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Inglés y especismo (Joan Dunayer, 2003)

Joan Dunayer es escritora, editora y defensora de los Derechos de los animales. Graduada en la Universidad de Princeton, con estudios de literatura inglesa, educación inglesa y psicología.

Joan Dunayer es una escritora cuyas publicaciones incluyen artículos sobre los derechos lingüísticos y de los animales. Su trabajo ha aparecido en diarios, revistas, libros de texto universitarios ingleses. Es la autora de Animal Equality: Language and Liberation (Igualdad Animal: Lenguaje y Liberación) (Derwood, Maryland: Ryce Publishing, 2001, distribuido por Lantern Books), el primer libro sobre el especismo y el lenguaje.



El uso estándar del inglés perpetúa el especismo, que es el hecho de no otorgar a los animales no humanos igual consideración y respeto que los animales humanos. Como el racismo o el sexismo, el especismo es una forma de perjuicio, en parte, por sesgar la información transmitida, y utilizar engañosas palabras. Sin embargo, mientras los insultos racistas pueden ser censurados, la gente usa con regularidad, y no se dan cuenta, el especismo en el lenguaje. A diferencia de lenguaje sexista, el lenguaje especista sigue siendo socialmente aceptable, incluso a las personas que se ven a sí mismos como progresistas. El Especismo impregna nuestro lenguaje, tanto el lenguaje formal como el no formal. Teniendo en cuenta la difícil situación de los animales no humanos, en palabras de la poeta feminista Adrienne Rich con las cuales se describe una verdad absoluta “Este es el lenguaje del opresor”.

El uso del lenguaje especista, denigra a los animales no humanos. Por ejemplo, denominando a los no-humanos como “cosas” no teniendo en cuenta su genero o grupo al que pertenece como si fueran cosas inanimadas. Refiriéndose a ellos como “algo” (en lugar de “alguien”) elimina la sensibilidad y la individualidad. El especismo en su estado más puro contempla a una persona con parálisis cerebral como “quien”, pero un cerdo con plenas facultades y consciente de sí mismo y de su entorno como “eso” o “aquello”.

El uso actual promueve una falsa dicotomía entre humanos y no humanos. Léxicos separados sugieren comportamientos y atributos opuestos. Nosotros comemos, pero los animales no humanos ingieren alimentos. Una mujer está embarazada o amamanta a su bebé, un mamífero no humano gesta o ingiere mecanizadamente leche. Un ser humano muerto es un cadáver, pero un muerto no humano es sencillamente una carcasa o un pedazo de carne inerte.

El habla cotidiana niega cualquier parentesco entre humanos y no humanos. No somos animales, primates o monos. Cuando hablamos de animales, etiquetamos tal que así a los animales no humanos, tachándolos de “inferiores” y “sub-humanos”. Cuando leemos la definición de humano en un diccionario, se exagera la condición humana y las características típicas de los humanos (como la capacidad verbal), identificándolas como característica de superioridad y en especial la característica de inteligencia superior.

Los epítetos referidos a los animales no humanos, son claramente insultos de los humanos, ya que en ellos se invoca un desprecio claro por otras especies: ratas, gusanos, víboras, gansos. La palabra animal en sí misma transmite oprobio o vergüenza . La palabra humano, por el contrario, significa todo lo que vale la pena. Al igual que la observación de que una mujer tiene “la mente de un hombre”(como otorgándole el valor de la inteligencia a la mujer referida con dicha expresión), el comentario de que un no-humano es “casi humano”, se supone que es una alabanza. Las dos tienen toques claramente condescendientes.

Mientras se hace un alarde de “bondad humana”, nuestra especie trata a los no humanos con extrema injusticia y crueldad. Directa o indirectamente, la mayoría de los seres humanos participan habitualmente en hacer un daño innecesario a los animales, especialmente el cautiverio al que son sometidos para su posterior matanza. Mientras que el verdadero vegetarianismo (veganismo) promueve la salud humana y la longevidad, el consumo de los alimentos derivados de animales genera enfermedades potencialmente mortales, como la enfermedad cardiaca, el cáncer y el endurecimiento de las arterias. Sin embargo, nuestro lenguaje sugiere que los humanos tienen que comer los productos de los organismos no humanos. Como si tuvieran dientes y el tracto digestivo de un carnívoro, situándonos de una manera irreflexiva en la premisa de un cliché “en la parte más alta de la cadena alimentaria”.

Para los especistas, la matanza innecesaria es un asesinato si la víctima es humana. En las granjas industriales, el especismo está institucionalizado, y los animales no humanos son literalmente esclavos: son sometidos a la servidumbre como propiedad. Pero poca gente habla de la esclavitud “no humana”. Muchos de los que fácilmente condenan la victimización de personas como actos “atroces” o un “mal” total contra los humanos, usan el lenguaje moralista y sensacionalista con el añadido del mensaje emocional cuando se aplica a las atrocidades contra los humanos pero no contra los no-humanos. Ellos prefieren la explotación de los no humanos y el asesinato en términos culinarios, recreativos u otras formas. De esa manera evitan reconocer la inmoralidad de estos actos en sí mismos

Entre otros, los vivisectores nazis utilizaron el lenguaje cuantitativo de la experimentación para los humanos, así como los no humanos, la vivisección. Los dueños de esclavos han usado el lenguaje económico de la agricultura para la esclavitud de los no humanos y humanos. ¿Por qué es un lenguaje tan moralmente inaceptable, considerado ofensivo y grotesco, sólo con respecto a las víctimas humanas?

Los medios de comunicación rara vez reconocen el sufrimiento no humano. Solamente reconoce las palabras trágico o terrible cuando se refiere a conceptos humanos. Cuando miles vacas en EE.UU, perecen por el calor y la falta de agua, encerrados sin espacio, en tierras secas y áridas, la prensa se refiere al caso como perdidas “sufridas” por sus esclavistas.

Menospreciar las palabras, no minimiza el sufrimiento y la muerte de los animales no humanos. Como se expresó en una revista de Nueva York en su artículo “antiviseccionistas”, “donde se oponía a las pruebas en cualquier criatura, incluso un ratón.” La palabra ” incluso”aún considera que la sensibilidad e importancia del ratón está por debajo de los seres humanos”. No hay ninguna razón para creer que la experiencia del ratón ante el dolor sea menos dolorosa o que el ratón sienta de una manera menos aguda ante esa crueldad, o que su vida tenga menos consideración que la humana, pero el uso de el lenguaje que se utiliza le saca toda la consideración moral que puede llevar implícita.¿ A quién le importa si millones de ratones y las ratas son viviseccionadas cada año? Son “sólo roedores”. ¿Qué importa si miles de millones de pollos viven en la miseria hasta que mueren tras sufrir un incalculable dolor y miedo? Son “sólo pollos.”

En el mundo ficticio de especismo, los no humanos, de buena gana participar en su propia victimización. “Dan” su vida voluntariamente para la vivisección y la industria alimentaria.

Más allá de desmentir la victimización de los animales no humanos, el lenguaje de la explotación especista no atribuye un sentido y una importancia a la vida de los animales no humanos. Ellos son “cultivos”, “stock”, “trofeos” de caza, y “herramientas” de la vivisección .

Etiquetados y categorizados desde su nacimiento para la explotación, no implica otra cosa más que los seres no humanos existen para nuestro uso. Etiquetar a un animal no humano como objeto de producción para piel. Los animales de circo, como los tigres que saltan por un aro o el oso bailarín, son etiquetados como animales circenses. Este juego de palabras hace que la privación de libertad que existe o la coerción que se realiza sobre estos seres desaparezca.

La maldad sin duda es fuente de eufemismos. Durante milenios, el especismo ha compilado un volumen considerable de ellos. Las sanciones en la gestión de la vida salvaje y natural han sido burocratizadas cuando se trata de matar a seres no humanos libres y salvajes.

La industria peletera y la industria porcina, sirven como palabras código para referirse a lo que realmente se intenta ocultar cuando se habla de piel y carne. La palabra domesticación sirve como palabra para ocultar el sometimiento, la cría forzada y la esclavitud.

Para darle un toque de glamour, se utilizan las palabras positivas, disimulando la manipulación despiadada de los seres humanos en la genética de otras especies. Caballos utilizados para las carreras son denominados “pura sangre”.

Sin embargo, los afectados con discapacidades, los que no son perros criados por humanos para sus fines y catalogados como “pura sangre”, aunque fueran más aptos por el factor de ser de raza mixta, son considerados “mestizos y perros callejeros”.

Con la cortesía de auto-descripción, los seres humanos se exoneran del delito. La industria alimentaria es la causante de la esclavitud y el sufrimiento que causa una masacre y muerte de una magnitud colosal. Sin embargo, los consumidores de carne, huevos y leche no humana se cuentan entre los “amantes de los animales.”

En la actualidad, el lenguaje engañoso legitima y encubre el abuso institucionalizado de los animales no humanos. Con palabras honestas e imparciales, que puede conceder la libertad y el respeto que les pertenecen legítimamente.


Fuente: defensavegana.com.ar - “Inglés y Especismo/ English and Speciesism” by Joan Dunayer

Este artículo a sido traducido por la Coordinación Institucional bajo expresa autorización de su autor: Joan Dunayer.

Fuente original: aliberation.vegaplanet.org - “English and Speciesism”

El artículo apareció en: English Today, Vol. 19, No. 1 (2003), Cambridge University Press. Lantern Books.

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NOTAS

RespuestasVeganas.Org: La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que compartamos todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista por los Derechos de los Animales.

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Sirviendo el abuso: promocionado alimentos derivados de animales (Joan Dunayer, octubre 2006)

Joan Dunayer es autora de Animal Equality: Language and Liberation (2001) y Speciesism (2004). Artículo publicado en la revista Satya Magazine. Traducido por Igualdad Animal. Se permite la reproducción de esta traducción siempre que se indique la autoría.


En Febrero de 2006 la Sociedad Humanitaria de Estados Unidos pidió públicamente a la Casa Blanca que "utilizasen huevos camperos en vez de los abusivos huevos de jaulas de batería" para su panecillo de Semana Santa anual. La mayoría de lectores encontrarán, espero, que la petición es tan tonta como moralmente sesgada. Los huevos camperos también son productos del abuso. Los huevos artificales podrían emplearse fácilmente. De forma menos obvia quizás, pedir a los consumidores que compren huevos camperos en vez de huevos de batería va también desencaminado. Emplear huevos como comida es tan innecesario como utilizarlos para jugar, hay alternativas ya disponibles que no provienen de animales. Los activistas que promueven huevos camperos buscan mitigar el intenso sufrimiento de las gallinas de la industria del huevo causando un cambio en el número de huevos de jaulas ante el de gallinas no enjauladas. Sin embargo, apoyar cualquier forma de explotación especista es contraproducente y moralmente erróneo.

Las campañas a favor de los huevos que no provienen de jaulas, la "carne compasiva", u otros alimentos derivados de animales requieren tiempo, energía y fondos que estarían mejor empleados en la promoción del veganismo. Incrementar el porcentaje de veganos reduce el número de gallinas que sufren en la industria del huevo; también debilita a todas las industrias basadas en la explotación especista. Pedir a la gente cambiar de huevos de batería a huevos camperos no hace nada de lo anterior. Marginaliza en cambio al veganismo al implicar que evitar los huevos es difícil o imposible, demasiado como para esperarlo. Algunos activistas promueven el veganismo y los alimentos derivados de animales. Con una mano dan y con la otra quitan. Deberíamos promocionar sólo el veganismo, siempre.

Además de estar fuera de lugar, centrarse en los métodos de confinamiento es demasiado estrecho. La sociedad se ve animada a pensar que el problema son las jaulas, los cajones o alguna otra práctica de "ganadería". La explotación en sí misma sigue sin ser cuestionada. Los "bienestaristas" afirman que una gallina preferiría no estar en una jaula que estar enjaulada. Por supuesto. Pero una gallina no puede comprender toda la escena. Nosotros podemos. Una gallina quiere lo que es mejor para sí misma. Queremos lo que es mejor para todos los animales en el tiempo. Si nos centramos en un abuso particularmente grave tras otro, estamos caminando sobre una rueda de molino. No nos acercamos a la emancipación de los no-humanos. Para conseguir un progreso real, necesitamos afrontar la causa de todos los abusos: especismo. Promover huevos que no sean de jaula, o cualquier otro alimento no-vegano, perpetúa el especismo en vez de combatirlo porque legitima la explotación especista. Toda esa explotación es abuso.

El apoyo a productos tales como los huevos camperos, pavos camperos y ternera alimentada con pastos sugiere falsamente que estos productos no son crueles. La mayoría de la producción de huevos camperos implica el asesinato masivo de pollos macho. A las gallinas camperas habitualmente se les amputa el pico, son intensamente hacinadas, rodeadas de suciedad, se les niega cuidado veterinario, les dan poco o ningún acceso a los exteriores (los "exteriores" a menudo no son más que un corral pequeño y embarrado) y son matadas cuando su puesta de huevos desciende. Incluso en su forma menos cruel, la esclavitud de la industria alimentaria y la matanza implica sufrimiento creado por humanos. Las incesantes manipulaciones genéticas afligen a pollos, pavos, cerdos y otros animales criados por comida con deformidades que les dejan tullidos y con otras discapacidades. En varios grados, todos los cautivos de la industria alimentaria experimentan privación, todos ellos se ven negados de sus entornos naturales, actividades y relaciones. La cría de animales para comida es inherentemente cruel.

Muchos no veganos están dispuestos a creer que los alimentos derivados de animales pueden ser compasivos. En una encuesta de Zogby America de 1.204 adultos norteamericanos, el 81% de los participantes indicaron que estarían dispuestos a pagar más por huevos de gallinas mantenidas bajo mejores condiciones. Cuando los individuos que se llaman a sí mismos defensores animales promueven un producto -ya lo etiqueten como "compasivo" o "humano" o no- gran parte del público concluye que el producto está prácticamente libre de crueldad. La gente comprensiblemente (pero de forma errónea) asume "Los defensores de los animales no apoyarían algo cruel". En un artículo de Julio de 2006 sobre las elecciones alimentarias, la periodista del Washington Post Candy Sagon escribió "Nota para PETA: No te preocupes. No podía vivir con la culpa. Terminé comprando los huevos marrones de gallinas camperas felices." ¿Qué ha pasado cuando la gente asocia PETA con gallinas explotadas "felices"? Un artículo titulado "Consumidores de carne sin la culpa" por el escritor Tamar Haspel, apareció en el Washington Post de Agosto de 2006. "El Ganado" no necesita sufrir, sostiene Haspel. La gente "con una preocupación por los animales" puede, con la conciencia limpia, comer los restos de animales que fueron "bien tratados". Gracias al "porcino campero" la gente "puede tener una alta moral y el corte de porcino". En realidad, sólo el veganismo es compasivo. Ése es el mensaje que necesitamos comunicar.

Apoyar cualquier alimento no vegano niega el principio básico de los derechos animales: los demás animales no son nuestros para explotarles. La "ganadería" viola los derechos no-humanos más básicos, sus derechos a la vida y libertad. "Por supuesto, todavía tienes que matarlos" dice Haspel de los cerdos criados para matanza. Nada por qué preocuparse. "Incluso el defensor de los derechos animales de la línea dura, Peter Singer" no lo desaprueba. Como Haspen indica, Singer aprueba la cría y matanza de animales para comida si han tenido vidas apacibles y han sido matados rápidamente y sin dolor. En otras palabras, dar al esclavo una vida feliz, y cuando quieras, terminar esa vida feliz. Singer cree que la esclavitud y matanza pueden ser apropiadas para los animales no-humanos. ¿Cuán poco respeto indica eso? De acuerdo con Singer, la mayoría de animales -muchos mamíferos y todos los que no son mamíferos- son, como expresa en su libro Ética Práctica "reemplazables". Ellos "no cumplen los requisitos para tener derecho a la vida". Esa postura desde luego no pertenece a los derechos animales. Pero no es extraño que Haspel y mucha otra gente confunda el "bienestarismo" de Singer con los derechos animales. Muchos grupos e individuos se llaman a sí mismos de "derechos animales" incluso cuando recomiendan diferentes métodos de "alojamiento" y matanza. La antítesis de los derechos animales, la "ganadería" es profundamente especista y totalmente injusta. Aceptar (ya sea explícitamente o implícitamente) cualquier explotación especista impide el movimiento hacia la emancipación de los no-humanos; socava los esfuerzos para convencer a la gente de que la esclavitud de los no-humanos es inmoral.

Los "bienestaristas" a menudo acusan a los defensores de los derechos animales de ser insensibles al sufrimiento de los no-humanos. Nada podría estar más alejado de la verdad. Los defensores de los derechos animales comprenden que todos los cautivos de la industria alimentaria carecen de un bienestar genuino. Los animales son considerados como dispensadores de huevos, leche o carne y son tratados acordemente -como cosas, no como personas. Con el "bienestarismo" el sufrimiento sigue y sigue y continúa incrementando. Necesitamos hablar y actuar en modos que demuestren y exijan total respeto por los animales no-humanos. Sólo tal respeto puede reducir de forma máxima, y terminar finalmente, el sufrimiento masivo.


Fuente: IgualdadAnimal.org - Sirviendo el abuso: promocionado alimentos derivados de animales
Fuente original: satyamag.com - Serving Abuse: Promoting Animal-Derived Food

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NOTAS

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Los peces y la industria cárnica (Joan Dunayer, primavera 2003)

Joan Dunayer es escritora, editora y defensora de los Derechos de los animales. Graduada en la Universidad de Princeton, con estudios de literatura inglesa, educación inglesa y psicología.


En parte porque piensan en los peces como seres insensibles, mucha gente que por lo demás, evita comer carne, continua comiendo carne de peces e incluso se llaman así mismos vegetarianos. Bioquímica y estructuralmente el sistema nervioso de los peces es muy parecido al nuestro. Los peces poseen abundantes receptores de dolor y producen sustancias químicas conocidas por combatir el dolor y el miedo. Cuando se hieren, ellos se retuercen, jadean y muestran otras señales de sufrimiento. Cada año, la industria de carne de los EE.UU. causa que miles de millones de peces sufran y mueran.

Los pescadores comerciales de EE.UU. informaron de una captura en 2001 de más de 360 millones de kilos. Esta cifra no incluye los miles de millones de peces no deseados que también fueron también capturados.

Largos sedales son usados para capturar grandes peces tales como atunes, tiburones y peces espada. Un barco con largos sedales desenrolla hasta 74 kilómetros de hilo llenos de cientos de anzuelos con cebos. Algunos de estos pescadores no recogen sus sedales durante durante más de 20 horas, por eso, los peces capturados con el anzuelo pueden quedar empalados durante casi un día entero. Muchos de estos peces que se tragan el cebo tienen clavados el anzuelo en sus estómagos; cuando ellos luchan, el anzuelo rasga sus entrañas.

En la pesca con redes, mallas de nylon como cortinas se suspenden hasta una profundidad de 3 a 12 metros. Las redes varían desde varios cientos de metros hasta 74 kilómetros de largo. Los peces nadan dentro de la red que no pueden ver. A no ser que sean más pequeños que el tamaño de la malla, no llegarán más lejos de espetar sus cabezas en ella. Cuando ellos intentan volver atrás, la red los captura por sus agallas o aletas. Muchos de ellos se ahogan. Otros luchan tanto en la cortante malla que se desangran hasta morir, hayan conseguido o no liberarse. Los peces atrapados en una red que no es tendida diariamente, pueden sobrevivir durante días, muriendo lentamente. Cuando son echados a la borda, muchos peces -asediados por pulgas- ya no tienen agallas, aletas u ojos. Muchos están muertos, comidos por ellas.

En todo el mundo, decenas de miles de barcos practican la pesca de arrastre. En dicha práctica, un barco en movimiento arrastra una enorme red en forma de embudo las profundidades del agua. El remolcador fuerza a todos los peces que entran en la red hacia el final cerrado. Cualquier pez más grande que los agujeros de la red es capturado. Todos los peces que están en la red son estrujados y golpeados con cualquier roca y detrito oceánicos, frecuentemente durante varias horas. Revolcados y arrastrados, los peces se chocan los unos contra los otros. Con frencuencia, sus escamas y piel son arañadas. El pesquero de arrastre también aplasta, entierra y (al remover los sedimentos) ahoga peces y otros animales en el suelo del océano.

La pesca de arrastre saca peces desde una profundidad sustancial. Según cae en picado la presión del agua, el volumen de gas en la vejiga de aire de un pez aumenta más rápidamente de lo que la corriente sanguínea puede absorber. Esto causa una insoportable descompresión. Sus órganos pueden tener hemorragias por la presión interna tan intensa que, frecuentemente, rompe la vejiga de aire de un pez, les saltan los ojos de sus órbitas, y saca hacia fuera sus esófagos y estómagos a través de la boca. La recogida de una red de arrastre produce normalmente una gran espuma de burbujas porque las vejigas de miles de peces se han roto.

En la cubierta del remolcador, los peces más pequeños son vertidos sobre hielo picado; la mayoría se asfixian o son aplastados hasta morir por las capas de peces que los siguen. Los peces más grandes se revuelven sobre la cubierta. Peces de todos los tamaños son apuñalados con cañas cortas con punta y arrojados en pilas separadas por especies. Después tendrán sus gargantas y tripas rajadas. Si están aún conscientes y sus tripas son rajadas antes que sus gargantas, sienten un fuerte dolor. Mutilados, muriendo o ya muertos, aquellos peces que no eran el objetivo de la captura son arrojados al mar de nuevo, normalmente con arpones.

Con mayor frecuencia, la carne de pez comprada por los consumidores proviene de cría en cautividad en vez de peces capturados. Millones de salmones son criados en EE.UU. para su matanza. Bajo circunstancias naturales, ellos emigrarían. En cautividad, son confinados en jaulas atestadas que colocan en aguas costeras. El agua en las jaulas, rápidamente, se infecta con desperdicios y alimentos podridos y suelen carecer de suficiente oxígeno. Debido al hacinamiento y suciedad, las infecciones y las infestaciones de parásitos plagan a los peces criados intensivamente, cuyos síntomas incluyen hemorragias dispersas; agallas rojas, hinchadas y supurantes; piel, cola y aletas erosionadas; y degeneración de órganos internos. Cincuenta o más piojos pueden habitar desde la cabeza hasta la cola en un salmón encerrado y comer la carne del salmón. Los peces afligidos se arañan ellos mismos contra sus jaulas en un esfuerzo inútil de aliviarse de la intensa irritación.

Antes de la matanza, los salmones son sometidos a hambruna durante al menos una semana porque el hambre disminuye las heces y la grasa corporal. En la matanza son vertidos en agua con dióxido de carbono, lo cual es muy doloroso de respirar. El dióxido de carbono los paraliza, pero la mayoría de ellos aún están conscientes cuando sus agallas son cortadas para que sangren.

Las operaciones de confinamiento de EE.UU. actualmente tienen a cientos de millones de truchas, principalmente de truchas arcoiris. La mayoría son mantenidas en bateas poco profundas. Normalmente, cinco o más truchas de un pie de largo tienen 30 cm cúbicos de espacio. El hacinamiento y la contaminación reduce el porcentaje de oxígeno en el agua, así que las truchas confinadas frecuentemente se agrupan -jadeando-en la entrada de los tubos o en la superficie del agua, donde los niveles de oxígeno son más altos.

Como los salmones, las truchas son sometidas a hambruna antes de la masacre, frecuentemente durante dos semanas. Ellas no perderán demasiado peso durante ese tiempo, por lo que, desde la perspectiva de la industria se preguntan: ¿por qué gastar dinero en darles de comer? En la matanza, las truchas son arrojadas en una mezcla de agua y hielo. Luchando por respirar, ellas sufren hasta que la falta de oxígeno las deja inconscientes en unos 10 minutos. La mezcla es drenada de agua, y las truchas se asfixian. En 2001, los matarifes de EEUU mataron aproximadamente 42 millones de truchas.

Actualmente, unos tres mil millones de peces gato viven en instalaciones de confinamiento de EE.UU. bajo hacinamientos intensivo. La mayoría son mantenidos en estanques. En un estanque típico, un pez gato de 37,5 centímetros de largo tiene 30 cm cúbicos de espacio. Incluso aunque las comidas comerciales para peces gato son tratados con antibióticos y otras drogas son añadidas al agua, un alto porcentaje de peces gato mueren de enfermedades.

Antes de que los peces gato sean llevados en camiones para ser matados, les son denegados los alimentos durante varios días, de modo que produzcan menos gasto y no vomiten durante el transporte. Los peces gato viajan en tanques tan masificados que tres peces de 30 centímetros pueden tener tan sólo en cuatro litros y medio de agua. En la ruta, muchos de ellos mueren por falta de oxígeno.

En el matadero, los peces gato pueden ser confinados en cubas durante días -todavía sin comida- antes de que la matanza comience. Generalmente, los peces gato son paralizados por una descarga eléctrica que se envía a través del agua de sus contenedores. Debido a que la corriente no va directamente a sus cerebros, ellos sufren un shock Si la corriente es demasiado débil, ellos también están conscientes cuando una sierra o cuchilla corte sus cabezas. En la naturaleza, el pez gato puede vivir 40 años. En la industria de la carne, ellos son matados antes de que cumplan dos años. El número de peces gato matados por matarifes de EE.UU. en 2001 era alrededor de 400 millones.

Los peces son seres sensibles con tanto derecho a la vida y a la libertad como el resto de animales. Para impedir la crueldad e injusticia, necesitamos evitar comer su carne.


Fuente: IgualdadAnimal.Org - Los peces y la industria cárnica

Artículo original publicado en American Vegan, Primavera de 2003, pp. 9-10. Copyright 2003 Joan Dunayer

Traducido por Teresa Gallego para Igualdad Animal. Se permite la reproducción de esta traducción siempre que se indique la autoría y se incluya un enlace al sitio web de Igualdad Animal (www.igualdadanimal.org).

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Blackie y Big Red (Joan Dunayer, 2001)

Artículo original publicado en The Animals’ Agenda, Julio/Agosto 1991, pp. 12-13, 15-18

Copyright 2001 Joan Dunayer

Blackie, una carpa dorada moor severamente deformado, a duras penas podía nadar. Big Red, una carpa dorada oranda más grande, sintió la impotencia de Blackie. Tan pronto como Blackie fue introducido en el tanque de Big Red, éste comenzó a cuidarle. “Big Red observa constantemente a su nuevo y enfermo compañero, levantándole suavemente en su ancha espalda y nadando con él alrededor del tanque” informaba un periódico sudafricano en 1985. Siempre que la comida era esparcida sobre ellos, Big Red llevaba a Blackie a la superficie del agua para que los dos pudieran comer. El dueño de la pecera dijo que durante un año Big Red había estado mostrando esa “compasión”. La mayoría de los humanos muestran mucha menos compasión por los peces. Trágica e irónicamente, fallamos en reconocer una sensibilidad en los peces que sobrepasa la nuestra de muchas maneras distintas.

El mundo perceptivo del pez

La sensibilidad del pez a la luz es superior a la nuestra. Muchos peces de las grandes profundidades marinas pueden ver en mayor oscuridad que un gato. Las especies del fondo marino tienen una visión dual. Cuando la oscuridad se acerca, los conos sensibles al color del ojo se extienden mientras que los bastones sensibles a la oscuridad, se alejan en lo profundo de la retina; en el crepúsculo el proceso se invierte. Durante la transición, una habilidad para percibir la luz ultravioleta ayuda a muchos peces; esta luz es suficiente para localizar la silueta de los insectos en la superficie del agua. Cuando un pez está adaptado a la noche, un repentino resplandor (como por ejemplo de un flash) asusta y desorienta al pez, el cual puede huir, quedarse inmobilizado o hundirse. La luz puede también destruir células fotorreceptoras. En la mayoría de los peces, las papilas gustativas salpican sus labios y morros así como sus bocas y gargantas. Muchos de los que se alimentan en los fondos también tienen sensores gustativos justo encima de las extensiones finales de la pelvis o pelos gustativos en la barbilla que actúan como lenguas externas. Cubiertos con cientos de miles de sensores gustativos, el pez gato puede degustar alimentos a cierta distancia. ¿Cómo es la sensibilidad de los peces a los olores? El salmón puede emigrar miles de millas y, años más tarde, reconocer el olor de su arroyo. Las anguilas americanas pueden detectar alcohol en una solución de una fuerza comparable a uno entre mil millones con una gota en 87.000 litros de agua (como el largo de una piscina de natación). A través del olor solamente, algunos peces pueden conocer la especie de otro pez, su género, receptividad sexual, o identidad individual. Los peces reaccionan fuertemente al contacto táctil. En los noviazgos, suelen rozarse suavemente uno contra otro. Las grabaciones del laboratorio marino Narragansett han revelado que los petirrojos de mar ronronean cuando son acariciados. El fotógrafo subacuático Ricardo Mandojana se ganó la amistad de un pez judío inicialmente cauteloso tras rozar ligeramente la frente del pez. Meses más tarde, el pez, aparentemente deseoso de ser acariciado, se acercó a los alrededores del buceador. Con cientos de sensores eléctricos en su piel, los peces de muchas especies detectan la forma de los campos eléctricos que ellos generan. Un objeto menos conductivo que el agua, como por ejemplo una roca, lanza una sombra sobre el campo; un objeto más conductivo, como una presa, crea un punto brillante. La imagen eléctrica del pez incluye la localización del objeto, forma, rapidez, y dirección del movimiento. El pez eléctrico también “lee” otras descargas, la cuales varían dependiendo de la edad del emisor, la especie, identidad individual e intenciones (por ejemplo, cortejos o desafíos). Un pez macho asegura su dominio con una rápida sucesión de descargas; su rival potencial cede a ellos guardando “silencio”. Con señal eléctrica o sin ella, muchos peces sienten la electricidad generada por todos los seres vivos y, de este modo, detectan presas escondidas en gravilla o en arena. Algunos tiburones, según ha indicado el neurocientífico Theodore Bullock, pueden percibir una descarga eléctrica de fuerza y distancia equivalentes a una luz de flash de una batería de 1.5 voltios y a una distancia de más de 900 millas.

La capacidad de los peces para sufrir

En concordancia con sus otras sensibilidades, los peces sienten, sin ningún género de dudas, estrés y dolor. Perseguidos, confinados o amenazados de otros modos, reaccionan como lo hacen los humanos al estrés: con aumento del ritmo cardíaco, respiratorio y de liberación hormonal de adrenalina. Sujetos a condiciones adversas prolongadas tales como la masificación o contaminación, sufren deficiencias inmunológicas y daños en sus órganos internos. Tanto bioquímica como estructuralmente, el sistema nervioso central de los peces se parece enormemente al nuestro. En los vertebrados, las terminaciones libres de los nervios registran dolor; los peces poseen estas terminaciones nerviosas en abundancia. Los peces también producen encefalinas y endorfinas, sustancias de tipo opiáceo que se sabe que combaten el dolor en humanos. Cuando están heridos, los peces se retuercen, jadean y muestran otros síntomas de dolor. Los peces sienten, definitivamente, miedo, el cual juega un papel importante en la evitación aprendida. Una vez que los pececillos de río han sido atacados por un lucio, o simplemente ven a otros pececillos de río ser atacados, huyen inmediatamente al olfatear al lucio. Habiendo experimentado el ataque de un tiburón, los peces huyen al escuchar el sonido de sus afilados dientes. Las grandes bocas de las lubinas, según las demostraciones del investigador R.O. Anderson, aprenden rápidamente a evitar los anzuelos simplemente viendo otras lubinas que han picado en él. En cientos, quizás miles, de experimentos, los peces han realizado tareas para evitar las descargas eléctricas. Numerosos experimentadores han reconocido inducir miedo en peces. Entre sus “observaciones de la conducta de los peces que fueron sometidos al miedo”, el psiquiatra Quentin Regestein afirmó, "un pez asustado puede arrojarse hacia delante, ponerse con el lomo hacia arriba, dar vueltas alrededor, o puede simplemente mostrar su debilidad cuando la situación se convierte en insoportable.” Los peces lloran por dolor y por miedo. Según el biólogo marino Michael Fine, la mayoría de los peces que emiten sonidos "vocalizan" cuando son pinchados, asidos o perseguidos. En experimentos de William Tavolga, el pez sapo gruñó cuando recibió una descarga eléctrica. Y aún más, pronto comenzaron a gruñir a la mera vista de un electrodo.

Peces como "mascotas"

Con o sin la añadida crueldad de la experimentación, mantener a peces cautivos desconsidera sus necesidades básicas. Altamente vulnerables y frágiles, los peces están mal adaptados a una vida encerrados entre cristales, y aún así, solamente en los Estados Unidos, cientos de millones son aprisionados en acuarios caseros. Los peces son más sensibles a la temperatura que cualquier animal de sangre caliente: Un repentino cambio de sólo unos pocos grados puede matar a una carpa dorada. Sin embargo, los peces son confinados en pequeños contenedores donde la temperatura del agua puede rápidamente fluctuar. Los peces de acuarios no pueden escapar de los dañinos químicos que entran en su agua. El humo del tabaco, los gases de las pinturas, y los sprays de aerosoles son sólo unos pocos de los comunes contaminantes de interior que pueden dañar a los peces. En una pecera o en un tanque, el amoníaco que los peces excretan ellos mismos puede acumularse hasta niveles tóxicos. Como el amoníaco, una insignificante cantidad de cloro puede causarles dificultades respiratorias e incluso espasmos nerviosos. El cloro en el agua corriente puede fácilmente ser fatal para ellos. La visión humana y los sonidos bombardean los acuarios de los peces. Simplemente, el encender una luz en una habitación oscura puede asustarles tanto que se llegan a estrellar contra las paredes de los tanques y llegan, incluso a morir. Las vibraciones de la TV, del estéreo, o los portazos de las puertas pueden también causarles inquietud y heridas. En “Tú y tu acuario”, Dick Mills advierte que los peces están “probablemente asustados y estresados por los golpeteos en el cristal del acuario”. Según las investigaciones de H.H. Reichenbach-Klinke, los peces, repetidamente expuestos a la música alta, desarrollan heridas mortales en el hígado. Mientras que los peces están agobiados con todo aquello artificial, los acuarios les roban lo natural. A los peces se les niegan actividades tales como rebuscar comida en los enormemente variados arrecifes de coral. En cambio, nadan y vuelven a nadar en las mismas pulgadas o pies cúbicos, recibiendo pasivamente el mismo alimento comercial día tras día. Mills afirma que los peces del acuario suelen padecer de aburrimiento. Las carpas y otros peces sociales requieren compañeros de su misma especie: de lo contrario, comenta Mills, ellos "languidecen". Con la pérdida de un compañero, los peces muestran síntomas de depresión, tales como aletargamiento, palidez o caída de aletas. En “Inteligencia Animal”, el zoólogo George Romanes comenta este incidente: cuando en un acuario el propietario sacó a uno de los dos peces, el que se quedó dejó de comer hasta que, tres semanas después, su compañero fue devuelto. El daño de los hobbies a los peces se extiende más allá de tener un acuario en casa. Innumerables peces mueren antes de llegar a la tienda de mascotas, durante el transporte desde la misma piscifatoría (donde el 80% de los peces “ornamentales” son ahora criados) o desde su mundo salvaje. Solamente la captura hiere y mata a millones de peces, los cuales son incapacitados con anestesia, dinamita, o cianuro antes de ser capturados de forma manual o con red. William McLarney, biólogo de peces, ha observado la captura con spray de cianuro: "Una docena de peces rojos brillantes huyeron bruscamente de su refugio de arrecife de coral, jadeando y sacudiéndose. Realizaron una loca huida hacia la superficie, 25 pies sobre el coral y se mantuvieron un pie en el aire. Entonces, volvieron a bajar en pequeñas y repentinas bajadas y flotaban, exhaustos, en débiles círculos. Debajo de ellos, una lubina de kilo y medio tosía violentamente, y sus agallas ardieron repentinamente. Intentaron nadar pero se desplomaron sobre ellos hasta que flotaron tranquilamente como espeluznantes claraboyas." Mientras tanto, los peces demasiado apagados como para interesar a los compradores “permanecen tendidos y convulsionándose o siguen aún aplastados en el fondo”.

Pesca comercial

La pesca comercial continúa diezmando a los peces, asesinando incontables miles de millones cada año. Generalmente, sus muertes no son ni rápidas ni carentes de dolor. En redes de cerco con jareta, un barco rodea un banco de peces con una red que se va haciendo cada vez más estrecha. Una vez que ya han realizado la redada, los peces son, normalmente, vertidos en un líquido salado para que permanezcan congelados. Si todavía no se han asfixiado o no han sido aplastados, los peces mueren de choque térmico. La pesca de cerco con jareta para atunes ha levantado la indignación pública por atrapar también delfines que nadan junto con los atunes. Sin embargo, es poca la gente que ha protestado por la muerte de los propios atunes. Seguramente, las lanchas y los explosivos bajo el agua, con sus vibraciones, acarrean tanto a los atunes como a los delfines terror y dolor. La presión de las olas provocada por una detonación bajo el agua puede reventar la vejiga de los peces. En la pesca con redes de arrastre, un barco en movimiento arrastra una enorme red a través del agua. El remolque fuerza a todos los peces que entran en la red hacia el tapered, extremo cerrado. Durante un período de una a cuatro horas, las presas son estrujadas y dan brincos, junto con alguna roca y escombros del océano. “Se suceden caídas y arrastres en la red que ocasionan roces entre los peces ocasionando que sus puntiagudas escamas se limen.” Autor William Warner informando de una redada, en “Agua Distante: Destino de los pescadores del Atlántico Norte”. (Distant Water: The Fate of the North Atlantic Fisherman.) “Sus costados, de hecho, fueron arañados enteramente.” Cuando son izados desde una profundidad sustancial, el pez sufre una descompresión insoportable. Como la presión del agua cae en picado, el volumen de gas en la vejiga natatoria del pez aumenta más rápidamente de lo que el torrente sanguíneo puede absorber. Frecuentemente, la intensa presión interna rompe la vejiga natatoria del pez, saca los ojos de sus órbitas, y fuerza que el esófago y el estómago salgan por la boca. “Mucho de los peces tenía enormes fosas donde deberían estar sus ojos”, observó Warner en un pesquero de arrastre. Como la red fue tirada sobre otra, pudo ver “gran cantidad de burbujas...emanando de la rotas vejigas natatorias de miles de peces.” Los peces pequeños, tales como las platijas, son normalmente vertidos en hielo troceado; la mayoría se asfixian o son aplastados hasta que mueren por las capas de peces que vendrán a continuación. Los peces más grandes, tales como el bacalao y el abadejo, se revuelcan en la cubierta. Como testigo William MacLeish ha descrito cómo las presas son clasificadas: la tripulación apuñala a los peces bruscamente, con barras cortas y dentadas llamadas recolectoras, “lanzando el bacalo aquí, el abadejo allí, la rabirrubia allí.” A continuación, las gargantas y los estómagos de los peces son rajados (no necesariamente en ese orden). Mientras tanto, los peces que no eran el objetivo de la captura (“la basura”), los cuales suponen a veces la mayoría de la captura, son lanzados por la borda, a menudo por horquillas. En una tarde cualquiera, los pescadores pueden recorrer unas 40.000 millas con las redes, principalmente redes flotantes en los altos mares del Pacífico, pero también, redes con anclas en aguas costeras, incluyendo las aguas de los Estados Unidos. Con mallas de plástico con flotadores en superficie y pesos en el fondo, las redes cuelgan como cortinas, generalmente hasta una profundidad de 30 pies. Además de la masacre de más de un millón de mamíferos, tortugas, y aves cada año, estas redes ocasionan un sufrimiento enorme en los peces. Incapaces de ver las redes, los peces nadan hacia ellas. A menos que sean más pequeñas que la medida de la malla, no irán más allá de quedar con sus cabezas atrapadas. Cuando intentan dar la vuelta, las redes los capturan por sus branquias o aletas. Muchos de los peces se asfixian. Otros luchan tan desesperadamente contra las afiladas mallas que sangran hasta morir, aunque consigan o no liberarse. Debido a que muchos pescadores no atienden diariamente a sus redes flotantes, los peces atrapados pueden sobrevivir durante días, muriendo lentamente. El periodista Clive Gammon vió bacalaos tirados por la borda pasados dos días desde la captura. “Muchos estaban sin ojos, aletas o escamas”; otros habían sido comidos por pulgas de la arena. Los peces capturados son presas desamparados. (Los depredadores que atraen frecuentemente se quedan enredados también.) Cuando una red flotante es izada, los peces son sacados con ganchos. Algunos pescadores comerciales aún clavan arpones para capturar peces grandes y valiosos peces tales como atunes, tiburones o peces espada) o los capturan individualmente con anzuelos. Mucho más comúnmente, sin embargo, los grandes peces son capturados con largos sedales. Con este método (también usado en la captura de peces pequeños), un barco lanza hasta 30 millas de sedal con cientos o miles de anzuelos.



Extracto del documental Earthlings


El deporte de la pesca

Unos 40 millones de americanos—16%—abusan de los peces por “deporte”. Muchos pescadores alegan que sus victimas no sufren. Todas las evidencias indican lo contrario. El investigador John Verheijen y sus colaboradores estudiaron la reacción de las carpas al anzuelo y al sedal. Cuando eran pescadas, las carpas sacudían sus cabezas, y salivaban como para escupir comida, se revolvían y se volvían a zambullir. Una descarga eléctrica en el paladar, inicialmente, provoca las mismas reacciones. Cuando eran capturados con anzuelos y asidos fuertemente durante varios minutos, las carpas expulsaban gas desde su vejiga natatoria; una vez que se les aflojaba el sedal, se hundían. Sometidos a descargas eléctricas fuertes y mantenidas, las carpas también expulsan gas y se hunden. Chocantemente, reaccionan del mismo modo cuando son confinados en un pequeño espacio, o huelen el olor de un miembro herido de su especie; estas situaciones inflingen un daño no directo pero son bien conocidas por causar miedo. Según los experimentadores concluyeron, los anzuelos y sedales, causan una combinación de terror y dolor. Cuando un pez enganchado con un anzuelo trata de escapar, el glucógeno de los músculos (depósito de glucosa) disminuye, mientras que el ácido láctico rápidamente se acumula en el torrente sanguíneo. En unos pocos minutos, un agotador esfuerzo reduce a la mitad el depósito de glucógeno de una trucha arcoiris. En el número de Mayo de 1990 de la revista “Field and Stream” el columnista Bob Stearns reconoció que el ácido láctico puede “inmovilizar” a un pez “de una forma mucho más rápida y más intensa que los calambres y los doloridos músculos que nosotros los humanos sufrimos cuando hacemos demasiado ejercicio”. Cuanto más lucha el pez, más ácido láctico genera. Y a pesar de ello, los pescadores deportivos disfrutan en tener al pez fuerte “carrera” de peces. En el número de Julio de 1990 de la revista Field and Stream, Stearns ensalzó a “una diminuta pescadora” que condujo a un pez espada durante, aproximadamente, cinco horas:”Cada vez que el pez aflojaba la marcha, ella aprovechaba el momento para bombear, presionar, fastidiarle haciendo que desgastara sus propias reserves, no permitiéndole jamás un descanso”. Antes de ser hauled up, muchos peces mueren exhaustos. Para otros muchos, el peor sufrimiento podría ser sacarles del agua. Normalmente, los peces de mediana y gran talla son introducidos en los barcos siendo punzados con un anzuelo de mano. Algunas veces, los peces son despellejados vivos. Normalmente, muchos peces son sujetados cuando aún están vivos durante horas en un cabo o cadena que los mantiene bajo el agua. El cabo es colocado atravesando a cada pez, normalmente en la boca y en una branquia abierta. La cadena tiene pinzas como imperdibles gigantes de seguridad en los que los peces son colgados, normalmente a través de sus mandíbulas. La mayoría de los peces capturados por "deporte" se asfixian. Incluso fuera del agua, pueden morir lentamente. En octubre de 1980, “Field and Stream” el escritor Ken Schultz describió a una lubina que estuvo fuera del agua durante una hora: tanto las branquias como las aletas del pez enrojecieron y aún jadeaba. La captura y suelta de los peces, como mínimo, inflige terror, dolor, e invalidez temporal a los peces. Frecuentemente, se quedan inválidos de forma fatal o permanente. En un artículo de Mayo de 1990 del editor asociado de Field and Stream, Jim Bashline, admitió que el pez comúnmente “lucha tan violentamente según se quita el anzuelo que los pescadores los lanzan hacia el fondo del bote o hacia un banco de rocas.” Los lanzamientos, las redes, el manejo o cualquier otra clase de asalto quitan la delicada y transparente piel de los peces. Cubierta de mucosa, esta capa externa proteje contra las infecciones, el flujo del agua, o la deshidratación de sus tejidos internos- cualquiera de los cuales puede ser mortal. Según han demostrado los experimentos, los peces pueden morir también por un envenenamiento de ácido láctico varias horas después de un sobreesfuerzo, horas durante las cuales pueden estar completamente paralizados. El anzuelo siempre causa heridas. Graves laceraciones en la boca pueden destruir la capacidad del pez para comer. Muchos peces son soltados después de haber sido capturados con anzuelos clavados en las branquias o en órganos internos, como cuando se tragan el anzuelo y les llega al estómago. La pesca también tortura cualquier cebo vivo utilizado. Los pececillos de río y otros peces pequeños son rutinariamente insertados con el anzuelo a través de su lomo, sus labios, o incluso sus ojos. Como las heridas atraen a depredadores en el “deporte” de la pesca, algunos pescadores mutilan los cebos cortándoles sus aletas o rompiendo sus dorsos.

"Gestionando" peces por deporte

Para proveer un número estable de capturas, las piscifactorías de Estados Unidos anualmente llenan las aguas donde se pescará con cientos de millones de peces, especialmente salmones y truchas. Ted Williams, quien se describe a sí mismo como “Un perro viejo para los gestores,” , ha llamado a las truchas de piscifactoría como “restos genéticos”. En septiembre de 1987, en un artículo de Audubon, escribió: “Tras años de cría endogámica de truchas en piscifactorías, éstas tienden a ser deformes. Las cubiertas de las branquias no se ajustan, sus mandíbulas se curvan, sus colas se atrofian.” Algunas mutaciones perjudiciales son promovidas intencionadamente. La División de Recursos Salvajes de Utah, por ejemplo, ha producido masivamente peces albinos muy sensibles a la luz para servir como capturas fáciles. Williams deplora las condiciones en las que las truchas de piscifactorías son criadas: “sucias, superpobladas, con fosas de cemento que arrancan aletas y escamas”. Los peces, añade, están mal equipados para vivir salvajemente. Mientras que las truchas autóctonas huyen ante cualquier movimiento por encima de sus cabezas, las truchas de piscifactorías esperan expectantes a ser alimentadas (principalmente por pescadores). Siendo él mismo un ávido pescador, Williams ha cortado y abierto en canal a una trucha de piscifactoría para encontrar que el pez, acostumbrado a comer bolitas se había estado alimentado de colillas de cigarrillo. El pescador deportivo Mark Sosin y el biólogo de peces John Clark han coeditado un libro para pescadores llamado, Through the Fish’s Eye: An Angler’s Guide to Gamefish Behavior, (A través del ojo del pez: Guía del pescador sobre el comportamiento de los peces) en el que se identifica de forma cándidamente el objetivo en la gestión de pesca: “proporcionar lo mejor al pescador deportivo.” Para introducir pequeñas poblaciones locales de peces pequeños y aumentar la transparencia del agua (una gran ventaja para los pescadores), los gestores suelen drenar parcialmente los lagos o estanques, dejando que sufran las especies que no son aptas para la pesca a través de la reducción de la comida, de la cubierta protectora y el espacio en la cual evitan a los depredadores. “Cuando un lago o estanque está demesuradamente poblado con especies indeseables”, Sosin y Clark afirman al unísono “La mejor solución puede ser aniquilar a todos los peces y comenzar de nuevo. Esto normalmente se hace en cualquier lago drenándolo hasta dejarlo seco o por envenenamiento de los peces…Después de haber matado a todos los peces, la cuenca fluvial es rellenada con peces de acuerdo a la mezcla deseada de predador y especies presa.” Deseado, esto es, por pescadores y por los “gestores de la vida salvaje” los cuales obtienen gran parte de su salario de las licencias de pesca. La mayoría de los humanos sienten poca empatía por los peces. Viendo a los peces reunidos en masa, o viéndoles como uniformes a través de su especie, la gente fácilmente les desconsidera como individuos. Como el pez habita en un mundo acuático, se comunica a través de medios ocultos a nuestras percepciones, y como tienen una apariencia física tan diferente a la nuestra, muchos humanos no reconocen su sensibilidad. El resultado es el abuso masivo, y socialmente aprobado. Cuanto más gente se vuelva consciente de la sensibilidad de los peces, los peces comenzarán a recibir la compasión y respeto que se merecen. En lo que a sentir se refiere, tenemos mucho que aprender de Big Red.


Traducido por Teresa Gallego para Igualdad Animal. Se permite la reproducción de esta traducción siempre que se indique la autoría y se incluya un enlace al sitio web de Igualdad Animal (www.igualdadanimal.org).

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NOTAS

RespuestasVeganas.Org: La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que se compartan todas y cada una de las cuestiones expresadas en la misma; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista.

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COMENTARIOS SOBRE ESTA ENTRADA:

Activista destacado: Joan Dunayer

Joan Dunayer es escritora, editora y defensora de los Derechos de los animales. Graduada en la Universidad de Princeton, con estudios de literatura inglesa, educación inglesa y psicología. Joan Dunayer es una escritora cuyas publicaciones incluyen artículos sobre los derechos lingüísticos y de los animales. Su trabajo ha aparecido en diarios, revistas, libros de texto universitarios ingleses. Es la autora de «Animal Equality: Language and Liberation» (Igualdad Animal: Lenguaje y Liberación) (Derwood, Maryland: Ryce Publishing, 2001, distribuido por Lantern Books), el primer libro sobre el especismo y el lenguaje.

Dentro de la defensa de los animales, Joan Dunayer es partidaria del rechazo al especismo y de la adopción de una línea abolicionista[1] que tenga por objetivo el que los animales no humanos dejen de ser considerados como una propiedad, donde el veganismo sea un punto fundamental.

En sus escritos se puede encontrar un especial interés en la relación entre el especismo y el lenguaje. Joan Dunayer defiende evitar las expresiones especistas (como hablar de animales para referirse con exclusiva a los animales no humanos). Su ensayo «Animal Equality: Language and Liberation» trata esta cuestión en profundidad.

Por otra parte, en «Speciesism», su último libro hasta la fecha, se puede encontrar una crítica teórica al especismo, así como una defensa del abolicionismo como táctica, rechazando por tanto las reformas legales de carácter bienestarista como forma de favorecer a los animales no humanos.

Joan Dunayer, al igual que Gary Francione, ha ejercido una importante influencia dentro del movimiento por los derechos animales, lo cual ha llevado a diversos activistas y organizaciones a modificar sus líneas de actuación, y pasar a centrarse en la defensa del veganismo dentro de una línea abolicionista.



NOTAS Y REFERENCIAS

RespuestasVeganas.Org: La mención de este pensador en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que se compartan todas y cada una de las cuestiones expresadas por el mismo; sin embargo, consideramos interesante su mención por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista por los Derechos Animales.

[1] Animal Equality. Joan Dunayer. Austrian Animal Rights Conference, 2002.

ENTREVISTAS

- igualdadanimal.org - Entrevista a Joan Dunayer (Vegan Festival, 2005)
- igualdadanimal.org - Entrevista a Joan Dunayer (Vegan Voice)

ARTÍCULOS

- RespuestasVeganas.Org - Sirviendo el abuso: promocionado alimentos derivados de animales (Joan Dunayer, octubre 2006)
- veggiethoughts.wordpress.com - Abolicionismo vs Bienestarismo (Joan Dunayer, 2005)
- igualdadanimal.org - Defensores de los derechos animales "bienestaristas": un oxímoron (Joan Dunayer, 2005)
- RespuestasVeganas.Org - Inglés y especismo (Joan Dunayer, 2003)
- RespuestasVeganas.Org - Los peces y la industria cárnica (Joan Dunayer, primavera 2003)
- igualdadanimal.org - Igualdad Animal (Joan Dunayer, 2002)
- RespuestasVeganas.Org - Blackie y Big Red (Joan Dunayer, 2001)
- igualdadanimal.org - Los peces: sensibilidad más allá de la comprensión del captor (Joan Dunayer, 1991)

LIBROS

- «Speciesism». US: Ryce Publishing, 2004. ISBN: 0970647565.
- «Animal Equality: Language and Liberation». US: Ryce Publishing, 2002. ISBN: 0-9706475-5-7.