RESUMEN: ¿Todos los humanos comparten una característica que los diferencia de quienes no son humanos? ¿mediante qué prueba se comprueba eso? ¿quiénes son los llamados «humanos marginales»? ¿qué es la falacia ecológica? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.
La única característica éticamente relevante que es necesaria para que un ser deba ser respetado es que tenga una conciencia, por eso decimos que la Ética es sensocentrista. Los humanos no son los únicos seres que tienen una conciencia, por lo tanto no sólo los humanos deben ser respetados. Sin embargo, algunas personas que rechazan el sensocentrismo dicen que «todos los humanos, y solo ellos, poseen una característica éticamente relevante». Sin embargo, estas personas no indican mediante qué tipo de PRUEBA podemos verificar si un ser posee o no posee esa supuesta característica éticamente relevante. La Realidad es que el conjunto formado por los seres humanos no es homogéneo, sino que es heterogéneo, y podemos verificar que los siguientes humanos no superarían la prueba que les exigen superar a animales no humanos: fetos, bebés, niños pequeños, humanos con diversidad intelectual severa, humanos con enfermedades físicas y psicológicas severas, etc. Otras personas reconocen que el conjunto de seres humanos es hetereogéneo, pero usan la falacia ecológica al inferir características de los individuos a partir de las estadísticas agregadas de un grupo al que dichos individuos pertenecen.
1. La única característica éticamente relevante que es necesaria para que un ser deba ser respetado es que tenga una conciencia. Una conciencia es alguien que siente (ser sintiente) y que tiene intereses. En otro artículo demostré que la Ética se origina en los intereses.[1] Por lo tanto, la única característica necesaria para categorizar éticamente a un ser como «persona» (en lugar de como «cosa»)
es que éste posea una conciencia. Por eso decimos que la Ética es sensocentrista[2], pues sólo los seres sintientes tienen intereses.
2. Los humanos no son los únicos seres que tienen una conciencia. A partir de estudios neurocientíficos, se ha inferido lógicamente la existencia de conciencia en seres humanos, pero también en seres de otras especies animales.[3] Por lo tanto, como la Ética es sensocentrista, los seres sintientes no humanos también deben ser respetados.
Los dos puntos anteriores rebaten el presente argumento, pero a continuación vamos a comprobar que el argumento es una falacia en sí mismo porque no es cierto que todos los humanos sean iguales en algo.
3. Algunas personas que rechazan el sensocentrismo dicen que «todos los humanos tienen en común que son humanos, por eso solo los humanos deben ser respetados». Esto es tan cierto como afirmar que «todos los hombres tienen en común que son hombres», o «todos los perros tienen en común que son perros», etc. Esto es lo mismo que decir «los humanos son humanos», «los hombres son hombres», «los perros son perros», etc. Es decir, se dice lo obvio, pero de esa obviedad no se puede inferir lógicamente una conclusión normativa como: «solo los humanos deben ser respetados», «solo los hombres deben ser respetados», «solo los perros deben ser respetados», etc. Por lo tanto el argumento es arbitrario y en su conclusión contiene una discriminación especista.[4] Ya expliqué que la normatividad ética se origina en los intereses.[1]
4. Algunas personas que rechazan el sensocentrismo dicen que «todos los seres humanos, y solo ellos, poseen una característica éticamente relevante». Es frecuente que estas personas digan que dicha característica éticamente relevante es la «racionalidad», la «inteligencia», etc. Por ejemplo, Michael Leahy[1] y Luc Ferry dicen que «solo los seres humanos tienen ciertas capacidades cognitivas». Sin embargo, es importante señalar que estas personas no indican mediante qué tipo de PRUEBA podemos verificar si un ser posee o no posee esa supuesta característica éticamente relevante. Por ejemplo, ¿mediante qué tipo de prueba podemos comprobar que un bebé humano es racional? La Realidad es que la racionalidad, la inteligencia, etc. presentan diferencias de grado en cada humano observado. La idea según la cual «todos los seres de una especie o grupo son esencialmente iguales» se llama «naturaleza del ser» o «esencia del ser», y tiene un origen religioso.[5]La Realidad es que el conjunto formado por los seres humanos no es homogéneo, sino que es heterogéneo, y podemos verificar que los siguientes humanos no superarían la prueba que les exigen superar a animales no humanos: fetos, bebés, niños pequeños, humanos
con diversidad intelectual severa, humanos con enfermedades físicas y
psicológicas severas, etc. En el debate ético, estos humanos que acabo
de enumerar han sido llamados «casos marginales» o «humanos marginales», pero la Realidad es que son muchos millones de humanos. Asimismo, si realizamos la misma prueba con animales no humanos podremos verificar que algunos de ellos la superarán.[6]
5. Algunas personas que reconocen que el conjunto de humanos es heterogéneo dicen que «todos los humanos tienen en común una determinada característica porque "la mayoría" de humanos la posee». Estas personas aceptan que algunos humanos no cumplen con la característica éticamente relevante que exigen a los animales no humanos, pero hacen uso de la falacia ecológica. La falacia ecológica (ecological fallacy), también conocida en los esquemas clásicos como «falacia de ambigüedad por división», es un error en la argumentación basado en una errónea interpretación de datos estadísticos, infiriendo las características de los individuos a partir de las estadísticas agregadas de un grupo al que dichos individuos pertenecen.
(a) Cuando se argumenta que lo que es cierto de un todo debe serlo también de cada una de sus partes.
- Sostener que, puesto que una sociedad comercial es muy importante y el señor Pérez es funcionario de esta sociedad, por tanto el señor Pérez es muy importante.
- Una cierta máquina es pesada, complicada o costosa entonces cualquier parte de la máquina también debe ser pesada, complicada o costosa.
- Fulano de Tal es un extraordinario atleta porque juega en un equipo notable.
(b) Cuando de las propiedades de una colección de elementos se deducen las propiedades de los elementos mismos. Un tipo son los estereotipos: por el hecho de pertenecer a un grupo, se aplican falazmente a un individuo alguna de las características «típicas» del grupo en general.
- Suponer que, puesto que todos los árboles de un parque dan una sombra espesa, por tanto cada árbol del parque da una sombra espesa, sería cometer el segundo género de falacia de división. Es evidente que cada árbol puede ser escuálido y lanzar una magra sombra, y sin embargo puede haber tantos que, en conjunto, den una sombra espesa. En este caso, sería cierto que todos los árboles del parque, colectivamente, dan una sombra densa, pero falso que ocurra lo mismo con todos los árboles del parque distributivamente.
- Los humanos han ido a la Luna, por lo tanto, todos los humanos han ido a la Luna.
- Los hombres han ido a la Luna, por lo tanto, todos los hombres han ido a la Luna.
- Los hombres tienen más masa muscular que las mujeres, por lo tanto, cualquier hombre tiene más masa muscular que cualquier mujer.
- Los humanos tienen más mucha capacidad de razonamiento, por lo tanto, cualquier humano tiene mucha capacidad de razonamiento.
- Los humanos tienen más capacidad de razonamiento que los animales no humanos, por lo tanto, cualquier humano tiene más capacidad de razonamiento que cualquier animal no humano.
- Pongamos que la renta per cápita en España sea superior a la renta per cápita en Colombia. Dar por supuesto que cualquier español elegido al azar tendrá una renta mayor que cualquier colombiano elegido al azar es un ejemplo de falacia ecológica, ya que la renta per cápita es un promedio y con ese sólo dato no sabemos cual es la distribución de la renta entre los individuos en cada país. Para entenderlo mejor: un caso extremo sería que un solo individuo español tuviera de renta 100.000.000.000.000 euros y el resto de los españoles 1 euro cada uno, mientras que todos los colombianos tienen de renta 2 euros. Cualquiera de los colombianos tiene una renta superior a todos los españoles excepto a uno, en cambio la renta per cápita española sería más alta. Consecuentemente, conociendo la media -que es una característica del grupo- no podemos inferir características de los individuos.
- Otro ejemplo de falacia ecológica es suponer que la presencia de una enfermedad en determinada población es prueba de que un individuo de esa población porta tal enfermedad[2].
- La vieja adivinanza: «¿Por qué las ovejas blancas comen más que las negras?» se basa en la confusión implicada en la falacia de división. Pues la respuesta «Porque hay más ovejas blancas», trata colectivamente lo que parecía considerarse distributivamente en la pregunta.
Las implicaciones éticas que sacamos del punto 4 y del punto 5 es que no se debe tratar a
todos los seres por igual, sino de acuerdo a las características
tiene cada uno. En su libro «Created from Animals: The Moral Implications of Darwinism» («Creados a partir de animales: Las implicaciones morales del Darwinismo»), el filósofo James Rachels (1941-2003) presenta el siguiente argumento: «Si A merece un trato diferente a B, la justificación debe ser en términos de que las características individuales de A y las características individuales de B. Tratarlos de diferente forma no puede justificarse basado en que uno u otro pertenece a un grupo preferencial, ni siquiera si ese grupo es el “grupo” de seres humanos».
En la siguiente intervención en el Parlamento Europeo, el derechista Janusz Korwin-Mikke dice que «las mujeres son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes, por eso deben ganar menos que los hombres». Vemos como en su argumento asume erróneamente que «todos los hombres son más fuertes, más grandes y más inteligentes que las mujeres» (punto 4) o que «la mayoría de los hombres son más fuertes, más grandes y más inteligentes que las mujeres» (punto 5). Y a partir de una de dichas premisas se inventa arbitrariamente la conclusión «las mujeres deben ganar menos que los hombres».(1) La Realidad es que si un puesto de trabajo paga en función de la fuerza o de la inteligencia entonces se evalua eso, por lo que es irrelevante si el que lo realiza es hombre o mujer.
6. Algunas de personas dicen que «si algún humano logró hacer una determinada cosa entonces todos los humanos lo lograron hacer». Por ejemplo, algunas de dichas personas dicen que «como los tripulantes de la misión Apolo 11 caminaron por la Luna entonces todos los humanos han caminado por la Luna». O, por ejemplo, algunas de dichas personas dicen que «todos los humanos hemos desarrollado la teoría de la relatividad porque la desarrolló Albert Einstein (1879-1955)». Es curioso observar que estas personas no se atribuyen a sí mismos ni a la especie humana las acciones éticamente incorrectas que realizaron algunos humanos, por ejemplo, nunca dicen «los humanos hemos violado sexualmente a otros», «los humanos hemos asesinado a otros humanos», etc. Sin embargo, la Realidad es que lo que hizo un humano lo hizo ese humano, no los demás humanos.
7. Algunas personas reconocen que algunos humanos no poseen la característica éticamente relevante que exigen a los animales no humanos, pero dicen que «aunque no poseen la característica éticamente relevante, la poseen "en potencia", por lo tanto debemos tratarles como si ya la poseyeran». Estas personas usan el argumento de la potencialidad, el cual rebatí en otro artículo.[7]
8. Algunas personas reconocen que no existe ningún «defecto» que tengan los animales no humanos que no sea también el «defecto» de un subconjunto de seres humanos, pero utilizan argumentos mediante los cuales pretenden justificar un reconocimiento «honorario» para dicho subconjunto de humanos. En otras palabras, reconocen que no existe motivo alguno para considerar éticamente a dichos «humanos marginales» (fetos, bebés, niños, humanos con diversidad intelectual grave, algunos enfermos, etc.), pero intentan protegerles como si eso fuera una estrategia para proteger al resto de humanos que, según ellos, sí que merecen consideración ética. Dichos argumentos también redultan infructuosos.[8]
Su Coeficiente Intelectual está entre 68-85. Existen bastantes diferencias entre los diferentes autores sobre si deberían o no formar parte de ella. En la realidad cuesta catalogarlos como deficientes mentales ya que son personas con muchas posibilidades, que manifiestan un retraso en el aprendizaje o alguna dificultad concreta de aprendizaje.
2.-Deficiencia mental ligera
Su C.I. está entre 52-68. Pueden desarrollar habilidades sociales y de comunicación, y tienen capacidad para adaptarse e integrarse en el mundo laboral. Presentan un retraso mínimo en las áreas perceptivas y motoras.
3.-Deficiencia mental moderada o media
Su C.I. se sitúa entre 36-51. Pueden adquirir hábitos de autonomía personales y sociales. Pueden aprender a comunicarse mediante el lenguaje oral pero presentan con bastante frecuencia dificultades en la expresión oral y en la comprensión de los convencionalismos sociales. Aceptable desarrollo motor y pueden adquirir las habilidades pretecnológicas básicas para desempeñar algún trabajo.Díficilmente llegan a dominar las técnicas instrumentales básicas.
4.-Deficiencia mental severa
Su C.I. se sitúa entre 20-35. Generalmente necesitan protección o ayuda ya que su nivel de autonomía tanto social como personal es muy pobre. Suelen presentar un importante deterioro psicomotor. Pueden aprender algún sistema de comunicación, pero su lenguaje oral será muy pobre. Puede adiestrársele en habilidades de autocuidado básico y pretecnológicas muy simple.
5.-Deficiencia mental profunda
Su Coeficiente Intelectual es inferior a 20. Presentan un grave deterioro en los aspectos sensoriomotrices y de comunicación con el medio. Son dependientes de los demás en casi todas sus funciones y actividades, ya que las deficiencias físicas e intelectuales son extremas. Excepcionalmente tienen autonomía para desplazarse y responden a entrenamientos simples de autoayuda.
Anencefalia
La anencefalia es una malformación congénita (del latín Congénitos = “Nacer con”). Es aquella que empieza a desarrollarse justo al inicio de la vida intrauterina. La palabra anencefalia significa “sin encéfalo”. El encéfalo es considerado como el centro nervioso del cerebro. Sin embargo esto no es una definición consistente. Un bebé con anencefalia es un niño definitivamente que nace sin cuero cabelludo, sin parte del cráneo, sin meninges, sin una parte del hemisferio craneal y sin cerebelo, el niño sin embargo nace con cierta parte posterior del cerebro y su tronco nervioso (Müller 1991). Muchos niños con anencefalia mueren durante el parto. La vida promedio de aquellos que sobreviven es apenas de algunas horas o días (Jaquier 2006).
(1) El detalle es que Janusz Korwin-Mikke dice que «las mujeres deben ganar menos que los hombres», en lugar de decir que «los hombres deben ganar más que las mujeres», pues eso implicaría una subida de salarios que los derechistas rechazan. (2) Antes llamada Asociación Americana sobre Retraso Mental (American Association on Mental Retardation) ahora llamada Asociación Americana sobre Discapacidad Intelectual y del Desarrollo (American Association on Intellectual and Developmental Disabilities)
[1] Leahy, M. (1991) Against liberation: Putting in animals in perspective, London: Routledge. Ferry, L. (1994 [1992]) El nuevo orden ecológico, Barcelona: Tusquets. [2] Diccionario ilustrado de términos médicos - Falacia ecológica [3] html.rincondelvago.com - La deficiencia mental
- anencephalie-info.org -> Información acerca de anencefalia, una malformación congénita fatal.
- enfermedades-raras.org -> Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER)
BIBLIOGRAFÍA
- Langbein, Laura Irwin & Allan J. Lichtman (1978) Ecological Inference. London, Sage (Series in Quantitative Applications in the Social Sciences, 10.
RESUMEN: ¿Se debe evitar hacer el mal? ¿se debe hacer el bien? es decir, ¿existe
alguna razón lógica que fundamente el deber de respetar a los demás o
tanta razón tiene el que hace el mal como el que hace el bien? ¿por qué debemos respetar a los demás? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.
Una cosa es una descripción (lo que es) y otra cosa es una prescripción o norma (lo que debe ser). Inferir una conclusión normativa (un 'DEBE') a partir de premisas descriptivas (un 'ES') es
ilógico, es una falacia llamada «falacia lógica». La única manera de llegar lógicamente a una conclusión normativa es si hay una norma entre las premisas, pero entonces es necesario una premisa que contenga una norma autoevidente para no caer en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que diga «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que diga «mi interés no debe frustrarse». El deber se origina en cada interés de cada sujeto y en base a que dicho deber es universalizable entonces inferimos lógicamente la norma: «los intereses no deben ser frustrados». Como la Ética es consecuencialista entonces eso añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» como sigue: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». Por lo tanto, la razón por la que los humanos deben ser respetados no es porque sean humanos, sino porque son seres sintientes y a priori los intereses no deben ser frustrados, y eso mismo se aplica con quienes no son humanos.
En mi artículo sobre el bien y el mal[1] demostré que existen lo bueno universal (el bien) y lo malo universal (el mal): a cualquiera que le satisfagan un interés lo considera bueno, y a cualquiera que le frustren un interés lo considera malo, independientemente de las buenas o malas consecuencias posteriores a dicha satisfacción o a dicha frustración. Por lo tanto existe una base objetiva sobre la que intentar fundamentar las normas (también llamadas «prescripciones» o «deberes») que impone racionalmente la Ética, pero:
1. Algunas personas dicen que «del HECHO de que existan el bien y el mal no se puede inferir lógicamente la conclusión de que DEBAMOS hacer el bien y evitar el mal». De esta manera denuncian la ilegitimidad del paso del SER al DEBER SER, también llamada «ley de Hume», «guillotina de Hume» o «navaja de Hume», pues es una falacia lógica que fue denunciada originalmente por David Hume (1711-1776) en su libro «Tratado de la naturaleza humana» (1739) de la siguiente manera: «En cada uno de los sistemas de moralidad con que hasta la fecha me he tropezado he observado que invariablemente el autor procede, durante un cierto tiempo, razonando a la usanza ordinaria (estableciendo, por ejemplo, la existencia de Dios, o haciendo observaciones relativas a los asuntos humanos) pero, de pronto, me encuentro sorprendido al comprobar que, en lugar de la cópula ES que, usualmente interviene en las proposiciones, ha dejado paso al verbo DEBE. El cambio es casi imperceptible, pero reviste, sin embargo, la máxima importancia. Porque, dado que dicho DEBE expresa una relación de nuevo cuño, es menester tomar nota del mismo y explicarlo». Es decir, de una descripción no se puede inferir lógicamente una norma, dice correctamente Hume. Sin embargo, en el presente artículo demostraré que existe una solución.
2. La falacia lógica es habitualmente usada por quienes afirman que existe una «naturaleza del ser», según la cual «debemos hacer lo que nuestra naturaleza nos dicta, pues no hacerlo es ir "contra natura", "antinatural" o "no natural"». En mi artículo sobre la «apelación a la naturaleza»[2]
mostré que la idea de «la naturaleza del ser» tiene un origen religioso, según el cual un supuesto «dios» nos creó a todos los animales con una «naturaleza» y con unas funciones «naturales»[3] que debemos realizar
por obediencia hacia «él». Lo de la obediencia también lo rebatí.[4] Por ejemplo, los dos siguientes argumentos son ilógicos porque infieren normas a partir de descripciones de hechos:
(P1) Existen humanos que tienen un útero. (descripción)
(P2) El útero es un órgano del aparato reproductor. (descripción)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos porque esa es su naturaleza. (norma que usa la falacia lógica) (Ejemplo)
(P1) Los leones tienen garras. (descripción)
(P2) Las garras de los leones son para cazar. (descripción)
(C) Los leones deben cazar porque esa es su naturaleza. (norma que usa la falacia lógica)
Más ejemplos de falacias lógicas: «ser vegetariano no es natural, es antinatural, por lo tanto no debemos ser vegetarianos», «ser vegetariano es natural, por lo tanto debemos ser vegetarianos», «la homosexualidad no es natural, es antinatural o «contra natura», por lo tanto debemos rechazar la homosexualidad», etc. son ejemplos de falacias lógicas.
Algunas personas dicen que «la Ética se fundamenta lógicamente en el Principio Lógico de Identidad mismo (A=A)». En el artículo «El principio de identidad» (consultado el 03-02-2019), que comienza con una cita del relativista-discursista Karl-Otto Apel (1922-2017) y que continúa con pura paja, Luis Tovar intenta fundamentar racionalmente la Ética en el Principio Lógico de Identidad mismo. El Principio Lógico de Identidad es el principio esencial de la Lógica, según el cual toda entidad ES idéntica a sí misma, es decir, «lo que es, es» y en su forma negada «lo que no es, no es», que también se representa como A=A. Sin embargo, Luis Tovar dice en su artículo: «El principio lógico de identidad expresa que cada ente es él mismo [A=A] y no otro distinto. Esto se corresponde en el ámbito empírico con lo que entendemos por sintiencia o conciencia sensitiva. No se corresponde meramente con la existencia ni con la vida como proceso biológico. Ya que ni la existencia ni la vida implican de por sí el tener conciencia de sí mismas. La existencia es el fenómeno primordial [el ser] y la vida no es en esencia más que un mecanismo natural —como la digestión. Tanto la existencia en sí misma y como vida se expresan simplemente como "A". Solamente aquella existencia que se reconoce a sí misma como existente, se puede expresar como "A=A", es decir, como identidad». A falta de que él lo haga, voy a intentar formular formalmente las ideas raras de Luis (que me corrija):
(P1) La existencia sin conciencia se expresa como "A" (ejemplo: una piedra (A), una planta (B))
(P2) Debemos respetar el Principio Lógico de Identidad (A=A).
(P3) Cada ente es él mismo (A=A) y no otro distinto.
(P4) A=A se corresponde con la sintiencia o conciencia sensitiva.
(C) Por lo tanto debemos respetar a las conciencias.
No, Luis. El Principio Lógico de Identidad se corresponde con cualquier entidad empírica o idea, no sólo con las conciencias. Una piedra (A) no es otra piedra (B) y tampoco es un árbol (C). Una piedra (A) no es un ser sintiente y sin embargo una piedra es esa misma piedra (A=A). El símbolo '=' de la expresión A=A no es la conciencia ni la autoconsciencia, sino la afirmación de que «lo que ES, ES eso mismo y no otra cosa», es decir, la representación simbólica del Principio Lógico de Identidad (A=A). Dicho principio lógico se aplica a todo. Una conciencia es esa misma conciencia, no otra conciencia. Si alguien dice algo absurdo como «esta piedra no es esta piedra» entonces contradice el Principio Lógico de Identidad, es decir, está negando la Realidad, como hacen las personas que pierden la cabeza, pero si no perjudica a nadie es éticamente correcto que lo diga. El Principio Lógico de Identidad (A=A) no implica ningún deber, pues el deber se origina en los intereses. El Principio Lógico de Identidad es la herramienta que tenemos para
inferir lógicamente la Regla de Oro de la Ética a partir de dichos intereses que todas las conciencias tenemos. A=A no quiere decir que «A debe ser A», sino «A es A». La Realidad es que las personas cambian (física y psicológicamente) a cada instante sin que se viole el Principio Lógico de Identidad: At=At, At+1=At+1, At+2=At+2, ..., At+n=At+n, siendo t un instante de tiempo. A partir del hecho de que cada persona ES lo que ES en cada instante de tiempo, no se puede inferir lógicamente que tengamos el deber de no cambiar (o de respetar) a las personas. Vemos que Luis Tovar usa la falacia lógica cuando intenta fundamentar la Ética sin usar los intereses, y por lo tanto todo su blog se queda sin fundamentación racional.
Lo cierto es que el artículo de Luis presenta muy poca claridad e incluso contradicciones. Por ejemplo, Luis dice «lo que yo defiendo aquí es que el principio lógico de identidad no sólo está necesariamente unido con el principio ontológico de identidad sino que también correspondería con el principio psicológico de identidad, es decir, la conciencia entendida como conciencia sensitiva» y tres párrafos despues se contradice: «El principio lógico de identidad expresa que cada ente es él mismo [A=A] y no otro distinto. Esto se corresponde en el ámbito empírico con lo que entendemos por sintiencia o conciencia sensitiva. No se corresponde meramente con la existencia ni con la vida como proceso biológico». No voy a intentar descifrar lo que Luis pretende decirnos, pues la fundamentación de la Ética no es un «misterio» como la religión, sino la ciencia del deber a priori.
Para finalizar, señalo que cuando Luis dice que «la vida no es en esencia más que un mecanismo natural» está usando la falacia de la naturaleza, pues todo es naturaleza y natural, lo «no natural» no existe: los mecanismos «no naturales» no existen; Luis se refiere a mecanismos no artificiales.[5]
3. La Ética sí que se puede fundamentar racionalmente. A continuación demuestro en 4 pasos cómo se fundamenta racionalmente la Ética sin hacer uso de la falacia lógica:
PASO 1: Podemos llegar a una conclusión normativa si hay una norma entre las premisas. David Hume denunció correctamente que es falaz inferir lógicamente una conclusión normativa a partir de premisas no normativas. Para poder inferir lógicamente una conclusión normativa es necesario que al menos una de las premisas sea normativa. Es decir, para que un «debe» aparezca en la conclusión de un razonamiento lógico es necesario que al menos exista un «debe» entre las premisas. Por ejemplo, el siguiente argumento normativo no usa la falacia lógica porque hay una norma entre las premisas (P4); por lo tanto es un argumento lógicamente válido o coherente, pero el error que presenta es que las premisas P1 y P2 son falsas y por lo tanto la conclusión C también es falsa.
Además, la premisa P4 es obediencia a «alguien», lo cual no es racionalidad, sino arbitrariedad[4] (por ejemplo, Lane Craigdefiende la arbitrariedad del mandato divino para no usar la falacia lógica).
PASO 2: Es necesario que la premisa normativa sea una verdad absoluta para no caer en la arbitrariedad ni en una regresión infinita cuando se pregunta «¿por qué?». Como expliqué antes, es necesario que una premisa sea normativa para poder inferir lógicamente una conclusión normativa, pero si preguntamos ¿por qué debemos hacer lo que dice esa premisa? eso nos llevará a una norma anterior y así consecutivamente hasta el infinito (ad infinitum). Para poder parar dicha regresión infinita necesitamos una norma (deber) que sea una verdad absoluta. En un artículo anterior expliqué que es una verdad absoluta que toda persona siempre quiere que no se frustren sus propios intereses, es decir, quiere que se satisfagan sus propios intereses, por eso los intereses no pueden ser autofrustrados[1], pues sería contradictorio. Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho, pues si quisiera que dicho interés fuera frustrado entonces no tendría ese interés. Por lo tanto, si alguien tiene un interés entonces es lógicamente contradictorio que quiera y diga: «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que quiera y diga: «mi interés no debe ser frustrado». Debido a ello, en la medida de sus posibilidades intentará impedir que sus intereses sean frustrados. Hay que tener en cuenta que alguien puede estar coaccionado por necesidad o por amenazas (se frustró su interés en no ser coaccionado) y que por eso tenga interés en hacer cosas que no querría tener interés en hacer. Todo esto nos muestra que la existencia de un interés implica la existencia de una norma (deber) a nivel subjetivo. Por lo tanto, inferimos la siguiente conclusión irrebatible desde un punto de vista egocentrista[6], es decir, desde un punto de vista «ético» limitado a uno mismo: «mis intereses no deben ser frustrados».
PASO 3: La «Regla de Oro egocentrista» no tiene en cuenta a los demás. Si se acepta la Realidad teniendo en cuenta los intereses de los demás entonces se infiere la «Regla de Oro de la Ética». Es decir, «MIS intereses no deben ser frustrados», pero la Realidad es que no sólo existe una persona, sino que existen muchas otras y todas ellas defienden lógicamente que sus intereses no deben ser frustrados, por lo tanto lógicamente inferimos la conclusión de que «LOS intereses no deben ser frustrados».
(P1) MIS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro Psicópata)
(P2) Lógicamente todos afirman: «MIS intereses no deben ser frustrados».
(C) LOS intereses no deben ser frustrados.(Regla de Oro de la Ética No Consecuencialista)
PASO 4: Añadimos a la Regla de Oro el consecuencialismo. Como la Ética es consecuencialista[7] porque también existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que ocurre por dichas omisiones, entonces puede ocurrir que frustrar unos intereses sea menos malo (mal menor) que elegir «no hacer nada». Por ejemplo, es menos malo disparar a un terrorista que está disparando a la gente que elegir no dispararle. El consecuencialismo añade un «a priori» al principio de la «Regla de Oro de la Ética» quedando ésta así: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». El consecuencialismo realmente entra en juego a nivel egoísta (en el PASO 2): «a priori, mis intereses no deben ser frustrados» y luego se universaliza, pero lo he colocado al final porque creo que en este orden se entiende mejor. Por lo tanto, la razón por la que los humanos deben ser respetados no es porque sean humanos, sino porque son seres sintientes y a priori los intereses no deben ser frustrados, y eso mismo se aplica con quienes no son humanos.
4. A partir de la «Regla de Oro de la Ética» se infiere lógicamente el Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI). Como debemos respetar a todos los seres que tienen intereses entonces no considerar los intereses de alguno de ellos viola dicha Regla de Oro, lo cual puede estar originado por una discriminación arbitraria (racismo, sexismo, especismo, homofobia, egoísmo, etc.), o ser la consecuencia de elegir el mal menor. Para no ser arbitrarios, «intereses iguales deben ser considerados por igual», es a esto a lo que llamamos «Principio de Igual Consideración de Intereses»[8]. Por ejemplo, la «Regla de Oro egocentrista» por sí sola es arbitraria, es una norma irracional, pues el hecho de «ser uno mismo» no es una razón que justifique que los intereses ajenos no deban ser considerados o que deban ser considerados en menor medida.
5. Algunas personas dicen «debes tratar a los demás como quieres que te traten» o, en su forma negativa, dicen «no debes tratar a los demás como no quieres que te traten». Esta norma se ha venido a llamar hasta ahora como la «Regla de Oro de la Ética», pero es un fraude intelectual. George Bernard Shaw (1856-1950) denunció dicha norma errónea afirmando: «no hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». Tanto si no hacemos a otros lo que no queremos que nos hagan, como si les hacemos lo que queremos que nos hagan, podemos estar yendo contra los intereses de los demás. Por ejemplo, un médico que está en contra de las transfusiones de sangre no quiere que le hagan transfusiones y por lo tanto, según la «Regla de Oro de la Ética», dicha persona tampoco debe hacer transfusiones a los demás. Lo importante es considerar éticamente los intereses de las personas, no lo que nos gusta o disgusta a nosotros personalmente, y esto lo consigue la verdadera Regla de Oro: «a priori, los intereses no deben ser frustrados». Por ejemplo, si el médico no quiere que le hagan transfusiones entonces no se las deben hacer a él, pero a priori él debe hacer transfusiones a quienes las necesitan y quieren recibirlas.
El imperativo categórico de la universalidad de Inmanuel Kant (1724-1804) dice: «Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal» y su variante «o de la ley de la naturaleza». El imperativo categórico de la universalidad es la mejora de la antigua Regla de Oro, la cual fue un gran salto de la conciencia ética humana. La adopción de la Regla de Oro ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo: Grecia, India, Oriente Próximo, China, etc. en torno al siglo VI a.C., durante la llamada «Era axial», bautizada así por Karen Amstrong en su libro «The Great Transformation» (La Gran Transformación). La Regla de Oro está presente en los textos sagrados de muchas religiones. La antigua y tradicional Regla de Oro dice: «No trates a los demás como no quieras que te traten a ti», que expresada igualmente de manera opuesta es «Trata a los demás como quieres que te traten a ti». Esta regla presenta dificultades, como denunció George Bernard Shaw cuando dijo: «No hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». El problema de que cada persona tiene unos gustos e intereses diferentes se soluciona asumiendo la verdadera Regla de Oro: «A priori, los intereses no deben ser frustrados», esta vez sí, una Regla de Oro que infiere la universalidad ética de una manera lógica.
A continuación vamos a dar un repaso al universalismo ético que planteó Inmanuel Kant (1724-1804) y seguidamente mostraré la crítica que le hizo Leszek Kołakowski (1927-2009) en cuanto a la relación existente entre moralidad y racionalidad.
Los escritos éticos de Kant defienden que la obligación moral no deriva ni de Dios, ni de las autoridades y comunidades humanas, sino de la razón. La ética deontológica planteada por Kant se basa en dos imperativos categóricos: el «Imperativo categórico de la universalidad» que ya he mencionado, y que proporciona la estructura lógica, y el «Imperativo categórico del reino de los fines», que proporciona el contenido.
- Imperativo categórico de la universalidad: con dicho imperativo, Kant viene a decir que existe una verdad universal para la razón práctica: "Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal" y su variante "o de la ley de la naturaleza".
El imperativo categórico de la universalidad es la mejora de la antigua Regla de Oro, la cual fue un gran salto de la conciencia ética humana. La adopción de la Regla de Oro ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo –Grecia, India, Oriente Próximo, China- en torno al siglo VI a.C., durante la llamada "Era axial", bautizada así por Karen Amstrong en su libro La gran transformación. La Regla de Oro está presente en los textos sagrados de muchas religiones:
- "Haz por aquel que puede hacer por ti, de modo que le induzcas a obrar igual." Antiguo Egipto. La historia del campesino elocuente, pag.109-110, según la traducción inglesa de R. B. Parkinson. El original data de 1970-1640 a.C., y puede ser la primera versión puesta por escrito.
- Islam: "Ninguno de vosotros es un creyente a menos que desee para su hermano lo que desee para sí mismo." Hadiz de Al-Nawawi en el Islam.
- "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos." Jesús en el Sermón de la montaña (San Mateo 7, 12.)
- "No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo." Moisés, profeta reconocido por el judaísmo, el cristianismo y el islam (Levítico 19, 18)
- "Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tu prójimo. Esta es toda la ley; lo demás sólo es comentario." Enseñanza del Rabino Hillel (Talmud, Shabbat 31a) en el Judaismo
- "No hagas a los demás lo que te causaría dolor si te lo hicieran a ti." (Mahabharata 5: 1517) en el hinduismo
- "No lastimes a los demás con lo que te aflige a ti mismo." Buda
- "Los hombres dotados de inteligencia y las almas purificadas deberían tratar a los demás como ellos mismos quisieran ser tratados." Krishna
- "No hagas a los demás lo que no es bueno para ti." Zoroastro
- "Sólo es bueno el carácter que se abstiene de hacer a otro lo que no es bueno para sí mismo". Zoroastrismo. Dadistan-i-dinik 94:5
- "Bendito el que prefiere a su hermano antes que a sí mismo." Bahaísmo
- "Trata a los demás como tú quisieras que te trataran." Máxima del sikhismo
- "El hombre debe esforzarse por tratar a todas las criaturas como a él le gustaría que le tratasen." Máxima del Jainismo
- "Que me sea dado hacer a los otros lo que yo quisiera que me hiceran a mí." Platón
- "No hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran." Confucio
La existencia de la Regla de Oro fue comprobada por Herodoto (484-425 a.C.) en distintos pueblos de la antigüedad. Otros filósofos como Isócrates, Séneca, Tolstoi, etc. también dan cita de ella.
"Antes de hacer o no hacer con los otros animales, pregúntate si estarías dispuesto admitirlo en los humanos, incluyéndote a ti." Norbert Bilbeny
- Imperativo categórico del reino de los fines: con dicho imperativo, Kant viene a decir que el ser humano, por ser un animal racional, posee dignidad, y sería uno de los antecedentes a la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la ONU en París: «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio».(1) De esta manera arbitraria, Kant limita la consideración de intereses sólo a su grupo preferencial: los humanos. Kant era antropocentrista, por eso su teoría ética discrimina arbitrariamente a quienes no son humanos.
ATAQUES AL UNIVERSALISMO ÉTICO
Algunos autores, principalmente Leszek Kołakowski, han intentado rebatir tanto la universalidad como el reino de los fines de Kant, defendiendo que la moral no puede fundamentarse racionalmente sino sólo desde el ámbito de lo sagrado, es decir, desde la religión. A continuación mostramos como intenta rebatir Kolakowski la universalidad kantiana[2]:
«no hay ninguna razón por la que esos principios tengan que tener necesariamente validez universal [...]. No soy en absoluto inconsecuente si prefiero que otra gente siga reglas que yo no quiero cumplir. Si, por continuar con el ejemplo dado más arriba, yo miento siempre que me apetece, pero quiero que todos los demás sean invariablemente francos, soy perfectamente consecuente. Siempre puedo, sin contradecirme a mí mismo, rechazar los argumentos de quienes traten de convertirme o empujarme a cambiar mi modo de actuar diciéndome: '¿Y si todos hicieran lo mismo?'; porque puedo responder, coherentemente, o que no me preocupa la conducta de los demás o que quiero positivamente que obedezcan las normas que yo me niego a observar. En otras palabras, un imperativo que exija que yo, me guíe por normas que desearía que fuesen universales no tiene, en sí, fundamento lógico ni psicológico; yo puedo rechazarlo sin caer en contradicciones». Leszek Kołakowski
Y así intenta rebatir Kolakowski el reino de los fines kantiano[3]:
«En efecto, siempre puede argüirse que si el hombre, con conciencia de lo contingente de su posición en el universo, declara ser el supremo legislador en cuestiones de bien y de mal, no tiene fundamento convincente alguno para respetarse a sí mismo ni para respetar nada y que la idea misma de dignidad, si no es una fantasía caprichosa, sólo puede basarse en la autoridad de una Mente indestructible. A cualquier noción antropocéntrica del mundo puede objetársele lo que dicen los racionalistas sobre la creencia religiosa: que tal noción no es sino una invención imaginaria para compensar la justificada y deprimente conciencia del hombre de su propia flaqueza, fragilidad, incertidumbre, finitud. La dignidad humana no puede validarse dentro de un concepto naturalista del hombre». Leszek Kołakowski
A partir de ello, algunas personas afirman que no es posible fundamentar racionalmente el deber ético, sino que sólo es posible fundamentar normas mediante la religión. Sin embargo, en otro artículo demostré que la religión no puede fundamentar racionalmente las normas[8]. Y en el presente artículo demuestro cómo la Ética se fundamenta racionalmente.
6. Algunas personas hacen la pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?». Como hemos demostrado, la Regla de Oro de la Ética es «a priori, los intereses no deben ser frustrados» y ésta es una norma que se infiere lógicamente de manera irrebatible, es decir, es racional. Por lo tanto si alguien pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?» está preguntando «¿por qué debo ser racional?», y ésta es una pregunta lógicamente incorrecta porque nos pide razones para ser racionales: presupone racionalidad al solicitarnos justificar la racionalidad. La justificación resultante de la racionalidad sería circular, lo que demuestra, no que la racionalidad carezca de una justificación necesaria, sino que no necesita justificación, pues no se puede preguntar de forma inteligible a menos que ya se presuponga. Por lo tanto la pregunta «¿por qué debo cumplir con una norma que debo cumplir?» es redundante.
7. Algunas personas reconocen que, a priori, los intereses no deben ser frustrados», pero dicen que entonces «todos los intereses son igual de importantes». Sin embargo, eso está rebatido porque existe una jerarquía de intereses.[9]
MacIntyre intentó probar que para David Hume es razonable inferir (no deductivamente) lo que debe hacerse a partir del interés común. Hume entendería el deber como aquellas acciones que son de interés común a largo plazo. Dice MacIntyre: «...la noción de ‘deber’ sólo se explica para Hume en término de la noción de consensus de interés. Decir que "debemos hacer algo" es afirmar que "hay una regla comúnmente aceptada; la existencia de tal regla presupone un consenso de opinión en cuanto a nuestros intereses comunes».
Si no podemos evitar que los intereses sean frutrados entonces deberemos causar la frustración que cause un menor mal, siempre teniendo en cuenta las posibles consecuencias en cada caso. Todos los individuos sintientes comienzan a existir por defecto con las mismas necesidades biológicas (respiración, hidratación, nutrición, temperatura adecuada, etc.) y por lo tanto con unos intereses básicos que sirven de punto de referencia a la hora de valorar y priorizar intereses. El interés de seguir viviendo sin sufrimiento es un interés básico que está
compuesto por el interés de seguir viviendo y el interés de no sufrir. El interés de seguir viviendo es condición necesaria para poder satisfacer el interés de disfrutar, pues si dicho interés es frustrado
entonces la vida termina. El interés de no sufrir hace de contrapeso al interés de disfrutar,
es decir, a menor sufrimiento, mayor será posibilidad de satisfacer el interés de disfrutar; siendo imposible que una persona disfrute cuando está padeciendo un gran sufrimiento.
En la teoría, el ideal ético es que los intereses no deben ser frustrados, pero en la práctica se producen continuamente conflictos de intereses[8] y frustración. Si no podemos evitar que se frustren intereses entonces debemos seguir el principio de elección de consecuencias menos malas: lo racional es elegir el mal menor. Siempre que nos veamos obligados a elegir entre dos o más opciones malas también debemos tener en cuenta las posibles consecuencias a nivel general o a largo plazo -lo cual ya depende de estrategias y políticas más o menos acertadas, pues desconocemos las consecuencias que nuestras acciones inmediatas tendrán en el futuro.
Si inevitablemente un interés va a ser frustrado entonces lo racional es que en su lugar sea frustrado otro interés de menor importancia, es decir, debemos producir la menor frustración posible. Por ejemplo, un niño tiene interés en que no le pongan una inyección (interés en no sufrir), pero ello puede ser necesario para anestesiarle y así poderle operar sin que sufra un intenso dolor, por lo tanto, si aplicamos el principio de elección de la opción menos mala entonces debemos elegir ponerle la inyección; haremos algo éticamente incorrecto, pues frustraremos el interés del niño a no ser pinchado con una aguja, pero habremos elegido la opción menos mala, pues operarle sin anestesia y no operarle son opciones más malas respecto de los intereses del niño. Si en lugar de un niño fuera un agente ético entonces éste puede preferir ser operado sin anestesia o no ser operado, siempre que se le informe de
las posibles consecuencias deberemos respetar su decisión.
En el caso de que los intereses amenazados sean los de varios individuos entonces deberemos elegir la opción que perjudique al menor número de ellos[9] si consideramos que el valor objetivo de las vidas es equivalente; o elegiremos la opción que perjudique al menor numero de vidas más valiosas en el caso de que consideremos que el valor objetivo de las vidas no es equivalente[10].
Podemos
normalizar el principio de elección de consecuencias menos malas como "la menor frustración para el mayor número de personas", considerando que las vidas de las personas sean objetivamente igual de valiosas, lo cual no es lo que defendemos aquí, sino una gradualidad del valor de la vida de las personas, por lo que la normalización del principio de elección de consecuencias menos malas quedaría como "la menor frustración para el mayor número de personas más valiosas", precísamente esas personas valiosas son las que ayudan a reducir la frustración.
LÓGICA Y ÉTICA
Según el intuicionismo y el emotivismo ético, los juicios morales son la expresión de actitudes irracionales, o al menos no racionales, de aprobación o desaprobación y, por lo tanto, no se puede razonar sobre cuestiones morales. El intuicionismo y el emotivismo ético llegan a esa conclusión porque añaden una premisa falsa, a saber, la de que las únicas cuestiones sobre las que podemos razonar son las fácticas, es decir, sobre los hechos.
Ya Aristóteles hablaba de los silogismos prácticos (syllogismói ton praktón) los cuales llegan a conclusiones normativas a partir de premisas asimismo normativas. En este mismo sentido habló Kant en su Crítica de la Razón Práctica(1785, B A 101 = 448). La lógica deóntica (del deber), que opera con prescripciones, no es menos lógica ni menos deductiva que la lógica enunciativa o apofántica, que opera con enunciados y valores de verdad. De una prescripción siempre podemos dar razón (a esto se llama argumentar) por medio de otra prescripción.
El prescriptivismo ético, cuyo principal representante es R. M. Hare (1919-2002), se caracteriza por encadenar deductivamente una serie de prescripciones: "Debe hacerse X, porque debe hacerse Y, porque debe hacerse Z". Al prescriptivismo se le suele poner como objección que no puede dar razón sobre las razones últimas. Sin embargo, eso no impide que el prescriptivismo muestre las inconsistencias lógicas entre prescripciones contradictorias. Por lo tanto, el principal interés de quien estudia la filosofía práctica debería ser el conocimiento de las reglas que rigen la consistencia.
No debemos confundir lo universal con lo general. Hay que tener en cuenta que no debemos confundir lo universal con lo general, pues lo universal puede ser algo concreto. Por lo tanto la existencia de excepciones en las prescripciones universales no las rebaten. En 1972 R.M. Hare (1919-2002) publicó un ensayo titulado «El prescriptivismo universal», en el que explica la diferencia entre lo universal y lo general de la siguiente manera: «No hay que confundir la universalidad con la generalidad (Hare, 1972, pág. 1 ss.). El principio que implica un enunciado de «debe» puede ser muy específico, complejo y detallado, quizás demasiado complejo para expresarlo en palabras. No tiene que ser muy general y simple. Por ello, las críticas a la universalizabilidad, según las cuales nos hace esclavos de reglas muy simples, no dan en el blanco. Por poner un ejemplo que causó problemas a Kant: mis principios morales no tienen que ser tan generales como "nunca digas mentiras"; pueden ser más específicos, como "nunca digas mentiras excepto cuando es necesario para salvar una vida inocente, y excepto cuando ..., y excepto cuando ..." (Kant, 1797)».
[1] A.C. MacIntyre, op. cit., citado por W.D. Hudson, La filosofía moral contemporánea, Alianza Universidad,Madrid, 1987. Trad: José Hierro Pescador. [2] Leszek Kolakowski, Si Dios no existe... (cit.), pag. 190. [3] Leszek Kolakowski, Si Dios no existe... (cit.), pag. 214-215.
RESUMEN: ¿Qué es una tradición? ¿todas las tradiciones son éticamente correctas? ¿qué es el conservadurismo? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.
La apelación a la tradición (también llamada argumentum ad antiquitatem o apelación a la práctica común) es una falacia lógica que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo desde antiguo, entonces es que está bien seguir haciéndolo, por ejemplo cuando alguien dice que «matar animales es éticamente correcto porque se ha hecho siempre así». Sin embargo, decir eso es una falacia porque lo éticamente correcto no tiene nada que ver con cuánto tiempo se lleva haciendo algo, sino con el respeto. Matar a humanos también se ha hecho siempre, pero eso no lo convierte en éticamente correcto. Sabemos que algo es éticamente incorrecto cuando no respeta a los demás. Matar a quien quiere seguir viviendo es no respetarle.
Generalmente, a las acciones que vienen repitiendo socialmente desde hace mucho tiempo se las conoce como costumbres o tradiciones. Igualmente, la repetición está muy presente en los rituales. Las costumbres y tradiciones, aunque no sean seguidas por todos sus integrantes, dan información sobre el tipo de carácter del grupo cultural que las practica, es decir, sobre su moral. La moral surgió de manera supervivencial como parte de la estructura social y antropológica básica. Las morales han acompañado a la humanidad desde que sus individuos comenzaron a ser animales sociales complejos.
El origen de la palabra «Ética»
La palabra «Ética» (ethikos (ἠθικός), significa 'teoría de la vida') y deriva de las palabras griegas éthos y êthos (ἦθος). La palabra éthos significa costumbre, hábito, repetición. La palabra êthos posee dos sentidos fundamentales. En un principio la palabra êthos significaba «residencia», «morada», «lugar donde se habita»[1]. Para el poeta Homero (siglo VIII a.C.),êthos era el «lugar habitado por seres humanos y animales». A partir de este significado originario, la palabra êthos fue evolucionando hasta llegar a significar «el lugar interior en el que vive el individuo», es decir, su carácter. Heráclito (535-484 a.C.) dijo que «el carácter del hombre es su destino»(1)[2], y podría hacerse una analogía diciendo que el carácter de un pueblo es su destino. Esta idea de que el mal carácter de un pueblo le llevará a la decadencia enlazaría con las ideas que expone Andrew M. Lobaczewski en su libro «Ponerología política: una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos»[1].
Platón (427-347 a.C.) dirá «pân êthos díà éthos», que quiere decir: «todo carácter procede de la costumbre, del hábito»[3]. Los griegos, mediante el comercio, los viajes y la guerra conocían perfectamente una gran variedad de costumbres. Platón atribuye al sofista Protágoras (485-411 a.C.) la defensa del argumento de que la costumbre humana determina lo que es éticamente correcto (Teeteto, 172 A.B.).
Finalmente Aristóteles definirá el êthos como «hábito, carácter o modo de ser» que se va incorporando en el ser humano a lo largo de su existencia a través de la costumbre, de la repetición[4]: «La virtud [intelectual] toma su origen e incremento del aprendizaje en su mayor parte, por lo que necesita experiencia y tiempo; la moral, en cambio, se origina a partir de la costumbre, por lo que incluso de la costumbre ha tomado el nombre con una pequeña variación». De ahí la importancia de la educación, así lo explica Aristóteles en «Ética a Nicómaco»[5]: «no es pequeña la diferencia entre habituarse en un sentido o en otro ya desde jóvenes; es de gran importancia o, mejor, de la máxima importancia».
El origen de la palabra «moral»
Las palabras griegas êthos y éthos fueron traducidas por Cicerón (106-43 a.C.) al latín como mos, de lo cual resultará la palabra «moral». En la traducción prevaleció el significado de costumbre o hábito frente al de carácter, por lo que se pasó de un significado en el que prevalecía el carácter moral a otro en el que prevalecían los hábitos y, progresivamente, centrándose cada vez más en reflexionar y juzgar los actos particulares como buenos o malos. En la moral intervienen aquellos juicios que, inspirados por patrones culturales establecidos, generalizan las conductas sociales humanas, en cambio, la Ética (Filosofía moral) es la reflexión racional sobre dichas conductas[2].
Una persona reaccionaria es aquella que es partidaria de conservar los valores políticos, sociales y morales tradicionales, generalmente religiosos, y se opone a reformas o cambios que representan un progreso ético en la sociedad. De manera despectiva, los conservadores suelen llamar «progres» a quienes defienden el progreso ético en la sociedad, es decir, a los progresistas. En el siguiente vídeo podemos ver a conservadores opinando contra el progreso ético, estos se volverán reaccionarios ante cualquier progreso social.
1. Algunas personas afirman que «NUESTRAS tradiciones son éticamente correctas, pero las tradiciones de otras culturas son éticamente incorrectas». A dicho argumento se le conoce como «apelación a la tradición» y está asociado al conservadurismo (ético-cultural y político), muy asociado con las religiones. La apelación a la tradición (también llamada argumentum ad antiquitatem o «apelación a la práctica común») es una falacia lógica que consiste
en afirmar que «si algo se ha venido haciendo desde antiguo, entonces es éticamente correcto y debe seguir haciéndose». Sin embargo, que algo se venga haciendo desde hace mucho tiempo no implica que sea éticamente correcto. Tal y como dice Isaac Bashevis Singer (1902-1991): «La gente dice con frecuencia que los humanos siempre han comido carne, como si ésta fuera una justificación para continuar la práctica. De acuerdo con esta lógica, no deberíamos tratar de evitar que la gente mate a otra gente dado que esto también ha sucedido desde el comienzo de
los tiempos». Una tradición no es éticamente correcta porque sí. Podemos saber si una tradición es éticamente incorrecta observando si viola la Regla de Oro de la Ética («A priori, los intereses no deben ser frustrados») y en qué medida la viola[4].
2. La apelación a la tradición está estrechamente relacionada con la falacia de la naturaleza y ésta a su vez está relacionada con el argumento de apelación a la naturaleza. Quienes usan la apelación a la tradición suelen asociar la tradición con lo «normal», lo «normal» con lo «natural»[10], y finalmente asocian lo «natural» con el bien, con lo éticamente correcto y con el deber[11]. Este tipo de razonamiento conservador está muy presente en las religiones.
3. Algunas personas afirman que «TODAS las tradiciones son éticamente correctas». Algunas veces la «apelación a la tradición» se utiliza para justificar cualquier tradición, defendiendo de esta manera el relativismo ético. Por ejemplo, en un escrito de 1906, William Graham Sumner (1840-1910) apeló al relativismo ético usando el argumento de la tradición: «La
forma “correcta” es la forma que emplearon los antepasados y que ha sido transmitida. La tradición es su propia justificación. No se la somete a verificación por la experiencia. La idea de lo correcto está en las costumbres tradicionales, no fuera de ellas ni tiene un origen independiente y que se introduce para probarlas. En las costumbres tradicionales, lo que es, es lo correcto, y así es porque son tradicionales, y de este modo contienen en sí mismas la autoridad de los espíritus ancestrales. Cuando llegamos a las costumbres tradicionales, estamos al final de nuestro análisis». Sin embargo, en otro artículo rebatí el relativismo ético al demostrar que el bien y el mal existen objetivamente[9]. Esto quiere decir que existen tradiciones éticamente correctas y tradiciones éticamente incorrectas, es decir, existen tradiciones que se deben permitir y tradiciones que se deben prohibir.
- Ablación de clítoris -> Eliminación de tejido de cualquier parte del los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o cualquier otras no médicas.
- Canibalismo -> Acto o la práctica de alimentarse de miembros de la propia especie.
- Esclavismo -> El fenómeno de la esclavitud se remonta a las civilizaciones antiguas. Históricamente se ha demostrado que su razón de ser radica en el fortalecimiento y sostenimiento de la actividad económica.
- Infanticidio -> La mayor parte de las veces sufrida por niñas. Se ha usado como medio para regular las poblaciones.
- Machismo -> Conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de actitudes discriminatorias contra las mujeres y contra hombres cuyo comportamiento no es adecuadamente "masculino" a los ojos de la persona machista.
- Mulesing -> La técnica llamada "mulesing" es un doloroso proceso de mutilación mediante el cual los granjeros australianos utilizan tijeras de podar para cortar trozos enormes de la piel del trasero de las ovejas, sin el empleo de calmantes, en un horripilante esfuerzo por reducir las infecciones de parásitos, aun cuando existen métodos de control más humanitarios.
- Sacrificios humanos -> ofrenda de un homo sapiens a una deidad en señal de homenaje o expiación. En sentido amplio, es toda muerte ritual de una o muchas personas a manos de un tercero o de una institución.
- Tauromaquia -> Torturar y matar toros en público apelando a una supuesta valentía estética y a la tradición[12].
¿No es el uso de los animales por parte de los humanos una “tradición” o “natural” y por lo tanto moralmente justificable?[6]
Cada forma de discriminación en la historia de la humanidad ha sido defendida con base en representa una “tradición”. Por ejemplo, el sexismo es rutinariamente justificado como que es tradicional que las mujeres sean sirvientes de los hombres: “el lugar de las mujeres es la casa”. En muchas culturas la esclavitud ha sido una tradición. El hecho de que un comportamiento sea descrito como tradicional no tiene nada que ver con que sea o no moralmente aceptable.
Algunas personas dicen que además de tradicional, nuestro uso de los animales es “natural”, y de esta manera lo aceptan como moralmente aceptable. De nuevo, describir algo como natural no implica en sí mismo que sea moral en la práctica.
En primer lugar, casi toda forma de discriminación ha sido también descrita como natural y/o tradicional. Estas dos nociones, incluso, se usan indistintamente. Hemos justificado la esclavitud humana como representativa de una jeraquía del dueño sobre el esclavo. Hemos justificado els exismo como representativo de la superioridad naural del hombre sobre la mujer.
Aún más, es un poco extraño describir nuestro uso moderno de los animales como algo natural. Hemos creado ambientes y procedimientos agrícolas completamente no naturales con el fin de maximizar los beneficios. Realizamos experimentos aberrantes en los que transplantamos genes entre animales y humanos. Nada de esto puede ser descrito como natural. Etiquetas como “natural” y “tradicional” son solo eso, etiquetas. No son razones.
Si la gente defiende la imposición de dolor y sufrimiento a un animal basandose en que es natural o tradicional, usualmente significa que no encuentran otra manera de justificar su conducta.
La cuestión no es si una conducta es parte de una cultura, todas las conductas son parte de una cultura, la cuestión es si dicha conducta es moralmente justificable.
El poder de la tradición[7]
Los trenes de mercancías llegaban cargados de deportados, y un simple farmacéutico -un hombre gris y anodino- ejercía el terror en la rampa. Sin acritud, con amabilidad, decidía quién debía ir a la cámara de gas y quién era apto para el trabajo de Auschwitz. El escritor de origen rumano Dieter Schlesak hace un retrato del hombre que cumplía órdenes, y nunca las cuestionó.
Dice Dieter Schlesak que el Capesius anciano llegó a confesarle que al principio vomitaba. "Cuando uno ve la miseria, es tan deprimente..., pero luego uno se acostumbra." Y la fuerza de la costumbre es poderosa.
"Si quieres gobernar a un pueblo, antes que leyes dale costumbres". Hegel
"La tradición es la personalidad de los imbéciles". Maurice Ravel
"La principal tendencia de la cultura desde los orígenes a los tiempos modernos ha sido desde el salvajismo hacia la civilización". Edward B. Tylor
(1) Puede traducirse correctamente δαίμων por “demonio” o si se prefiere, (con Burnet) por “destino” (fate): “El carácter es para el hombre su destino”.
[1] Heidegger, "Carta sobre el humanismo" [2] Heráclito. Fragmento 119. Fragmentos de Heráclito. [3] Platón, "Leyes", edición de F, Lisi, Madrid, Gredos. [4] Aristóteles, "Ética a Nicómaco", edición de J.L. Calvo, Madrid, Alianza Editorial. [5] Arsitóteles, "Ética a Nicómaco", edición de J.L. Calvo, Madrid, Alianza Editorial. [6] RespuestasVeganas.Org - Entrevista a Gary Francione (por Abolitionist-Online, 2000) [7] xlsemanal.finanzas.com - El farmacéutico de Auschwitz