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ARGUMENTO: “Todos los humanos X, solo deben ser respetados los humanos”

RESUMEN: ¿Todos los humanos comparten una característica que los diferencia de quienes no son humanos? ¿mediante qué prueba se comprueba eso? ¿quiénes son los llamados «humanos marginales»? ¿qué es la falacia ecológica? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

La única característica éticamente relevante que es necesaria para que un ser deba ser respetado es que tenga una conciencia, por eso decimos que la Ética es sensocentrista. Los humanos no son los únicos seres que tienen una conciencia, por lo tanto no sólo los humanos deben ser respetados. Sin embargo, algunas personas que rechazan el sensocentrismo dicen que «todos los humanos, y solo ellos, poseen una característica éticamente relevante». Sin embargo, estas personas no indican mediante qué tipo de PRUEBA podemos verificar si un ser posee o no posee esa supuesta característica éticamente relevante. La Realidad es que el conjunto formado por los seres humanos no es homogéneo, sino que es heterogéneo, y podemos verificar que los siguientes humanos no superarían la prueba que les exigen superar a animales no humanos: fetos, bebés, niños pequeños, humanos con diversidad intelectual severa, humanos con enfermedades físicas y psicológicas severas, etc. Otras personas reconocen que el conjunto de seres humanos es hetereogéneo, pero usan la falacia ecológica al inferir características de los individuos a partir de las estadísticas agregadas de un grupo al que dichos individuos pertenecen.

Palabras clave: casos marginales, empirismo, falacia ecológica, media estadística, verificacón

1. La única característica éticamente relevante que es necesaria para que un ser deba ser respetado es que tenga una conciencia. Una conciencia es alguien que siente (ser sintiente) y que tiene intereses. En otro artículo demostré que la Ética se origina en los intereses.[1] Por lo tanto, la única característica necesaria para categorizar éticamente a un ser como «persona» (en lugar de como «cosa») es que éste posea una conciencia. Por eso decimos que la Ética es sensocentrista[2], pues sólo los seres sintientes tienen intereses.

2. Los humanos no son los únicos seres que tienen una conciencia. A partir de estudios neurocientíficos, se ha inferido lógicamente la existencia de conciencia en seres humanos, pero también en seres de otras especies animales.[3] Por lo tanto, como la Ética es sensocentrista, los seres sintientes no humanos también deben ser respetados.

Los dos puntos anteriores rebaten el presente argumento, pero a continuación vamos a comprobar que el argumento es una falacia en sí mismo porque no es cierto que todos los humanos sean iguales en algo.

3. Algunas personas que rechazan el sensocentrismo dicen que «todos los humanos tienen en común que son humanos, por eso solo los humanos deben ser respetados». Esto es tan cierto como afirmar que «todos los hombres tienen en común que son hombres», o «todos los perros tienen en común que son perros», etc. Esto es lo mismo que decir «los humanos son humanos», «los hombres son hombres», «los perros son perros», etc. Es decir, se dice lo obvio, pero de esa obviedad no se puede inferir lógicamente una conclusión normativa como: «solo los humanos deben ser respetados», «solo los hombres deben ser respetados», «solo los perros deben ser respetados», etc. Por lo tanto el argumento es arbitrario y en su conclusión contiene una discriminación especista.[4] Ya expliqué que la normatividad ética se origina en los intereses.[1]

4. Algunas personas que rechazan el sensocentrismo dicen que «todos los seres humanos, y solo ellos, poseen una característica éticamente relevante». Es frecuente que estas personas digan que dicha característica éticamente relevante es la «racionalidad», la «inteligencia», etc. Por ejemplo, Michael Leahy[1] y Luc Ferry dicen que «solo los seres humanos tienen ciertas capacidades cognitivas». Sin embargo, es importante señalar que estas personas no indican mediante qué tipo de PRUEBA podemos verificar si un ser posee o no posee esa supuesta característica éticamente relevante. Por ejemplo, ¿mediante qué tipo de prueba podemos comprobar que un bebé humano es racional? La Realidad es que la racionalidad, la inteligencia, etc. presentan diferencias de grado en cada humano observado. La idea según la cual «todos los seres de una especie o grupo son esencialmente iguales» se llama «naturaleza del ser» o «esencia del ser», y tiene un origen religioso.[5] La Realidad es que el conjunto formado por los seres humanos no es homogéneo, sino que es heterogéneo, y podemos verificar que los siguientes humanos no superarían la prueba que les exigen superar a animales no humanos: fetos, bebés, niños pequeños, humanos con diversidad intelectual severa, humanos con enfermedades físicas y psicológicas severas, etc. En el debate ético, estos humanos que acabo de enumerar han sido llamados «casos marginales» o «humanos marginales», pero la Realidad es que son muchos millones de humanos. Asimismo, si realizamos la misma prueba con animales no humanos podremos verificar que algunos de ellos la superarán.[6]

5. Algunas personas que reconocen que el conjunto de humanos es heterogéneo dicen que «todos los humanos tienen en común una determinada característica porque "la mayoría" de humanos la posee». Estas personas aceptan que algunos humanos no cumplen con la característica éticamente relevante que exigen a los animales no humanos, pero hacen uso de la falacia ecológica. La falacia ecológica (ecological fallacy), también conocida en los esquemas clásicos como «falacia de ambigüedad por división», es un error en la argumentación basado en una errónea interpretación de datos estadísticos, infiriendo las características de los individuos a partir de las estadísticas agregadas de un grupo al que dichos individuos pertenecen.


Las implicaciones éticas que sacamos del punto 4 y del punto 5 es que no se debe tratar a todos los seres por igual, sino de acuerdo a las características tiene cada uno. En su libro «Created from Animals: The Moral Implications of Darwinism» («Creados a partir de animales: Las implicaciones morales del Darwinismo»), el filósofo James Rachels (1941-2003) presenta el siguiente argumento: «Si A merece un trato diferente a B, la justificación debe ser en términos de que las características individuales de A y las características individuales de B. Tratarlos de diferente forma no puede justificarse basado en que uno u otro pertenece a un grupo preferencial, ni siquiera si ese grupo es el “grupo” de seres humanos».

En la siguiente intervención en el Parlamento Europeo, el derechista Janusz Korwin-Mikke dice que «las mujeres son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes, por eso deben ganar menos que los hombres». Vemos como en su argumento asume erróneamente que «todos los hombres son más fuertes, más grandes y más inteligentes que las mujeres» (punto 4) o que «la mayoría de los hombres son más fuertes, más grandes y más inteligentes que las mujeres» (punto 5). Y a partir de una de dichas premisas se inventa arbitrariamente la conclusión «las mujeres deben ganar menos que los hombres».(1) La Realidad es que si un puesto de trabajo paga en función de la fuerza o de la inteligencia entonces se evalua eso, por lo que es irrelevante si el que lo realiza es hombre o mujer.




6. Algunas de personas dicen que «si algún humano logró hacer una determinada cosa entonces todos los humanos lo lograron hacer». Por ejemplo, algunas de dichas personas dicen que «como los tripulantes de la misión Apolo 11 caminaron por la Luna entonces todos los humanos han caminado por la Luna». O, por ejemplo, algunas de dichas personas dicen que «todos los humanos hemos desarrollado la teoría de la relatividad porque la desarrolló Albert Einstein (1879-1955)». Es curioso observar que estas personas no se atribuyen a sí mismos ni a la especie humana las acciones éticamente incorrectas que realizaron algunos humanos, por ejemplo, nunca dicen «los humanos hemos violado sexualmente a otros», «los humanos hemos asesinado a otros humanos», etc. Sin embargo, la Realidad es que lo que hizo un humano lo hizo ese humano, no los demás humanos.

7. Algunas personas reconocen que algunos humanos no poseen la característica éticamente relevante que exigen a los animales no humanos, pero dicen que «aunque no poseen la característica éticamente relevante, la poseen "en potencia", por lo tanto debemos tratarles como si ya la poseyeran». Estas personas usan el argumento de la potencialidad, el cual rebatí en otro artículo.[7]

8. Algunas personas reconocen que no existe ningún «defecto» que tengan los animales no humanos que no sea también el «defecto» de un subconjunto de seres humanos, pero utilizan argumentos mediante los cuales pretenden justificar un reconocimiento «honorario» para dicho subconjunto de humanos. En otras palabras, reconocen que no existe motivo alguno para considerar éticamente a dichos «humanos marginales» (fetos, bebés, niños, humanos con diversidad intelectual grave, algunos enfermos, etc.), pero intentan protegerles como si eso fuera una estrategia para proteger al resto de humanos que, según ellos, sí que merecen consideración ética. Dichos argumentos también redultan infructuosos.[8]





ARGUMENTO: “El bien y el mal existen, pero no se puede inferir lógicamente el deber de hacer el bien y evitar el mal”

RESUMEN: ¿Se debe evitar hacer el mal? ¿se debe hacer el bien? es decir, ¿existe alguna razón lógica que fundamente el deber de respetar a los demás o tanta razón tiene el que hace el mal como el que hace el bien? ¿por qué debemos respetar a los demás? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Una cosa es una descripción (lo que es) y otra cosa es una prescripción o norma (lo que debe ser). Inferir una conclusión normativa (un 'DEBE') a partir de premisas descriptivas (un 'ES') es ilógico, es una falacia llamada «falacia lógica». La única manera de llegar lógicamente a una conclusión normativa es si hay una norma entre las premisas, pero entonces es necesario una premisa que contenga una norma autoevidente para no caer en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que diga «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que diga «mi interés no debe frustrarse». El deber se origina en cada interés de cada sujeto y en base a que dicho deber es universalizable entonces inferimos lógicamente la norma: «los intereses no deben ser frustrados». Como la Ética es consecuencialista entonces eso añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» como sigue: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». Por lo tanto, la razón por la que los humanos deben ser respetados no es porque sean humanos, sino porque son seres sintientes y a priori los intereses no deben ser frustrados, y eso mismo se aplica con quienes no son humanos.

Palabras clave: deber, falacia lógica, fundamentación racional de la Ética, lógica deóntica, problema del ser y el deber ser

En mi artículo sobre el bien y el mal[1] demostré que existen lo bueno universal (el bien) y lo malo universal (el mal): a cualquiera que le satisfagan un interés lo considera bueno, y a cualquiera que le frustren un interés lo considera malo, independientemente de las buenas o malas consecuencias posteriores a dicha satisfacción o a dicha frustración. Por lo tanto existe una base objetiva sobre la que intentar fundamentar las normas (también llamadas «prescripciones» o «deberes») que impone racionalmente la Ética, pero:

1. Algunas personas dicen que «del HECHO de que existan el bien y el mal no se puede inferir lógicamente la conclusión de que DEBAMOS hacer el bien y evitar el mal». De esta manera denuncian la ilegitimidad del paso del SER al DEBER SER, también llamada «ley de Hume», «guillotina de Hume» o «navaja de Hume», pues es una falacia lógica que fue denunciada originalmente por David Hume (1711-1776) en su libro «Tratado de la naturaleza humana» (1739) de la siguiente manera: «En cada uno de los sistemas de moralidad con que hasta la fecha me he tropezado he observado que invariablemente el autor procede, durante un cierto tiempo, razonando a la usanza ordinaria (estableciendo, por ejemplo, la existencia de Dios, o haciendo observaciones relativas a los asuntos humanos) pero, de pronto, me encuentro sorprendido al comprobar que, en lugar de la cópula ES que, usualmente interviene en las proposiciones, ha dejado paso al verbo DEBE. El cambio es casi imperceptible, pero reviste, sin embargo, la máxima importancia. Porque, dado que dicho DEBE expresa una relación de nuevo cuño, es menester tomar nota del mismo y explicarlo». Es decir, de una descripción no se puede inferir lógicamente una norma, dice correctamente Hume. Sin embargo, en el presente artículo demostraré que existe una solución.

2. La falacia lógica es habitualmente usada por quienes afirman que existe una «naturaleza del ser», según la cual «debemos hacer lo que nuestra naturaleza nos dicta, pues no hacerlo es ir "contra natura", "antinatural" o "no natural"». En mi artículo sobre la «apelación a la naturaleza»[2] mostré que la idea de «la naturaleza del ser» tiene un origen religioso, según el cual un supuesto «dios» nos creó a todos los animales con una «naturaleza» y con unas funciones «naturales»[3] que debemos realizar por obediencia hacia «él». Lo de la obediencia también lo rebatí.[4] Por ejemplo, los dos siguientes argumentos son ilógicos porque infieren normas a partir de descripciones de hechos:

(P1) Existen humanos que tienen un útero. (descripción)
(P2) El útero es un órgano del aparato reproductor. (descripción)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos porque esa es su naturaleza. (norma que usa la falacia lógica) (Ejemplo)

(P1) Los leones tienen garras. (descripción)
(P2) Las garras de los leones son para cazar. (descripción)
(C) Los leones deben cazar porque esa es su naturaleza. (norma que usa la falacia lógica)

Más ejemplos de falacias lógicas: «ser vegetariano no es natural, es antinatural, por lo tanto no debemos ser vegetarianos», «ser vegetariano es natural, por lo tanto debemos ser vegetarianos», «la homosexualidad no es natural, es antinatural o «contra natura», por lo tanto debemos rechazar la homosexualidad», etc. son ejemplos de falacias lógicas.



3. La Ética sí que se puede fundamentar racionalmente. A continuación demuestro en 4 pasos cómo se fundamenta racionalmente la Ética sin hacer uso de la falacia lógica:

PASO 1: Podemos llegar a una conclusión normativa si hay una norma entre las premisas. David Hume denunció correctamente que es falaz inferir lógicamente una conclusión normativa a partir de premisas no normativas. Para poder inferir lógicamente una conclusión normativa es necesario que al menos una de las premisas sea normativa. Es decir, para que un «debe» aparezca en la conclusión de un razonamiento lógico es necesario que al menos exista un «debe» entre las premisas. Por ejemplo, el siguiente argumento normativo no usa la falacia lógica porque hay una norma entre las premisas (P4); por lo tanto es un argumento lógicamente válido o coherente, pero el error que presenta es que las premisas P1 y P2 son falsas y por lo tanto la conclusión C también es falsa. Además, la premisa P4 es obediencia a «alguien», lo cual no es racionalidad, sino arbitrariedad[4] (por ejemplo, Lane Craig defiende la arbitrariedad del mandato divino para no usar la falacia lógica).

(P1) Podemos deducir racionalmente la existencia de un dios. (Irracionalidad)
(P2) Dios creó a algunos humanos con un útero. (Creacionismo)
(P3) La finalidad del útero es la reproducción. (Teleología)
(P4) Los humanos deben obedecer a la voluntad de Dios. (Mandato divino) (norma)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos. (norma)

PASO 2: Es necesario que la premisa normativa sea una verdad absoluta para no caer en la arbitrariedad ni en una regresión infinita cuando se pregunta «¿por qué?». Como expliqué antes, es necesario que una premisa sea normativa para poder inferir lógicamente una conclusión normativa, pero si preguntamos ¿por qué debemos hacer lo que dice esa premisa? eso nos llevará a una norma anterior y así consecutivamente hasta el infinito (ad infinitum). Para poder parar dicha regresión infinita necesitamos una norma (deber) que sea una verdad absoluta. En un artículo anterior expliqué que es una verdad absoluta que toda persona siempre quiere que no se frustren sus propios intereses, es decir, quiere que se satisfagan sus propios intereses, por eso los intereses no pueden ser autofrustrados[1], pues sería contradictorio. Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho, pues si quisiera que dicho interés fuera frustrado entonces no tendría ese interés. Por lo tanto, si alguien tiene un interés entonces es lógicamente contradictorio que quiera y diga: «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que quiera y diga: «mi interés no debe ser frustrado». Debido a ello, en la medida de sus posibilidades intentará impedir que sus intereses sean frustrados. Hay que tener en cuenta que alguien puede estar coaccionado por necesidad o por amenazas (se frustró su interés en no ser coaccionado) y que por eso tenga interés en hacer cosas que no querría tener interés en hacer. Todo esto nos muestra que la existencia de un interés implica la existencia de una norma (deber) a nivel subjetivo. Por lo tanto, inferimos la siguiente conclusión irrebatible desde un punto de vista egocentrista[6], es decir, desde un punto de vista «ético» limitado a uno mismo: «mis intereses no deben ser frustrados».

(P1) Si «quiero que ocurra algo» entonces eso significa que «tengo ese interés».
(P2) No puedo autofrustrar mis intereses, pues eso viola el Principio Lógico de No Contradición.
(P3) Si tengo un interés entonces lógicamente considero que dicho interés no debe ser frustrado.
(C) MIS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro egocentrista o psicópata)

PASO 3: La «Regla de Oro egocentrista» no tiene en cuenta a los demás. Si se acepta la Realidad teniendo en cuenta los intereses de los demás entonces se infiere la «Regla de Oro de la Ética». Es decir, «MIS intereses no deben ser frustrados», pero la Realidad es que no sólo existe una persona, sino que existen muchas otras y todas ellas defienden lógicamente que sus intereses no deben ser frustrados, por lo tanto lógicamente inferimos la conclusión de que «LOS intereses no deben ser frustrados».

(P1) MIS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro Psicópata)
(P2) Lógicamente todos afirman: «MIS intereses no deben ser frustrados».
(C) LOS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro de la Ética No Consecuencialista)

PASO 4: Añadimos a la Regla de Oro el consecuencialismo. Como la Ética es consecuencialista[7] porque también existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que ocurre por dichas omisiones, entonces puede ocurrir que frustrar unos intereses sea menos malo (mal menor) que elegir «no hacer nada». Por ejemplo, es menos malo disparar a un terrorista que está disparando a la gente que elegir no dispararle. El consecuencialismo añade un «a priori» al principio de la «Regla de Oro de la Ética» quedando ésta así: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». El consecuencialismo realmente entra en juego a nivel egoísta (en el PASO 2): «a priori, mis intereses no deben ser frustrados» y luego se universaliza, pero lo he colocado al final porque creo que en este orden se entiende mejor. Por lo tanto, la razón por la que los humanos deben ser respetados no es porque sean humanos, sino porque son seres sintientes y a priori los intereses no deben ser frustrados, y eso mismo se aplica con quienes no son humanos.

4. A partir de la «Regla de Oro de la Ética» se infiere lógicamente el Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI). Como debemos respetar a todos los seres que tienen intereses entonces no considerar los intereses de alguno de ellos viola dicha Regla de Oro, lo cual puede estar originado por una discriminación arbitraria (racismo, sexismo, especismo, homofobia, egoísmo, etc.), o ser la consecuencia de elegir el mal menor. Para no ser arbitrarios, «intereses iguales deben ser considerados por igual», es a esto a lo que llamamos «Principio de Igual Consideración de Intereses»[8]. Por ejemplo, la «Regla de Oro egocentrista» por sí sola es arbitraria, es una norma irracional, pues el hecho de «ser uno mismo» no es una razón que justifique que los intereses ajenos no deban ser considerados o que deban ser considerados en menor medida.

5. Algunas personas dicen «debes tratar a los demás como quieres que te traten» o, en su forma negativa, dicen «no debes tratar a los demás como no quieres que te traten». Esta norma se ha venido a llamar hasta ahora como la «Regla de Oro de la Ética», pero es un fraude intelectual. George Bernard Shaw (1856-1950) denunció dicha norma errónea afirmando: «no hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». Tanto si no hacemos a otros lo que no queremos que nos hagan, como si les hacemos lo que queremos que nos hagan, podemos estar yendo contra los intereses de los demás. Por ejemplo, un médico que está en contra de las transfusiones de sangre no quiere que le hagan transfusiones y por lo tanto, según la «Regla de Oro de la Ética», dicha persona tampoco debe hacer transfusiones a los demás. Lo importante es considerar éticamente los intereses de las personas, no lo que nos gusta o disgusta a nosotros personalmente, y esto lo consigue la verdadera Regla de Oro: «a priori, los intereses no deben ser frustrados». Por ejemplo, si el médico no quiere que le hagan transfusiones entonces no se las deben hacer a él, pero a priori él debe hacer transfusiones a quienes las necesitan y quieren recibirlas.


6. Algunas personas hacen la pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?». Como hemos demostrado, la Regla de Oro de la Ética es «a priori, los intereses no deben ser frustrados» y ésta es una norma que se infiere lógicamente de manera irrebatible, es decir, es racional. Por lo tanto si alguien pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?» está preguntando «¿por qué debo ser racional?», y ésta es una pregunta lógicamente incorrecta porque nos pide razones para ser racionales: presupone racionalidad al solicitarnos justificar la racionalidad. La justificación resultante de la racionalidad sería circular, lo que demuestra, no que la racionalidad carezca de una justificación necesaria, sino que no necesita justificación, pues no se puede preguntar de forma inteligible a menos que ya se presuponga. Por lo tanto la pregunta «¿por qué debo cumplir con una norma que debo cumplir?» es redundante.

7. Algunas personas reconocen que, a priori, los intereses no deben ser frustrados», pero dicen que entonces «todos los intereses son igual de importantes». Sin embargo, eso está rebatido porque existe una jerarquía de intereses.[9]






ARGUMENTO: "Siempre se hizo así, es una tradición, por tanto debe ser respetada"

RESUMEN: ¿Qué es una tradición? ¿todas las tradiciones son éticamente correctas? ¿qué es el conservadurismo? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

La apelación a la tradición (también llamada argumentum ad antiquitatem o apelación a la práctica común) es una falacia lógica que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo desde antiguo, entonces es que está bien seguir haciéndolo, por ejemplo cuando alguien dice que «matar animales es éticamente correcto porque se ha hecho siempre así». Sin embargo, decir eso es una falacia porque lo éticamente correcto no tiene nada que ver con cuánto tiempo se lleva haciendo algo, sino con el respeto. Matar a humanos también se ha hecho siempre, pero eso no lo convierte en éticamente correcto. Sabemos que algo es éticamente incorrecto cuando no respeta a los demás. Matar a quien quiere seguir viviendo es no respetarle.

Palabras clave: apelación a la tradición, conservadurismo, conservadurismo cultural, costumbre, derechismo conservador, ritual, tradición


Una persona reaccionaria es aquella que es partidaria de conservar los valores políticos, sociales y morales tradicionales, generalmente religiosos, y se opone a reformas o cambios que representan un progreso ético en la sociedad. De manera despectiva, los conservadores suelen llamar «progres» a quienes defienden el progreso ético en la sociedad, es decir, a los progresistas. En el siguiente vídeo podemos ver a conservadores opinando contra el progreso ético, estos se volverán reaccionarios ante cualquier progreso social.


Conservadurismo cultural en Jordania (Link)

1. Algunas personas afirman que «NUESTRAS tradiciones son éticamente correctas, pero las tradiciones de otras culturas son éticamente incorrectas». A dicho argumento se le conoce como «apelación a la tradición» y está asociado al conservadurismo (ético-cultural y político), muy asociado con las religiones. La apelación a la tradición (también llamada argumentum ad antiquitatem o «apelación a la práctica común») es una falacia lógica que consiste en afirmar que «si algo se ha venido haciendo desde antiguo, entonces es éticamente correcto y debe seguir haciéndose». Sin embargo, que algo se venga haciendo desde hace mucho tiempo no implica que sea éticamente correcto. Tal y como dice Isaac Bashevis Singer (1902-1991): «La gente dice con frecuencia que los humanos siempre han comido carne, como si ésta fuera una justificación para continuar la práctica. De acuerdo con esta lógica, no deberíamos tratar de evitar que la gente mate a otra gente dado que esto también ha sucedido desde el comienzo de los tiempos». Una tradición no es éticamente correcta porque sí. Podemos saber si una tradición es éticamente incorrecta observando si viola la Regla de Oro de la Ética («A priori, los intereses no deben ser frustrados») y en qué medida la viola[4].


Lo normal y los nuevos paradigmas (Link)

2. La apelación a la tradición está estrechamente relacionada con la falacia de la naturaleza y ésta a su vez está relacionada con el argumento de apelación a la naturaleza. Quienes usan la apelación a la tradición suelen asociar la tradición con lo «normal», lo «normal» con lo «natural»[10], y finalmente asocian lo «natural» con el bien, con lo éticamente correcto y con el deber[11]. Este tipo de razonamiento conservador está muy presente en las religiones.

3. Algunas personas afirman que «TODAS las tradiciones son éticamente correctas». Algunas veces la «apelación a la tradición» se utiliza para justificar cualquier tradición, defendiendo de esta manera el relativismo ético. Por ejemplo, en un escrito de 1906, William Graham Sumner (1840-1910) apeló al relativismo ético usando el argumento de la tradición: «La forma “correcta” es la forma que emplearon los antepasados y que ha sido transmitida. La tradición es su propia justificación. No se la somete a verificación por la experiencia. La idea de lo correcto está en las costumbres tradicionales, no fuera de ellas ni tiene un origen independiente y que se introduce para probarlas. En las costumbres tradicionales, lo que es, es lo correcto, y así es porque son tradicionales, y de este modo contienen en sí mismas la autoridad de los espíritus ancestrales. Cuando llegamos a las costumbres tradicionales, estamos al final de nuestro análisis». Sin embargo, en otro artículo rebatí el relativismo ético al demostrar que el bien y el mal existen objetivamente[9]. Esto quiere decir que existen tradiciones éticamente correctas y tradiciones éticamente incorrectas, es decir, existen tradiciones que se deben permitir y tradiciones que se deben prohibir.


Matrix, Grandes Diálogos (Link)