitada, ya que algunos seres humanos carecen de intereses, por ejemplo, aquellos con muerte cerebral o embriones.

Finalmente, tal vez debido a la identificación tradicional de la moral con personalidad metafísica en las moralidades tradicionales occidentales, los filósofos han tendido a tratar la personalidad moral como una situación de todo o nada. Sin embargo, esa no es la forma en la cual la práctica moral común asigna ese estatus en triaje, situaciones desesperantes de supervivencia, e incluso en situaciones ordinarias que involucran intereses y elecciones de niños, los ancianos y los enfermos. Por ejemplo, los niños son moralmente personas, pero su autonomía se circunscribe en formas en las cuales las personas adultas moralmente no deberían estar.

¿En qué grado usted ve al activismo vegano como la más prometedora solución para la crueldad animal institucionalizada?

Si el “activismo vegano” se refiere a tales actividades como robar animales de granja y sabotear granjas industrializadas, creo que tal activismo tendrá poco efecto positivo. En el área del uso de animales en laboratorios, tales actividades han tenido poco impacto positivo, y no conozco razones para creer que el impacto sería mejor en el área de la ganadería. Tales actividades de liberación son particularmente gratificantes, tanto para aquellos involucrados en ellas y para los abogados defensores de animales que llevan estos casos. Así, ellos levantan la moral y, por supuesto, alivian el sufrimiento de los animales liberados, pero también ellos producen contrapesos negativos, tales como reacciones públicas violentas, multas y prisión.

Si el “activismo vegano” incluye educar con énfasis al público acerca del sufrimiento animal institucionalizado y las virtudes, tanto humanas como en la salud, de un dieta vegana, eso puede ser muy positivo. En la pequeña ciudad costera en la cual vivo, la barbacoa anual de salmón es un gran evento. Este año, se invito a la escuela de cocina Living Light para ofrecer una alternativa vegana del salmón. Era deliciosa, y tuvieron una respuesta muy positiva a su comida y al material promocional que también ofrecían. Muchas escuelas públicas en Estados Unidos están tomando consciencia acerca de las dietas debido a la epidemia de obesidad entre nuestros niños, y a que, junto con las necesidades de educación humana, puede ofrecer oportunidades para el activismo vegano en la educación. Tal activismo no es tan rápido, claro o gratificante como liberar animales, pero no genera aquellos efectos negativos y puede tener mayor impacto positivo.

¿Cuál es su opinión acerca de la “matanza humanizada”?

Cuando animales sanos, cuyas perspectivas incluyen la posibilidad de vidas que son valiosas, son asesinados, entonces, ellos sufren la pérdida de esas perspectivas, aún si no sufren dolor o ansiedad en el proceso de matanza. Por ello, la matanza masiva o “sacrificio” de animales para comida siempre implica sufrimiento masivo. Si la frase “matanza humanizada” supone indicar un proceso de matanza sin sufrimiento, es una etiqueta falsa.

Además, por lo que he leído, creo que la matanza de grandes números de animales siempre implica un importante sufrimiento de ansiedad y dolor. Consecuentemente, si la matanza “humanizada” significa matanza masiva de animales sin causarles sufrimiento, no existe tal cosa.

Aún si la matanza “humanizada” significara matanza con un mínimo sufrimiento de ansiedad o dolor, aun así no existe tal cosa, debido a que la matanza masiva de animales es dirigida como una empresa comercial, de manera que el sufrimiento nunca es simplemente minimizado; más bien, será minimizado a lo sumo al grado en el cual no interfiera demasiado con la maximización de beneficios.

Finalmente, aun si “sacrificio” se refiere a la matanza de un solo animal -como la “matanza de un cordero para Pascuas”- la ansiedad o el dolor sufrido por el animal asesinado y/o los otros animales conscientes de la matanza no es simplemente minimizado en la “matanza humanizada”, más bien, es minimizado dentro de los límites de cuánta molestia está dispuesto a ocasionarse el granjero/estanciero. Supongo que jamás ha existido un granjero/estanciero que haya ido al límite de la imaginación para minimizar ese sufrimiento -por ejemplo, colocar una droga en la comida del animal para poder acercársele sigilosamente mientras dormía profundamente y lo matara con una bala en la nuca con un arma con silenciador.

Entonces, mi opinión acerca de la “matanza humanizada” es que es una etiqueta a la que se aferran aquellos que desean comer carne para minimizar su incomodidad acerca del sufrimiento que ellos hacen que se ocasione a los animales con el fin de satisfacer ese deseo.

¿Tener intereses y tener derechos es lo mismo?

Tener intereses y tener derechos definitivamente no es lo mismo, aunque lo primero es una condición necesaria para lo último.

Tener un interés en X se refiere al hecho de que X será una influencia para los sentimientos positivos y negativos de uno. Por ejemplo, las personas tienen un interés en el agua, ya que nos sentimos mejor o peor según cuánta tenemos que tomar; sin embargo, aunque incluso los árboles necesitan agua para sobrevivir, ellos no tienen un interés en esta, ya que no tienen sentimientos.

Tener un derecho a X se refiere a una protección moral o legal o facilitación del interés de uno en X. Por ejemplo, puedo tener un interés en cortar un gran pino ya que me impide la vista al océano desde mi casa y eso me molesta. Si el pino me pertenece, entonces tengo un derecho legal de propiedad para cortarlo, pero si le pertenece a mi vecino, no tengo tal derecho que facilite la satisfacción de mi interés -debo pedirle a mi vecino si me permitiría cortar el árbol. A la inversa, el interés de mi vecino de tener el árbol debido a que su sombra le otorga alivio del sol está protegido por su derecho legal de propiedad como propietario del árbol. Los derechos morales funcionan para proteger y facilitar intereses, pero están impuestos, no por la policía, tribunales y otros organismos de sistemas legales. Más bien, están impuestos por la educación moral, la conciencia, la aprobación y condena pública, instituciones religiosas (en algunos casos) y otros elementos de moralidad.

La idea acerca de que tener un interés es suficiente para generar un derecho a que ese interés sea satisfecho puede parecer atractiva, pero no es para nada práctica. A menudo, los intereses entran en conflicto, como el interés de Joe en que el árbol provea sombra y el interés de Sue en eliminar al árbol para mejorar su vista al océano. Si todo interés generara un derecho, habría millares de derechos en conflicto, y ¿a qué apelaríamos para resolver tales conflictos?

Generalmente, apelamos a los derechos para resolver conflictos de intereses -tal como a quién le pertenece el árbol- pero cuando los derechos entran en conflicto enfrentamos dilemas morales o legales en los cuales debemos intentar crear compromisos que equilibren intereses en conflicto. A medida que tales situaciones de derechos en conflicto se vuelvan comunes, la utilidad de derechos en el razonamiento moral o legal será socavada; consecuentemente, es preferible reservar los derechos para ciertos intereses, por ejemplo, vida, libertad y otros intereses dominantes, y para establecer un marco confiable para satisfacer y facilitar intereses con los que todos (más o menos) podemos contar, por ejemplo, propiedad y derechos de ciudadanía.

¿Es posible tener un derecho moral a algo que influya en nuestros intereses pero al cual ignoremos?

Una de las más importantes de las obligaciones morales es ser honrado, y esta se encuentra relacionada con tener un derecho moral a ser tratado honradamente. Consecuentemente, si alguien nos roba una herencia, nuestro derecho de ser tratado honradamente ha sido violado aun si no tenemos conocimiento de la herencia. Similarmente, si existe un derecho a algo como un medioambiente saludable, este incluiría muchos factores que la mayoría de las personas y tal vez todos los animales desconocen, por ejemplo, comunidades bióticas interdependientes y niveles saludables de una amplia variedad de químicos en el agua, aire y alimentos.

Uno puede tener un interés en algo sin mostrar interés en esto, por ejemplo, la cantidad de vitamina A en la propia dieta. Son los intereses que tenemos los que reparan la función de proteger o facilitar derechos, razón por la cual los niños pueden tenerlos. Es por ello que mostrar interés en algo no es condición necesaria para tener un derecho a eso.

¿Cómo va a continuar el movimiento por los derechos de los animales en, digamos, una década o dos?

Desafortunadamente, vivo en un país que está lejos de ser moral o socialmente progresivo en comparación con muchas otras sociedades tecnológicamente avanzadas. Mi impresión es que al menos en Estados Unidos, los derechos de los animales no es más el foco de energía y actividad organizada que fue en los ‘70 y en los ‘80. California se acaba de convertir en el tercer estado en establecer algunos límites humanitarios a la crianza industrializada de animales, pero esto deja cuarenta y siete estados más y tales límites están lejos de reconocer que los animales tienen “derechos”. Mi impresión es que, actualmente, hay muchas menos protestas contra el uso de animales en laboratorios, para abrigos de pieles, etc.; al menos tales eventos de “movimiento masivo” no aparecen a menudo en periódicos o noticieros.

El debate filosófico acerca de los derechos de los animales ha seguido bastante su curso. Los diversos fundamentos en pro y en contra para tales derechos han sido extensamente desarrollados y publicados. Quedan cursos universitarios que discuten el tema, y eso es muy importante, ya que siempre hay una nueva generación para hacerla pensar acerca de estos asuntos, pero no se han abierto demasiados nuevos caminos aquí.

Cambiar la ley para extender derechos a los animales parece, de todas maneras, estar avanzando, más notablemente con recientes desarrollos en España en relación a grandes primates. Aun así, la mayoría de los cambios legales en ayuda a los animales ahora parecen estar en el área de bienestar animal -por ejemplo, límites al sufrimiento que los animales soportan en el uso que hacemos de ellos- más que en el área de los derechos de los animales, por ejemplo, reconocer que los intereses de los animales no deben ser rutinariamente sacrificados para satisfacer intereses humanos.

Generalmente, creo que el “movimiento” de los ’70 y los ’80 se está convirtiendo de una fuerza social y moral y una conciencia unificadas a una floja asociación de grupos dedicados a ayudar animales en áreas específicas de preocupación para ellos. Estos grupos comparten preocupación ferviente por la situación apremiante de los animales y buena voluntad de trabajar incansablemente para beneficiar a los animales; incluso pueden emplear la retórica de los derechos de los animales; pero el alcance con el que están dispuestos a adoptar las preocupaciones mutuas e incluso a coordinar sus esfuerzos debe ser trabajado caso por caso.

En Morals, Reason and Animals (Morales, Razón y Animales), ¿qué identificó acerca de qué significa liberar animales?

Liberar animales significa reducir -y finalmente eliminar- nuestra impresión de que los animales son solamente un recurso para ser usado para satisfacer necesidades, faltas y deseos humanos. Como con cualquier movimiento moral, lo que se necesita es cambiar las actitudes de aquellos en el poder, de manera que cesarán de ejercer ese poder de maneras adversas al bienestar de aquellos sin poder e incluso lo ejercerán de maneras que benefician aquellos con menos poder. De esta manera, liberar animales implica cambiar actitudes del ser humano hacia los animales, y por lo tanto, liberarlos de nuestra explotación.

¿Liberar animales implica cambiar el paradigma legal de “cosa” a propiedad o hay un requisito humanista que se necesita para cambiar la falta de consideración moral de las personas hacia los animales para que tengan el derecho a la vida?

Las personas quieren que se maten animales para satisfacer intereses humanos en una amplia variedad de formas, y dudo que eso alguna vez vaya a cesar. Afortunadamente, los intereses de los animales de tener una mejor calidad de vida pueden ser protegidos y facilitados incluso cuando su interés por la vida no lo es. Esa es la razón por la cual las personas pueden reconocer que los animales sufren y pueden sentir que ese sufrimiento es algo malo que no debe ser totalmente ignorado. Códigos legales que restrinjan, prohíban y castiguen la negligencia, abuso y crueldad hacia los animales abundan incluso en lugares en los cuales no se les reconocen derechos a los animales ni son reconocidos más que como propiedad o recursos naturales que pueden ser manejados para beneficio humano. Por supuesto, tales códigos no alcanzan su objetivo de proteger y facilitar el cumplimiento de los intereses de los animales por los que abogamos aquellos de nosotros que estamos a favor de los derechos de los animales, pero sí muestran que extender un derecho legal a la vida hacia los animales no es una condición necesaria en lo absoluto para la protección legal de sus intereses.

Creo que lo más importante para mejorar el trato humano hacia los animales, incluidas nuestras leyes referidas a esos tratos, es (primero) alentar el desarrollo de nuestra habilidad para sentir empatía por otros y (segundo) ser conscientes de los sentimientos de los animales de manera de poder sentir empatía por ellos y, de esa forma, que esa empatía nos pueda motivar a actuar en formas en que no sacrifiquemos animales en la búsqueda egocéntrica de nuestros propios intereses.

¿Deben hacerse investigaciones sólo con aquellos que prestan su consentimiento, ya que los animales no humanos no consienten?

Si la falta de consentimiento de posibles sujetos para investigación excluiría la investigación, incluso si la falta de consentimiento se debe a la inhabilidad del sujeto para consentir, esto excluiría la investigación sobre rocas, plantas y embriones, y niños, al igual que sobre animales. La idea detrás del requisito del consentimiento informado es que nadie con intereses debe sacrificar esos intereses en investigaciones a menos que estén dispuestos a que eso suceda. Al tratar con sujetos para investigación con intereses pero que son incapaces de entender cómo la investigación impactará en los mismos -por ejemplo, niños pequeños- se busca el consentimiento de alguien -como un padre- que puede entender ese impacto y que tiene el mejor interés en el sujeto de la investigación. Lo mismo puede realizarse con animales, algunas investigaciones que incluyen animales no provocan daños a sus intereses, de manera que un guardián preocupado podría prestar consentimiento por ellos para que participen de estas. Por ejemplo, por años en los laboratorios Lawrence Berkeley, se mantenían varias cabras para proveer sangre para algunos proyectos de investigación. Las cabras proveían pequeñas cantidades de sangre un par de veces al año, y a cambio de eso eran alimentadas y protegidas, recibían excelente cuidado veterinario y tenían una ladera segura para recorrer a lo largo del año. Esas cabras vivieron mucho más que la vida promedio de una cabra. Desafortunadamente, muy pocas de las investigaciones realizadas en animales son tan benignas. Eso es de esperar debido a que la razón principal para realizar investigaciones en animales es que no sería ético realizar tales cosas sobre humanos, y ningún humano consentiría deliberadamente ser el sujeto de tales investigaciones dañinas. Entonces, aunque no toda investigación sobre animales sería eliminada por respeto a sus intereses, la mayoría lo sería.

¿Que podría ser logrado por el movimiento de liberación animal dentro de un tiempo razonable a partir de hoy?

En este momento, hay una confluencia de eventos y causas a partir de los cuales los animales se pueden beneficiar, y los abogados defensores de animales pueden trabajar para ver que es así. La preocupación por el calentamiento global está ganando impulso, creando una audiencia receptiva de la situación apremiante de los animales -como el oso polar- que son adversamente afectados por este calentamiento. La preocupación por preservar especies en peligro permanece fuerte, y el reconocimiento de la importancia de hábitat para mantener especies está creciendo. Los abogados defensores de animales pueden trabajar con ambientalistas para ayudar a los animales desde este punto. La preocupación por la obesidad en sociedades tecnológicamente avanzadas otorga una oportunidad de reducir la demanda de carne y productos lácteos, por lo tanto ayudar a los animales de granja. La urbanización creciente de poblaciones humanas puede ayudar a los animales, ya que quienes viven en la ciudad tradicionalmente ha tenido más empatía hacia los animales. La recesión global también puede reducir la demanda de carne durante los próximos años; este puede ser un buen momento para presionar por restricciones humanas en la crianza industrializada. La expansión de la población humana es la amenaza principal para los animales: con la elección de un Presidente de los Estados Unidos a favor del aborto, las restricciones que la administración Bush impuso al control de nacimientos debe ser levantada. Los abogados defensores de animales pueden ayudarlos colaborando con los esfuerzos por el control de nacimientos humanos. En Estados Unidos, tal vez en cualquier otro lugar también, hay números crecientes de personas para las cuales sus mascotas son sus familias. Este vínculo crecientemente más profundo con animales de compañía otorga oportunidades para reforzar leyes para protegerlos, que pueden ser utilizadas para expandir la protección hacia otros animales.

En los ‘70 y ‘80 existía entre los abogados defensores de animales la sensación de que era inminente un cambio dominante y fundamental en las actitudes sociales similar a aquel de los derechos civiles y movimientos de liberación de las mujeres. Eso no ocurrió, ni existe ningún signo de que esté ocurriendo. Las oportunidades de ayudar a los animales ahora son mas dispersas, modestas y dependientes de las preocupaciones sociales que no son directas o limitadas a mejorar la situación apremiante de los animales. Eso es desalentador, pero también es alentador, ya que significa que existe una gran variedad de oportunidades para todo aquel que quiere ayudar a los animales para elegir aquellas áreas en las cuales se sienta más fuerte y realizar algunas mejoras reales y prácticas para los animales en esa área.


Traducción: Lorena Gabanini para especismocero.org
Fuente: especismocero.org - Entrevista a Steve Sapontzis
Fuente original: abolitionist-online.com - Morals, reason and animals



NOTAS

RespuestasVeganas.Org: La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que compartamos todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista por los Derechos de los Animales.