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Entrevista a Respuestas Veganas (Lidia Velázquez, noviembre 2018)

Hace pocos días, contactó conmigo Lidia Velázquez, una estudiante de 2º de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), que me solicitaba una entrevista para un reportaje sobre veganismo. A continuación comparto con vosotros la entrevista.

A priori, los seres sintientes debemos ser respetados.

Hola, me llamo David y llevo el blog Respuestas Veganas.

- ¿Cree que socialmente está mal visto llevar un estilo de vida vegano? Si es así, ¿a qué cree que se debe esto?

Siempre digo que el veganismo no es un estilo de vida, como puede serlo ser heavy o ser culturista, sino que el veganismo es poner en práctica la Ética: respetar a los demás.

Socialmente están mal vistos ciertos comportamientos como la falta de educación, la agresión, etc. El veganismo no se encuentra entre esos comportamientos. Creo que hay muchas personas no veganas que ven con buenos ojos el veganismo, pero no dan el paso porque no le prestan atención, no lo consideran algo importante en su día a día. También es cierto que existen algunas personas no veganas a las que parece molestarlas que alguien sea vegano, incluso conozco casos de discriminación en el trabajo y en colegios. Por citar un caso, el 29 de septiembre de 2017 se suicidó Louie Tom Fenton, un niño de 12 años acosado en el colegio por ser vegano, es decir, acosado por vegafobia. Es importante saber que la vegafobia existe, pero nuestro foco debe estar puesto en quienes no son humanos, que son las principales víctimas de un genocidio en toda regla.

- ¿Cómo puede luchar por los derechos de los animales una persona que no quiera llevar una dieta vegana?

Es importante diferenciar entre derechos éticos y derechos legales. Por ejemplo, los prisioneros en campos de concentración nazis tenían derecho ético a la salud y a la vida, sin embargo en Alemania no tenían derecho legal a la salud ni a la vida. Los derechos éticos se basan en el derecho a la salud y a la vida, pues sin ese derecho no pueden existir otros derechos. De nada sirve llamar a algo «derecho a» si está permitido ética y legalmente que te agredan y asesinen cuando quieres ejercer ese «derecho a».

El derecho ético a la salud y a la vida se tiene porque se tiene interés en seguir viviendo y a vivir sin sufrimiento, y eso es como la gravedad: existió, existe y siempre existirá. En cambio, el derecho legal a la salud y a la vida depende de lo que ponga escrito en un papel y puede ser cambiado mediante la autoridad del Estado (o mediante la autoridad de la tribu, de una asamblea, etc.).

Cuando defendemos los derechos de los animales estamos defendiendo esencialmente el derecho ético a la salud y a la vida que todos los animales tenemos, como seres sintientes que somos. Tenemos el deber ético de respetar el derecho ético a la salud y a la vida de los demás, y por lo tanto el derecho a que los demás nos respeten.

Además, el derecho ético a la salud y a la vida debe ser protegido legalmente mediante una ley de Derechos Animales (nótense las mayúsculas) que asimismo contenga otros derechos que se derivan lógicamente del mismo. En mi blog tengo una «Declaración Universal de Derechos Animales (sensocentrista)» en la que enumero los derechos legales que deben ser aprobados.

Las personas podemos defender ideas, pero lo coherente es que esas ideas las llevemos a nuestra práctica diaria. Defender el derecho a la salud y a la vida de los demás es una idea perfecta, pero no es coherente con pagar para que les asesinen por el placer de un sabor. Sin embargo, es cierto que dentro de esa incoherencia se pueden hacer cosas para que menos animales no humanos sufran y sean maltratados. A esa persona le diría que puede participar en concentraciones y en manifestaciones contra el maltrato animal (tauromaquia, caza, pesca deportiva, circos con animales, zoológicos, etc.), puede firmar peticiones online, puede hacerse socio de ONGs animalistas o veganas, puede hacer donaciones puntuales, o afiliarse a PACMA; también puede prestar ayuda a animales en perreras, en santuarios, o a animales que se encuentra. Incluso se puede defender el veganismo sin ser vegano. Todas estas acciones ayudan a los demás animales, pero son contrarrestadas al pagar para que asesinen a un animal. Una alimentación vegana es fácil de adoptar, lo más difícil creo que son las relaciones sociales, pero eso es superable cuando se tiene una personalidad fuerte.

- ¿Considera que hay una desinformación general en lo referente al veganismo?

La situación hoy en el siglo XXI es muy diferente a la del siglo pasado. En 17 años ha aumentado muchísimo la difusión del veganismo, es conocido por casi todos como una práctica ética que consiste en que se debe respetar a los demás animales. Sin embargo muchas personas siguen desinformadas y con miedos: que si la vitamina B12, que si proteína animal, que si «el césped también siente», etc. y que son más escusas que otra cosa. Entre los veganos también hay desinformación respecto a cuestiones éticas, es decir, al ser veganos hacen lo éticamente correcto, pero en muchos casos las razones que dan para ser veganos no son precisas y arrastran errores que tenían antes de ser veganos. Eso es lo que yo percibo en general.

- Políticamente hablando, ¿cuál es el primer objetivo por conseguir en España respecto a los animales? ¿cree que es posible conseguirlo en un corto periodo de tiempo?

El primer objetivo político es ilegalizar aquellas prácticas que hacen apología al uso de la violencia contra los animales no humanos, como lo son la tauromaquia, la caza y la pesca deportiva. Dichas actividades buscan insensibilizar al ser humano ante el sufrimiento ajeno, haciéndole partícipe de él. Si una persona está convertida en una especie de psicópata, es más difícil que evolucione éticamente. Después añadiría el ocio de maltrato animal como los circos con animales, los zoológicos, los hipódromos, etc. En cuanto a productos de maltrato animal podemos seguir por las prendas de piel, etc. Seguramente lo más difícil de prohibir será la carne, la leche y los huevos, pero mientras la mayoría de la sociedad no sea vegana no se podrá ilegalizar, como es lógico. Por eso son tan importantes las organizaciones veganas que intentan que más personas se unan al veganismo, ellas hacen un activismo pre-político: un activismo ético. No sabría dar una fecha para los logros. Algunos maltratos ya se están prohibiendo, como los circos con animales, pero falta mucho aún. La situación es al mismo tiempo ilusionante y desesperanzadora porque los veganos quisiéramos que todo cambiase más deprisa.

- ¿Cuál sería su propuesta para que haya más conciencia antiespecista en la sociedad española?

Mi propuesta es diferente a la de otras organizaciones, y consiste en rechazar aquellos conceptos que indirectamente sostienen ideológicamente al especismo. Por ejemplo, conceptos que hacen mucho daño al razonamiento como: el concepto de «no natural» (pero todo es natural), el concepto de «equilibrio de la naturaleza» (idea bíblica), el concepto de «libertad» (para imponer normas disimuladamente), el concepto de «valor» que se confunde con el concepto de «respeto», el concepto de «humano» cuando no tiene en cuenta la heterogeneidad dentro de la especie (falacia ecológica), el concepto de «razonar» (todos los animales razonamos en menor o en mayor grado), y otras ideas erróneas que operan independientemente del debate sobre el veganismo, pero que tienen consecuencias desastrosas para el razonamiento ético. En mi blog estudio estos temas.

- ¿Considera que hablar de igualdad entre la especie humana y resto de especies en una sociedad es una utopía?

La Regla de Oro de la Ética es: «a priori, los intereses no deben ser frustrados». Eso quiere decir que el universo idílico sería un universo sin seres sintientes, pero como la Realidad no es así entonces un universo idílico sería un universo sin violencia en el que todas las interacciones entre nosotros los seres sintientes fueran por cooperación y por auxilio. Incluso entre humanos, acabar con la violencia parece una utopía, pero eso no convierte a la violencia en éticamente correcta. La Ética nos señala una utopía hacia la que debemos avanzar, aunque nunca lleguemos a ella. Un mundo con menos violencia es un mundo mejor para todos, y eso incluye a quienes no son humanos. Es muy hipócrita intentar acabar con la violencia entre humanos al mismo tiempo que se defiende la violencia contra quienes pertenecen a otras especies: o estás en contra de la violencia o estás a favor, no hay término medio. El mal es mal, su término medio también es mal.

- ¿Qué consejo le daría a una persona que no termina de dar el paso hacia el veganismo?

Al veganismo se llega con unos cuantos pasos. Cada vez más personas dan pasos hacia el veganismo porque es el camino éticamente correcto. Un paso es no asistir a circos con animales y promover su ilegalización. Otro paso es estar en contra de la tauromaquia, otro paso es estar en contra de la caza. Otro paso es no comprar productos de piel. Y se darán más pasos rechazando el resto de maltratos. Un gran paso es no comprar «alimentos» de origen animal. Todo suma. Le daría el consejo de ver de principio a fin documentales como Earthlings, Matadero, y otros tantos. Le diría que empatice con esos sujetos peludos, que también son seres sintientes que tienen emociones y sentimientos, que juegan, que se alegran y se entristecen, que sufren y que quieren disfrutar de sus vidas. Cada uno de ellos es alguien con su propia personalidad, no algo. Poco a poco o de golpe, cada humano es distinto, pero le aconsejaría que comience a hacer dar pasos por los demás animales, el paso que prefiera, pero que avance.

Gracias por concederme esta entrevista.



Entrevista a Monseñor Mario Canciani (Bruno Passarelli, 1990?)

(Volver a "La Biblia no dice nada sobre respetar a los animales")

Entrevista de Bruno Passarelli realizada al Monseñor Mario Canciani (1928–2007), consultor de la Congregación para el Clero de la Santa Sede.

“Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes”. Mateo 12:7

Su teoría es controvertida. Según el padre Mario Canciani – párroco de la iglesia romana San Juan de los Fiorentinos -, Jesús y los apóstoles eran vegetarianos y, por lo tanto, no comieron el cordero pascual como dice la tradición. ¿Por qué la historia dice otra cosa? ¿Cómo llegó a esa conclusión?

San Juan de los Fiorentinos es una iglesia romana de los tiempos del Renacimiento ubicada a pocos centenares de metros del Vaticano, en una callejuela lateral al río Tíber, en el centro histórico de Roma. Su nombre no es casual: hace cinco o seis siglos, allí vivía la colonia de florentinos.

Su párroco es el padre Mario Canciani, un romano sesentón, afable y conservador, quien termina de editar un libro que ha causado considerable revuelo: se trata de En el Arca de Noé[1] donde asegura que Jesús y los apóstoles eran vegetarianos y no comieron el cordero pascual. Pero ya sus fieles sabían que el padre Canciani no es un sacerdote convencional: admite la presencia de animales mientras oficia misa, algo prohibido desde la promulgación del Edicto de Carlomagno, en la Edad Media. Obviamente, un veto más débil que el enorme amor del sacerdote por los animales, que exterioriza con el cuidado infinito que prodiga a los cuatro gatos que cría en la parroquia.



– ¿Cómo nació este amor suyo por los animales?

– Me enteré de que las naciones donde los animales son menos respetados y más perseguidos son las cristianas de la Europa mediterránea y de América latina. También tomé nota de que los sacrificios de animales que se efectúan durante las fiestas religiosas en la catolicísima España no sólo no son condenados, sino incluso patrocinados por confraternidades y párrocos, sin que las autoridades diocesanas hagan nada por ello. Después me pregunté: ¿Por qué tanto desinterés e indiferencia, también en Italia, ante la suerte de los animales, en especial modo sobre la muerte lenta y dolorosa de los corderos que cinco veces durante la Santa Misa son evocados para simbolizar al Hijo de Dios? Subyaciendo todo esto, está el silencio absoluto de parte de la catequesis sobre el comportamiento que los cristianos deberían tener frente a los animales.

– Habrá incursionado en la historia de la religión Católica y especialmente en los textos bíblicos…

– Así es, y el resultado fue ese libro donde documento algo que muchos consideran revolucionaria: que Jesús no comió el cordero pascual y que la primera Iglesia cristiana era, sustancialmente, partidaria del vegetarianismo. Una elección que compartían Jesús y sus discípulos. El precepto de no comer carne el viernes no es sólo una invitación a la penitencia, sino el residuo de aquella antigua costumbre…

– ¿Cómo prueba usted que Jesús no comió el cordero en la Cena del Jueves Santo?

– La mayoría de los exégetas del Nuevo Testamento tanto católicos como protestantes, sostienen que no es posible hoy, desde un punto de vista histórico, establecer si el banquete de adiós de Jesús se produjo o no en el medio de una celebración pascual. Sólo una minoría se inclina decididamente por dar un carácter estrictamente pascual a la celebración de la Ultima Cena. Esta discrepancia viene desde la Iglesia antigua y deriva de las diferentes indicaciones que dan Juan y los Evangelios Sinópticos. Según Juan, la fiesta de Pascua no coincide con el día de la Última Cena sino con el siguiente…

– O sea, en el preciso momento en que, no lejos del Gólgota, se está produciendo el sacrificio de por lo menos 50.000 corderos exterminados en el templo para ser llevados a las casas.

– Exactamente. En cambio, los Sinópticos dicen algo distinto y deriva del hecho que en Jerusalén la Pascua era celebrada según dos diferentes calendarios, el tradicional ligado al ciclo solar y el de los esenios, ligado al ciclo lunar.

– ¿Quiénes eran los esenios?

– Se trata de una secta de antiguos judíos, que practicaba la comunidad de bienes y tenía gran sencillez y humildad en sus costumbres. Además, se oponían a los sacrificios de animales, lo que los había alejado de Jerusalén. Ahora bien, los hechos que cuenta Marcos, Mateo y Lucas se desarrollaron según el ciclo lunar.

– ¿Eran vegetarianos estos esenios?

– En efecto, no sólo no sacrificaban animales sino que, gracias a la dieta vegetariana que practicaban, eran muy longevos y muchos de ellos superaban los 100 años de edad, debido a la vida simple y sana que hacían.

– ¿Qué rol tienen los esenios en la fundamentación de su teoría?

– Recientes excavaciones sobre el monte Sión efectuadas por el padre Bargil Pixner han demostrado que la zona del Cenáculo pertenecía a los esenios quienes ponían las salas a disposición de los huéspedes. La cena de ellos prohibía rigurosamente la carne, que estaba también excluida de la celebración pascual. Cuando los hebreos comen el cordero pascual, Jesús yace ya en la tumba y en su cuerpo no hay traza alguna del cordero ritual. Y cuando resucita, tiene junto a sí a un cordero, que no es el que El habría comido la noche de la Cena. Quien describe esta escena es Santiago, primo de Señor, quien será jefe de la comunidad de Jerusalén por 25 años…

– ¿Qué otras pruebas dan sustento a los que usted sostiene?

– San Jerónimo escribe: “Después de la venida de Cristo no nos está permitido comer carne”. Y Jesús, que celebró la Última Cena en una casa de esenios, fue el máximo ejemplo de una misericordia infinita. Repetidamente, en sus predicaciones, había dicho que Dios no quiere sacrificios cruentos. Tengamos en cuenta que Juan y Pablo escribieron queJesús había sustituido el sacrificio y el alimento cruento por los incruentos. Si hubiera tenido una posición contraria; sería inferior a Buda (quien pide “daya”; compasión, también por los animales), a Krishna y al mismísimo San Francisco de Asís.

– ¿Y la Biblia qué dice al respecto?

– La primera ley divino-natural se refiere al alimento específico de los hombres y de los animales. Estos últimos no han sido creados como alimento de nadie: los hombres deben comer frutos, hierbas, cereales, como afirma el Génesis. Y San Jerónimo, en un libro poco conocido pero que es uno de los más importantes de la Patrística llamado Contra Iovinianum, sostiene que el permiso dado después a Noé para que pudiera comer la carne es una interpolación en el texto sagrado, agregado tardíamente en una época de escasa religiosidad…

– ¿Son mencionados los esenios en el Nuevo Testamento?

– No, porque se han vuelto cristianos bajo el nombre ebionitas, o sea pobres, un término que se encuentra repetido 12 veces en el Nuevo Testamento, y de “nazoreis”, que aparece 6 veces. San Epifanio escribe que en ambos casos se trata de términos que quieren decir “vegetarianos”. Lo eran Pedro, Santiago, Juan y Esteban…

– ¿Hay otros testimonios que refuercen los que usted citó?

– Plinio el joven, en el año 112, escribe una famosa carta al emperador Adriano y le dice: “El Medio Oriente se ha convertido de tal manera que los ricos, los latifundistas, pierden su poder, porque los cristianos se nutren de alimentos inocuos”. Y Porfirio, quien vivió a fines del siglo III y era según San Agustín el más grande de los filósofos, escribió un libro en el que afirma que Jesús había declarado la alimentación carnívora como la alimentación de los demonios…

– ¿Cómo se explica, entonces, que los cristianos hayan empezado a comer carne?

"Los animales poseen un alma (…) están tan cerca de Dios como lo están los hombres". Su Santidad Juan Pablo II

– Históricamente, cuando en las iglesias los ricos usurpan el poder, empiezan a perseguir a los verdaderos discípulos de Jesús y a sus libros, declarándolos heréticos. En el año 314 hubo también un Concilio en Angora que suspendió a todos los clérigos y los diáconos de sus funciones si no demostraban que comían carne. Se había ido consolidando en la nueva Iglesia la posición opuesta, que se hizo doctrina en dicho Concilio: “No querer comer carne, ni siquiera escondida entre las legumbres, es un ultraje al Creador que nos ha dado los animales para que los comiésemos”. Erigida esta concepción a nivel de teoría oficial, hubo también persecuciones contra los vegetarianos. El primer mártir fue Prisciliano, decapitado con otros. Pero lo importante es que, desde el siglo IV en adelante, la exhortación del Libro del Apocalipsis de no comer la carne de los animales muertos “en nombre de Dios” será letra muerta…

– ¿Y cuál es la orientación actual de la Iglesia, en su doctrina, frente a los animales?

– El Papa Juan Pablo II en su encíclica “Sollicitudo rei sociales” de 1988 ha instado a los teólogos a estudiar una nueva relación entre el hombre y los animales. Y más recientemente, en un discurso del 10 de enero de 1990, llevó la felicidad a los animalistas, creyentes o no, recordándoles la enseñanza bíblica: “No sólo en el hombre, sino también en los animales se encuentra el soplo divino”. O sea que el creyente, con una renovada responsabilidad, tiene la obligación de considerar con toda seriedad a la Creación, cuidando todo aquello que Dios le ha entregado como don. Y esto es lo que son los animales: dones del Dios Creador.

De una traducción que Edmond S. Bordeaux realizó de los textos araméicos del Evangelio de la Paz encontrados en Qumram, Jesús dice:

“El Padre Celestial ha dicho: Os doy toda clase de hierba que crece en el campo, todas las legumbres y verduras que producen vuestros huertos y también toda fruta de vuestras arboledas, para que os sirvan de alimentos; además, la leche de vuestros animales y todos sus subproductos y derivados. Pero respetaréis la vida de esos animales, no los mataréis, ni comeréis sus carnes ni su sangre, pues, así no quebrantaréis la suprema Ley de No Matarás. (…) Pero el que mate un animal, aunque éste no lo ataque y sólo por el placer de matar, o por la carne, su piel o sus colmillos, éste sí que quebranta la Suprema Ley de No Matarás.” (Capítulo XXIII 10-14)


Jesús dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes”, en Mateo 12:7.


Fuente: veganauta.wordpress.com - Jesús, ¿era vegetariano?


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NOTAS Y REFERENCIAS

RespuestasVeganas.Org: La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente que compartamos todas y cada una de las cuestiones expresadas en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su publicación por la aportación que puede hacer a la causa del movimiento abolicionista por los Derechos de los Animales.

[1] Canciani, Mario. Nell’arca di Noè. Religioni e animali. Editor: Progetto Editoriale Mariano, 1990.

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Entrevista a Gary Francione (por Abolitionist-Online, 2000)

Entrevista realizada en 2000 a Gary Francione para abolitionist-online.com, a razón de la publicació nde su libro «Introducción a los derechos de los animales: ¿tu hijo(a) o el perro?».

La publicación de este artículo en RespuestasVeganas.Org no implica necesariamente estar de acuerdo con todas y cada una de las ideas expresadas por su autor; sin embargo, considero interesante su publicación por la aportación que puede hacer al movimiento abolicionista por los Derechos Animales (derecho a la salud y a la vida).



Existe una gran confusión alrededor del debate público acerca de los derechos de los animales. Esta confusión puede ser atribuida en gran parte al hecho de que hasta el momento no existe una teoría de los derechos animales que sea de fácil acceso a la gente y no requiera de un conocimiento previo en teoría filosófica de la ley. En un intento por proveer una teoría en derecho de los animales que explique estos derechos de una manera sencilla y directa, he escrito un libro titulado «Introducción a los derechos de los animales: ¿tu hijo(a) o el perro?» publicado por Temple University en Julio del 2000.

Las siguientes preguntas y respuestas cubren algunos de los tópicos que son tratados en el libro.

¿Existe alguna diferencia entre la posición que proclama los derechos de los animales y la posición bienestarista?

Sí. La posición que proclama los derechos de los animales sostiene que tenemos que abolir la explotación institucionalizada de los animales no-humanos. La posición bienestarista sostiene que es aceptable el uso de los animales para ciertos propósitos, pero que este uso debe ser regulado de tal manera que los animales sean tratados “humanamente” y no sean objeto de un sufrimiento “innecesario”. Los seguidores del bienestarismo aseveran que debe existir un “balance” entre los intereses de los humanos y los animales y de esta manera determinar si el uso de un animal es apropiado en circunstancias particulares.

El bienestarismo se ve reflejado en leyes, como la ley del estado anticrueldad o leyes regulatorias federales como el “Acto por el bienestar Animal”, que se ocupan del uso de los animales en experimentación.

¿Ha generado la posición bienestarista algún tipo de protección significativa a los animales?

No. No puede existir ningún balance significativo entre los intereses humanos y animales porque los animales son nuestra propiedad, Son un producto básico que nos pertenece y que no tiene otro valor aparte de aquel que nosotros, como dueños del producto, queramos adjudicarle.

Simplemente no tiene sentido hablar de un balance de intereses entre aquellos de una propiedad y los de su dueño. Si alguien te sugiriera un balance entre tus intereses y los de tu carro o tu reloj, seguramente pensarias que la sugerencia es absurda. Tanto el reloj como el carro son de tu propiedad.

No tienen intereses moralmente significativos; son simplemente cosas que no tienen ningún valor más allá del que tú como dueño quieras otorgarles. Así, como los animales son simplemente una propiedad, generalmente se nos permite ignorar sus intereses e inflingir sobre ellos el más horrendo dolor, sufrimiento y muerte si esto trae consigo un beneficio económico.

La falla del bienestarismo no se puede obviar: existen leyes de bienestar animal de varios tipos desde hace unos 200 años, y en la actualidad estamos usando más animales, y de maneras más atroces que en 1850.

¿Si los animales tienen derechos, son estos derechos iguales a los de los humanos?

No, por supuesto que no. No tiene sentido decir que los animales tienen derecho a votar o a manejar, o derecho a la educación, o a no ser discriminados en sus trabajos. La posición de derechos de los animales sostiene que los animales tienen un derecho: el derecho a no ser tratados como recurso o propiedad de los humanos. Tratar a los animales como propiedades es inconsistente con adjudicarles algún significado moral.

En los varios usos que damos a los animales para nuestra alimentación, vestimenta, entretenimiento y ciencia, se asume que los animales son un recurso, y ninguna de estas formas institucionalizadas de explotación nos permitirán reconocer que los animales tienen este derecho a no ser una propiedad.

¿Qué es un derecho?

Existe una gran confusión alrededor del concepto de “derecho”. Para nuestro propósito, es necesario enfocarnos únicamente en un aspecto del concepto de “derecho”, que es común, virtualmente, a todas las teorías acerca de este tema: un derecho es una forma particular de proteger un interés. Decir que un interés es protegido por un derecho es decir que dicho interés es protegido de ser ignorado o violado, simplemente porque si es violado beneficiará a alguien más.

Podemos pensar en un derecho como en un muro que rodea a un interés y del cual cuelga un letrero que prohibe el paso, incluso si esto beneficiara a la persona que intenta entrar. Por ejemplo, mi derecho a la libre expresión protege mi interés de expresarme, incluso si otra gente no valora mis opiniones y ahogan mi discurso simplemente porque eso les beneficiaria o porque no están de acuerdo con lo que digo.

Mi derecho a la libertad protege mi interés a ser libre, a pesar del valor que otros le den a ese interés. Si otra gente piensa que yo deberia estar en prisión por el simple hecho de que les beneficiaría de alguna manera, mi derecho a la libertad previene que yo sea encarcelado.

Decir que un animal tiene el derecho a no ser tratado como una propiedad nuestra, significa que el interés de dicho animal a no ser tratado como un bien económico debería ser protegido y no debería ser violado simplemente porque al hacerlo beneficamos a los humanos.

¿Cuál es la base del derecho de un animal a no ser tratado como nuestra propiedad?

La base es el derecho de “consideración equitativa”, la cual sostiene que como una cuestión fundamentalmente moral, los casos similares tienen que ser tratados de manera similar. Los animales humanos y los no humanos son similares al menos en algo, a diferencia del resto del universo, y es que son seres sintientes, con capacidad de experimentar dolor. Los animales no-humanos tienen un interés en no sufrir así como los humanos tienen interés en no sufrir.

Reconocemos que entre los humanos existe un amplio rango de intereses y dos humanos pueden no desear o preferir exactamente las mismas cosas. Algunos humanos prefieren ” La Boheme”, otros prefieren “Pink Floyd”. algumos humanos tienen un interés en obtener un título universitario; otros prefieren aprender un oficio; incluso algunos no tienen ningún interés en ninguna de la dos cosas. Pero todos los humanos, que no tienen muerte cerebral o son no sintientes, tienen un interés en evadir el dolor y el sufrimiento. Aunque no protegemos a los humanos de todos los sufrimientos y aunque incluso no estamos de acuerdo acerca de cuales intereses deben ser o no protegidos por derechos, por lo general todos estamos de acuerdo en que todos los humanos deberian ser protegidos del sufrimiento proveniente de su uso como propiedad o bien de otro ser humano. Nunca dudamos en si legitimar o no el trato de otro ser humano como una propiedad de otro ser humano, independientemente de sus características particulares. Sin lugar a duda, en un mundo profundamente dividido por muchos aspectos morales, una de las pocas for mas acogidas por la comunidad internacional es la prohibición de la esclavitud humana.

No tiene nada que ver con si la forma particular de esclavitud es “humana” o no, condenamos todo tipo de esclavitus de sere humanos. Seria, por supuesto, incorrecto decir que la esclavitud humana ha sido eliminada completamente del planeta, pero la figura es reconocida internacionalmente comoilegal y odiosa moralmente.

Protegemos mediante un derecho el interés de un humano en no ser la propiedad de otros, que es lo mismo que decir que no permitimos que este interés sea ignorado o denegado simplemete porque hacerlo beneficiaría a otro.

El derecho a no ser una propiedad de otro es básica, en el sentido en que a diferencia de otros derechos que podamos tener, ya que este contituye la base para esos otros derechos. Es una condición previa para la posesión de intereses con un significado moral. Si no reconocemos que un humano tiene el derecho a no ser tratado exclusivamente como un medio para el beneficio de otro, entonces cualquier otro derecho que queramos garantizar, como el derecho a la libre expresión, a la libertad, al voto o a la propiedad carecería completamente de significado.

De una manera más simple, si yo puedo encarcelarte y esclavizarte a mi voluntad, entonces cualquier otro derecho que tengas no te será de mucha ayuda. Podemos no estar de acuerdo acerca de qué otros derechos tienen los humanos, pero para que todos tengan algún derecho, deben tener al menos el derecho a no ser tratados como un objeto.

El principio de “consideración equitativa”, requiere que tratemos intereses similares de manera similar, a menos que exista una razón moralmente significativa para no hacerlo. ¿Existe alguna razón moralmente significativa que justifique que le demos el derecho básico a los humanos a no ser tratados como propiedad de otros, mientras se lo negamos a todos los animales y les tratamos como simples recursos?

Una respuesta común es decir que de hecho existen ciertas diferencias entre los humanos y los animales, las cuales justifican un tratamiento diferente. Por ejemplo, se dice que los animales no pueden pensar de manera racional o abstracta, así que es aceptable tratarlos como propiedad nuestra. En primer lugar, es dificil negar que muchos animales son capaces de razonar de manera abstracta así como es dificil negar que los perros tiene cola. Pero incluso, si esto fuera cierto, que los animales no pueden pensar de manera abstracta ¿qué diferencia hace eso desde el punto de vista moral? Muchos humanos, como niños pequeños o humanos con retardo mental severo no pueden pensar de manera abstracta o racional, y nunca pensariamos en usar dichos humanos como objeto de dolorosos experimentos biomédicos, o como fuente de alimento o vestido.

De manera independiente a lo que digamos, tratamos similares intereses animales de una manera diferente y así privamos dichos intereses de significado moral.

No existe una característica que sirva para distinguir a los humanos de otros animales. Cualquier atributo que pensemos hace a los humanos “especiales” y así diferentes a otros animales, es compartido por algún grupo de otros animales no-humanos. Cualquier “defecto” que pensemos hace a los animales inferiores a nosotros es compartido por algún grupo de nosotros. Al final, la única diferencia entre ellos y nosotros es la especie, y la especie por sí misma no es un criterio moralmente relevante para excluir a los animales de la comunidad moral, así como la “raza” no es una justificación para la esclavitud o el sexo una justificación para hacer de las mujeres una propiedad de sus esposos.

El uso de la “especie” para justificar la condición de propiedad sobre un animal es especiecismo, así como el uso del sexo y la raza para justificar la propiedad sobre otros seres humanos es sexismo y racismo.

Si queremos que los intereses de los animales tengan un significado moral, entonces tenemos que tratar los casos similares de manera similar, y no podemos tratar a los animales de alguna manera en la que no tratariamos algún humano.

Si aplicamos el principio de consideración equitativa a los animales, entonces debemos extender a los animales el derecho básico que extendemos a los seres humanos: el derecho a no ser tratado como un objeto. Pero así como el hecho de reconcer que ningún humano es propiedad de otro humano requiere la abolición de la esclavitud, y no simplemente su regulación para que sea más “humana”, el hecho de reconocer que los animales tienen también este derecho básico significa que no podemos ya justificar más nuestra explotación institucional de los animales para alimentación, vestimenta, entretenimiento o experimentación.

Si somos consecuentes con lo que decimos y le atribuimos a los animales intereses moralmente significativos, entonces no tenemos muchas opciones: estamos, de manera similar, obligados a abolir la explotación animal y no solamente a regularla.

¿Existe algún otro requerimiento, además del hecho de sentir, para que un animal tenga el derecho básico a no ser tratado como una propiedad nuestra?

No. Existen algunas personas que argumentan que los chimpancés u otros grandes simios deberian tener derechos, debido a que su código genético y capacidades mentales son similares a las nuestras. Pero esta posición lo único que logra es recalcar la jerarquía moral arbitraria de las características humanas: los grandes simios tienen un valor moral porque se parecen a nosotros y son nuestras características las que definen el significado moral. Los perros no son similares a los humanos en el mismo sentido que los grandes simios, pero son sin embargo seres concientes del dolor. Si predicamos valor moral de acuerdo a la posesión de ciertas características humanas, entonces estamos excluyendo de la comunidad moral a más del 99.5% de los animales que explotamos.

¿Tendrán los animales alguna vez un derecho legal a no ser tratados como objetos, antes de que exista un cambio en nuestra, generalizada, actitud social hacia ellos?

No. Nunca existirá un cambio significativo en el valor de los animales como propiedades por un fallo en una corte o una legislación, hasta que no exista un cambio social significativo en nuestra actitud acerca de ellos. Es decir, no es la ley la que va a alterar nuestra conducta moral hacia los animales, tiene que ser al contrario. No fue la ley la que derogó la esclavitud, de hecho la ley protegía la posesión de esclavos, y la esclavitud no fue abolida sino a través de la guerra civil.

Las mujeres no obtuvieron el derecho a votar hasta que la constitución de los EEUU fue modificada. La explotación animal no va a terminar por el pronunciamiento de la suprema corte o por una acta del congreso, por lo menos no hasta que la mayoría de nosotros aceptemos la posición moral de que la institución de la propiedad animal es moralmente inaceptable.

La economia mundial actual es mucho más dependiente de la explotación animal que lo que era el sur de los EEUU de la esclavitud humana. La protección legal de los intereses de los animales en no ser una propiedad vendrá únicamente cuando todos como sociedad sintamos repudio por nuestra dominación sobre los animales, así como sentimos repudio por la esclavitud humana.

A menudo la gente dice que los animales domésticos, como vacas, cerdos y ratas de laboratorio, no existirian si no fuera porque nosotros les damos existencia para nuestros propósitos. ¿Entonces no tenemos derecho a tratarlos como nuestro propio recurso?

No. El hecho de que de alguna manera seamos responsables por la existencia de un ser no significa que tengamos el derecho de tratarle como un recurso. Si fuese así, podriamos tratar a nuestros hijos como nuestro recurso, después de todo no existirían si no fuera por nuestras acciones, desde la decisión de concebirlo como la de no abortarlo. aunque se nos otorga cierta libertad para tratar a nuestros hijos, tenemos límites: no podemos tratarlos como tratamos a los animales. No podemos esclavizarlos, venderlos a ellos o a sus órganos, prostituirlos o matarlos. Sin lugar a duda, es una norma cultural que traer un hijo a la vida genera una responsabilidad moral de parte de los padres para cuidarle y no explotarlo.

Es importante notar que una de las justificaciones para la esclavitud en los EEUU era que mucho de los esclavos no existirian si no fuera por la institución esclavista. Los esclavos originales traidos a los EEUU fueron obligados a reproducirse y sus hijos eran considerados una propiedad. Aunque dicho argumento nos pueda parecer ridículo hoy, demuestra que no podemos asumir la legitimidad de la institución de la propiedad (de humanos o animales) y preguntarnos si es aceptable tratar una propiedad como propiedad. La respuesta va a estar predeterminada. Al contrario, lo que debenos hacer es preguntar primero si la institución de la propiedad animal (o humana) puede ser justificada moralmente. No podemos justificar la institución de la propiedad animal (o humana) simplemente porque seamos responsables de traer a la existencia a ciertos seres. Sin lugar a duda es la clasificación de los animales como propiedad lo que crea conflictos entre los animales y los humanos, que buscamos resolver a través de nuestro análisis moral de las relaciones animal/humano.

¿No es el uso de los animales por parte de los humanos una “tradición” o “natural” y por lo tanto moralmente justificable?

Cada forma de discriminación en la historia de la humanidad ha sido defendida con base en representa una “tradición”. Por ejemplo, el sexismo es rutinariamente justificado como que es tradicional que las mujeres sean sirvientes de los hombres: “el lugar de las mujeres es la casa”. En muchs culturas la esclavitud ha sido una tradición. El hecho de que un comportamiento sea descrito como tradicional no tiene nada que ver con que sea o no moralmente aceptable.

Algunas personas dicen que además de tradicional, nuestro uso de los animales es “natural”, y de esta manera lo aceptan como moralmente aceptable. De nuevo, describir algo como natural no implica en sí mismo que sea moral en la práctica.

En primer lugar, casi toda forma de discriminación ha sido también descrita como natural y/o tradicional. Estas dos nociones, incluso, se usan indistintamente. Hemos justificado la esclavitud humana como representativa de una jeraquía del dueño sobre el esclavo. Hemos justificado els exismo como representativo de la superioridad naural del hombre sobre la mujer.

Aún más, es un poco extraño describir nuestro uso moderno de los animales como algo natural. Hemos creado ambientes y procedimientos agrícolas completamente no naturales con el fin de maximizar los beneficios. Realizamos experimentos aberrantes en los que transplantamos genes entre animales y humanos. Nada de esto puede ser descrito como natural. Etiquetas como “natural” y “tradicional” son solo eso, etiquetas. No son razones.

Si la gente defiende la imposición de dolor y sufrimiento a un animal basandose en que es natural o tradicional, usualmente significa que no encuentran otra manera de justificar su conducta. La cuestión no es si una conducta es parte de una cultura, todas las conductas son parte de una cultura, la cuestión es si dicha conducta es moralmente justificable.

Finalmente, algunas personas argumentan que dado que los animales no-humanos se comen a otros animales no-humanos en ambientes salvajes, nuestro uso de los animales es “natural”.

Existen cuatro respuestas a esta posición.

Primero. Aunque muchos animales se comen a otros, muchos no lo hacen. Muchos animales son vegetarianos. Aún más, existe mucha más cooperación en la naturaleza que nuestra imágen de “naturaleza cruel”.

Segundo. El hecho de que los animales se coman o no a otros animales no tiene nada que ver con el punto. ¿Qué hay de relevante en que unos animales se coman a otros? Algunos animales son carnivoros y no pueden existir sin ella. Nosotros no caemos en esta categoría, podemos vivir perfectamente con una dieta libre de productos animales. Cada vez más y más gente esta tomando la posición de que nuestra salud y medio ambiente se benefician dejando atrás una dieta libre de productos de origen animal.

Tercero. Los animales hacen muchas cosas que los humanos no aceptamos como moralmente correctas. Por ejemplo, los perros copulan, defecan y orinan en la calle, públicamente. ¿Significa esto que nosotros deberiamos hacerlo?

Cuarto. Es interesante ver que cuando nos es conveniente, intentamos justificar nuestra explotación de los animales basados en nuestra supuesta “superioridad”. Pero cuando esta superioridad se atravieza en el camino de lo que queremos hacer, repentinamente somos una especie más del mundo salvaje, como los zorros que comen pollos.


Fuente: http://www.abolitionist-online.com/interview-issue03_gary.francione_q&a.2006.shtml