Translate

Mostrando entradas con la etiqueta .Cosmovisiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta .Cosmovisiones. Mostrar todas las entradas

ARGUMENTO: “Dios es necesario para fundamentar las normas éticas”

RESUMEN: ¿Qué dice la teoría del mandato divino? ¿qué son los principios éticos? ¿es necesario que exista un «dios» para que existan el bien y el mal? ¿es necesario creer en un «dios» para hacer el bien? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

El teocentrismo es la cosmovisión ética según la cual lo primero es obedecer a «los dioses», lo cual suele estar relacionado con ofrecerles «sacrificios» para que estén contentos con nosotros. Dichos sacrificios pueden ser humanos y animales no humanos. Aunque supongamos que existe un «ser sobrenatural», aún debería demostrarse que dicho ser es bueno y no malo, y al hacerlo se rebate la necesidad de dicho ser para fundamentar normas éticas. El bien y el mal existen antes de que un supuesto «dios» los señale, por lo tanto podemos hacer el bien y rechazar el mal sin necesidad de seguir una religión y sin necesidad de creer en «dioses». Podemos ser ateos y hacer el bien porque el bien no tiene nada que ver con «seres superpoderosos», sino con la Ética.

Palabras clave: fundamentación, normas religiosas, principios, obediencia

1. Algunas personas no saben qué es el teocentrismo. El teocentrismo es la cosmovisión ética según la cual lo primero es obedecer a «los dioses», lo cual suele estar relacionado con ofrecerles «sacrificios» para que estén contentos con nosotros. Dichos «sacrificios» pueden ser humanos y animales no humanos. El teocentrismo fue la cosmovisión ética más extendida en el pasado. Por ejemplo, si habéis visto la serie de televisión Vikings podréis apreciar que se desarrolla en una época en la que el teocentrismo era la cosmovisión dominante.

2. Algunas personas dicen que «el ateísmo lleva al relativismo ético porque sin la existencia de un dios no pueden existir valores objetivos». Por ejemplo, los Testigos de Jeová en su folleto «¡Despertad!» titulado «¿Una cruzada en pro del ateísmo?» (noviembre, 2010), escrito por Phillip E. Johnson ¡, podemos leer lo siguiente: «la negación de Dios supone no tener ningún compromiso con la autoridad divina, así como no estar bajo la obligación de respetar valores objetivos, en consecuencia la moralidad adquiere un carácter relativo, permitiendo que cada cual establezca sus propias normas, si acaso las desea. No es de extrañar pues que el ateísmo sea una filosofía de vida tan atrayente». La defensa de la religión como salvaguarda de las actitudes y comportamientos correctos y de la paz nos recuerda a la advertencia de Fiódor Dostoievsky (1821-1881) en su obra «Los Hermanos Karamazov» (1880): «Si Dios no existe, todo está permitido». Sin embargo, en dos artículos anteriores demostré que existen el bien y el mal sin necesidad de que existan «dioses»[1] y que a partir de ellos podemos inferir lógicamente la Regla de Oro de la Ética: A priori, los intereses no deben ser frustrados[2]. A continuación voy a demostrar que las religiones son las que llevan al relativismo, pues no se fundamentan en la razón, sino en la obediencia.

3. Algunas personas dicen que «existen "seres sobrenaturales"». Las personas que afirman que existen «seres sobrenaturales» suelen ponerlos un nombre y asignarles unas determinadas características, incluida la bondad y la maldad. A partir de dicha idea aparecen las religiones teístas que afirman la existencia de «seres sobrenaturales». Por ejemplo, la religión católica romana defiende la existencia de un «ser sobrenatural bueno» al que llama «Dios», o «Al-lāh» para el Islam. Las religiones son monoteístas o politeístas, dependiendo de si afirman que existe un sólo dios o más de uno, respectivamente. En dos artículos anteriores demostré que la idea «dios» es lógicamente absurda[3] y que no está demostrada empíricamente[4]. Aunque a priori no hay nada éticamente incorrecto en que alguien crea o afirme que existen «seres sobrenaturales», el problema aparece cuando dichas personas pretenden imponer a los demás normas arbitrarias diciendo que debemos obedecer a dichos supuestos «seres sobrenaturales». Las religiones pretenden sustituir la Ética Basada en la Realidad, que podemos conocer razonando sobre el deber, por normas arbitrarias que se inventan algunas personas. A continuación voy a suponer que existiera un «ser sobrenatural» llamado «Dios» y a analizar qué implicaciones éticas tendría eso.

4. Algunas personas dicen que «existe un "dios" y por lo tanto debemos obedecerle». Estas personas siguen la teoría del mandato divino. El mandato divino esencialmente dice que «lo éticamente correcto» es «lo que Dios ordena», y «lo éticamente incorrecto» es «lo que Dios prohíbe», pues dicen que «Dios» es infalible para diferenciar el bien del mal y que la Bibla, el Corán, etc. es su palabra. Por lo tanto dicen que para actuar de manera éticamente correcta debemos obedecer la palabra de Dios. Por ejemplo, Emil Brunner (1889-1966) dice en su libro «The Divine Imperative» (1947) que «el Bien consiste en hacer siempre la voluntad de un dios, en cualquier momento particular». Por ejemplo, en 2003 George W. Bush dijo «Dios me pidió acabar con la tiranía de Irak» y poco después EEUU invadió Irak ilegalmente (sin una resolución de la ONU), produciendo cientos de miles de muertos, la destrucción del país y la aparición de grupos terroristas. En la Biblia aparece un clásico ejemplo sobre la defensa del mandato divino:


Aceptar la teoría del mandato divino convierte la doctrina de la bondad de Dios en un sinsentido y lleva a la teología, desde un punto de vista ético, a la arbitrariedad de valores, es decir, al relativismo ético[3], pues según dicha teoría no existirían acciones buenas ni malas antes de que «Dios» las ordenara hacer o las prohibiese. Si aceptamos la teoría del mandato divino entonces podemos dar la vuelta a la cita de Dostoyevski y decir: «Si Dios existe, todo está permitido». Así lo expresó Gottfried Leibniz (1646-1716) en su «Discurso de Metafísica» (1686): «Diciendo que las cosas no son buenas por ninguna regla de bondad, sino sólo por la voluntad de Dios, se destruye sin darse cuenta, me parece a mí, todo el amor de Dios y toda su gloria. ¿Por qué alabarlo por lo que ha hecho si sería igualmente loable habiendo hecho todo lo contrario?». En lo que respecta a quienes no son humanos, Isaac Bashevis Singer (1902-1991) se expresó contra el mandato divino de la siguiente manera:

«Cuando un humano mata a un animal para la alimentación, está descuidando su propia hambre de justicia. El hombre reza por la misericordia, pero no está dispuesto a extenderla a otros. ¿Por qué entonces el hombre debe esperar la misericordia de Dios? Es injusto esperar algo que usted no está dispuesto a dar. Es incoherente. Nunca podré aceptar la incoherencia o la injusticia. Incluso si se trata de Dios. Si viniese una voz de Dios diciendo: "Estoy en contra del vegetarianismo!" Yo diría: "¡Bueno, yo estoy a favor de ello!" Así es como me siento firmemente en este sentido.» Isaac Bashevis Singer, Prólogo de Food for Spirit: Vegetarianism and the World Religions (1986) de Steven Rosen

La obediencia a la autoridad es explicada por Stanley Milgram (1933-1984) trás los resultados de un experimento psicológico realizado en 1974 y que narra en The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia)[1]:

"Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio". Stanley Milgram, The Perils of Obedience


Experimento social sobre la obediencia: El Juego de la Muerte (Link)

5. Algunas personas que dicen que «existe un "dios"» se dan cuenta que la teoría del mandato divino lleva al relativismo ético y entonces dicen que «"dios" ha establecido unos principios absolutos que debemos respetar». La «teoría de los principios éticos universales o absolutos» dice que existen valores objetivos que debemos respetar. Los religiosos añaden que los humanos sólo podemos conocer dichos principios gracias a que un supuesto «dios» se los dijo a un iluminado por medio de revelación divina. Un ejemplo de principios éticos religiosos serían los Diez Mandamientosque un supuesto «ser sobrenatural» supuestamente le dictó a Moises reconviniéndole sobre ellos que «no deben tolerar la desobediencia». La paradoja es que los principios absolutos establecidos por un supuesto «dios» también son un mandato divino, son obediencia arbitraria, por lo tanto no hay en ellos una fundamentación racional. Sin un punto de referencia previo sobre qué es el bien y qué es el mal, Moises no pudo saber si el supuesto «ser sobrenatural» que dice que le dictó los Diez Mandamientos era un «dios» o un «demonio». En el diálogo platónico llamado «Eutifrón», hay una discusión acerca de si lo que es éticamente correcto es aquello que los dioses nos ordenan. En dicho texto Sócrates formula una de las preguntas más célebres de la Filosofía: «¿es la conducta correcta porque los dioses así la ordenan, o la ordenan los dioses porque es correcta?». Refiriéndose a esta pregunta, el filósofo británico Antony Flew (1923-2010) sugirió que «una buena prueba para la aptitud de una persona para la filosofía es descubrir si puede captar su fuerza y su sentido». Por lo tanto, la única manera de no caer en el relativismo ético es que el bien y el mal existan antes que «lo que ordenan los dioses»; y si el bien y el mal existen sin necesidad de que un dios nos los señale entonces podemos comportarnos de manera éticamente correcta siendo ateos. En el siguiente gráfico muestro que podemos hacer el bien y podemos evitar hacer el mal aunque no creamos que existe un «dios».


6. Algunas personas que afirman que «existe un "dios"» se dan cuenta que la obediencia lleva al relativismo ético y entonces dicen que «las normas éticas se fundamentan en "la naturaleza creada por dios"». Debido a que la teoría del mandato divino lleva al relativismo ético, ésta fue rechazada por Tomás de Aquino (1224-1274) y sustituida por la teoría del derecho natural, también llamada «ley natural» o «justicia natural», y es en lo que está basada la teología de la Iglesia católica y la «Declaración Universal de los Derechos Humanos», aunque parten de diferentes teleologías. Según el derecho natural, «cada ser tiene su propia 'naturaleza' con un propósito o fin racional», por lo que ir contra dichos fines es «ir contra la naturaleza» o irracional. Dicha idea se llama teleología y Tomás de Aquino la obtuvo del libro «Ética a Nicómaco» de Aristóteles (s. IV a.C.), pero la conectó con la idea según la cual la «naturaleza» fue creada por «dios» según su «plan divino». En su libro «Suma Teológica», Tomás de Aquino dice que «Dios» dotó a los humanos con racionalidad para que pudieran comprender su plan divino: «menospreciar el dictado de la razón es equivalente a condenar el mandato de Dios», dice Tomás. Por lo tanto, el creyente y el no creyente pueden acceder a la razón y seguir sus directivas. Ambos funcionan como agentes éticos de la misma manera, a pesar de que la falta de fe de los no creyentes les impida comprender que un «dios» es el supuesto autor de dicho orden racional en el que participan y que sus propios juicios éticos expresan. La teoría del derecho natural asume que existe «lo no natural» y basándose en eso dice que las acciones naturales son buenas y éticamente correctas, y que las acciones «antinaturales» o «contra natura» son malas y éticamente incorrectas. Sin embargo ya demostré que todo es naturaleza y natural[5] y además que «lo natural» no tiene nada que ver con el deber ético[6].

7. Algunas personas dicen que «lo que pone en los libros religiosos son normas éticas lógicas». Algunas personas dicen que «dios» nunca se equivoca al señalar el bien y el mal porque posee la sabiduría perfecta, por lo tanto, nunca existiría contradicción entre sus mandatos, un hecho bastante discutible si leemos detenidamente los libros religiosos. La web Bibviz construyó, junto a escépticos, infieles y organizaciones pro-seculares, una infografía que muestra de manera interactiva las 673 incoherencias que hay en la Biblia.






ARGUMENTO: “Tener una conciencia no hace que un ser deba ser respetado”

RESUMEN: ¿Qué diferencia éticamente a las cosas de las personas? ¿qué es el sensocentrismo? ¿qué argumentos usan algunas personas contra el sensocentrismo? Éstas son las principales preguntas a las que aquí voy a responder.

Un rasgo esencial de la Ética es que utiliza UN CRITERIO para diferenciar a los seres que a priori deben ser respetados (personas) del resto de seres (cosas) que es éticamente correcto que las personas posean y consuman. Si no se utiliza dicha diferenciación ética entre personas y cosas entonces se llega a la contradicción de afirmar que «todos los seres son cosas», por lo que uno mismo sería una cosa cuyos intereses no deberían ser considerados, o se llega a la idea de que «todos los seres son personas». Sin embargo, la Ética es la ciencia que utiliza la Lógica para inferir normas sobre lo que a priori no se debe hacer, y dicho deber ético se origina en los intereses de los seres sintientes; por eso la Ética es sensocentrista: los seres sintientes son personas, y el resto de seres son cosas. Para ser coherente con el sensocentrismo se debe defender y practicar el veganismo. Quien exige a los seres sintientes una característica o capacidad extra para considerarles éticamente como personas está violando el Principio de Igual Consideración de Intereses, al discriminar arbitrariamente a seres sintientes. El deber ético no se puede inferir lógicamente de características que no sean los intereses; el deber ético se infiere de los intereses en sí mismos.

Palabras clave: algo-alguien, cosa-persona, conciencia, sensocentrismo

1. Algunas personas no saben qué es una cosmovisión ética. No se debe confundir «cosmovisión ética» con cosmovisiones de otros tipos. Un rasgo esencial de la Ética es que utiliza UN CRITERIO para diferenciar a los seres que a priori deben ser respetados (personas) del resto de seres (cosas) que es éticamente correcto que las personas posean y consuman. El uso de cada diferente criterio da lugar a una diferente cosmovisión ética. Por ejemplo, el uso del criterio «ser dios» da lugar al teocentrismo; el criterio «ser yo» da lugar al egocentrismo; el criterio «ser humano» da lugar al antropocentrismo; el criterio «ser vivo» da lugar al biocentrismo; el criterio «ecosistemas y especies» da lugar al ecocentrismo; el criterio  «ser animal» da lugar al animalcentrismo; el criterio «ser sintiente» da lugar al sensocentrismo, etc. Las cosmovisiones éticas son la base en la que se asientan ideologías políticas y otros tipos de ideologías.


Cosmovisiones, ¿qué son? (Link)
(Nota: le faltó hablar de la cosmovisión ética egocentrista, la cual prioriza el beneficio propio y cosifica a los demás.)


2. Algunas personas dicen que «no debemos usar un criterio para diferenciar a las personas de las cosas». Si rechazamos utilizar un criterio para diferenciar a las personas de las cosas entonces nos quedarían dos opciones: a) «todos los seres son cosas», y por lo tanto sería éticamente correcto poseer y consumir a cualquier ser; o b) «todos los seres son personas», y por lo tanto sería éticamente incorrecto poseer y consumir a cualquier ser. En ambos casos se iguala a todos los seres por medio de la característica que todos los seres comparten: son materia. Por ejemplo, según dicho argumento, las piedras, las lechugas, los perros y los humanos ocuparían la misma categoría ética: o todos ellos serían cosas, o todos ellos serían personas. Sin embargo, si todos los seres fueran considerados éticamente como cosas entonces no tendría sentido hablar de Ética, pues se estaría diciendo que «es éticamente correcto poseer y consumir a cualquier ser», incluido quien afirmara esa idea, lo cual contradeciría sus intereses, rebatiéndose a sí mismo.[4] No es casualidad que la Regla de Oro de la Ética se origine en los intereses de las conciencias[5], pues la materia por sí sola no siente, no tiene intereses, por tanto la materia no impone deberes éticos a los demás. Como el deber ético se origina en intereses y como todos los intereses pertenecen a seres sintientes entonces es lógico que el criterio que convierte a una cosa en persona es que sea un ser sintiente (una conciencia); a usar dicho criterio se le llama sensocentrismo, y sensocentristas a quienes defienden dicha idea. Tampoco es cierto que «todos los seres son personas», como si cada átomo y cada electrón fuese una persona a la que debemos respetar, pues la materia no sintiente, es decir, no tiene intereses que podamos frustrar, por tanto es éticamente correcto poseerla y consumirla. Por ello no tiene sentido afirmar que «el sensocentrismo discrimina arbitrariamente a los seres que no tienen una conciencia», pues los seres que no tienen conciencia no tienen intereses. El sensocentrismo es una idea que no discrimina arbitrariamente a nadie, y que además no considera éticamente a las cosas como si fueran personas, por eso podemos afirmar que la Ética Basada en la Realidad es sensocentrista. En relación a esto, Daniel C. Dennett (1942-) dice lo siguiente en su libro «Tipos de Mentes»:


3. Algunos veganos se inventan ideas erróneas sobre qué es el sensocentrismo. Como ya expliqué antes, el sensocentrismo es la cosmovisión ética que afirma éticamente que: «los seres sintientes son personas y el resto de seres son cosas». Para ser coherente con el sensocentrismo se debe defender y practicar el veganismo. Algunas personas atribuyen al sensocentrismo otras ideas que son independientes de esta cosmovisión ética con la intención de ensuciarlo y de promover su rechazo. Por ejemplo, en los artículos «No hay centro», «La perversión del veganismo: el sensocentrismo» y en otros artículos absurdos, se le atribuyen al sensocentrismo ideas ajenas a éste con las que se puede estar o no estar de acuerdo: ayudar a los demás seres sintientes, extinción de parásitos mediante esterilización, educación animal, etc. Otras veces estas personas afirman erróneamente que «el sensocentrismo defiende comer bivalvos», lo cual no es cierto, pues el sensocentrismo sólo dice que los seres sintientes son personas y que el resto de seres son cosas; será la ciencia la que determine si los bivalvos sienten o no sienten. Si los bivalvos son seres sintientes[6] entonces según el sensocentrismo los bivalvos son personas y por tanto a priori se les debe respetar.

4. Algunas personas confunden «cosmovisión ética» con teorías sobre el bien y el mal. Por ejemplo, a partir del minuto 9:15 de su vídeo «Diferencias entre sensocentrismo y veganismo» Luchi Bonfico dice: «Una diferencia entre sensocentrismo y veganismo es que, por ejemplo, un vegano se opone a que haya una granja de animales en la cual no sufran, pero en la que terminen destinados a comida. Por ejemplo, una persona tiene 100 vacas en un campo libres toda su vida y cuando cumplen un año de edad les da un mazazo en la cabeza sin que se entere ninguna y las destina a carne. En cambio, el sensocentrista no ve ninguna objeción porque basándose justamente en lo que dice la palabra "sensocentrismo" que está centrado en la sintiencia, al no generar sufrimiento a esas cien vacas puedes hacer con ellas lo que quieras cuando quieras porque no estás generando ningún sufrimiento», a lo cual Damo y Ale asienten sin objeción. Por lo tanto, estas personas confunden el sensocentrismo (los seres sintientes son personas, y el resto son cosas) con su teoría particular sobre el bien y el mal (estas personas dicen que «matar a alguien contra su voluntad sin causarle sufrimiento no es hacer un mal a dicha persona»). Además de dicha confusión, su concepción sobre los intereses y/o su teoría sobre el bien y el mal es errónea, pues los seres sintientes tenemos interés en seguir viviendo[7], por lo tanto sí que se hace un mal a quien es matado en contra de su interés[4]. Lo que dicen estas personas sobre el sensocentrismo es tan erróneo como decir que «según el antropocentrismo, es éticamente correcto asesinar a humanos si no se causa sufrimiento a ningún humano»; pues no, un antropocentrista tampoco tiene por qué estar de acuerdo con eso y por ello no deja de ser antropocentrista. La Realidad es que el sensocentrismo solo separa éticamente a los seres sintientes (personas) del resto de seres (cosas). La reacción de algunos veganos es patética cuando asumen dicha confusión y dicen «no soy sensocentrista porque me opongo a matar a seres sintientes en contra de su voluntad» y otro tipo de afirmaciones absurdas que benefician al antropocentrismo, al teocentrismo y a otras cosmovisiones hegemónicas...

5. Algunas personas confunden «cosmovisión ética» con un marco normativo. Como he explicado, las cosmovisiones éticas usan un criterio para diferenciar éticamente a unos seres como personas y al resto de seres como cosas. Después de que hemos elegido una determinada cosmovisión ética, debemos elegir un determinado marco normativo, es decir, debemos elegir cómo vamos a «GESTIONAR» a las personas de dicha cosmovisión ética. Existen varios marcos normativos: «deontologismo» (kantismo, etc), consecuencialismo (utilitarismo, EBR, etc), ética de la virtud (aristotelismo, neoaristotelismo, etc), etc. Algunas personas mezclan el significado de sensocentrismo con el significado de un marco normativo conocido o particular, y por tanto usan una falacia llamada error categorial. Mediante dicha falacia, estas personas están creando mucha confusión dentro del movimiento vegano, haciendo que muchos veganos digan que «rechazo el sensocentrismo porque es utilitarista» o por otras razones, a pesar de que el sensocentrismo es una cosmovisión ética, no un marco normativo.

6. Algunas personas dicen que «como según el sensocentrismo los seres sintientes (conciencias) son personas entonces alguien en estado inconsciente no es un ser sintiente y por tanto sería éticamente correcto matarle». Estas personas confunden la «conciencia» con el estado de la conciencia llamado «conSciencia», por eso creen erróneamente que «según el sensocentrismo, si alguien está en estado inconsciente no es un ser sintiente». Sin embargo, si alguien se encuentra en estado inconsciente sigue siendo alguien, es decir, sigue siendo un ser sintiente, sigue siendo una conciencia en estado inconSciente. Algunas personas que entienden esto se preguntan por qué razón le hacemos un mal a alguien que matamos cuando está inconsciente o que estando consciente es matado instantáneamente sin causarle sufrimiento, pero en otro artículo ya respondí que dicho acto frustra el interés en seguir viviendo (y todos los intereses) de esa persona.[4] En otras ocasiones algunos dicen que «el sensocentrismo no considera personas a quienes padecen una enfermedad que les impide sentir dolor físico», sin embargo esta idea sobre el sensocentrismo es errónea porque aunque dichas personas no sientan dolor físico siguen siendo seres sintientes con intereses. Otras personas dicen que los animales no humanos no tienen interés en seguir viviendo, pero esto también lo rebatí en otro artículo.[7]

7. Algunas personas dicen que «el criterio "ser sintiente" o "tener una conciencia" no es suficiente para que un ser sea catalogado como persona». Quienes dicen esto acusan al sensocentrismo de catalogar éticamente como personas a más seres de los que supuestamente se debería. Dicen que «sólo son personas los seres que tienen una conciencia y que ADEMÁS poseen una/s determinada/s característica/s que no poseen todos los humanos ni todos los animales no humanos». Por ejemplo, Hugo Tristam Engelhardt (1941-) en su libro «The Foundations of Bioethics» («La Fundación de la Bioética»), publicado en 1991, dice lo siguiente: «Lo que caracteriza a las personas es su capacidad de ser autoconscientes, racionales e interesadas por el mérito de reprobación y elogio. […] no todos lo seres humanos son personas. No todos los seres humanos son autoconscientes, racionales y capaces de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio. Los fetos, los recién nacidos, los impedidos mentales mentales muy profundos y quienes están en coma sin esperanza [y podríamos agregar los seniles] constituyen ejemplos de no-personas humanas. Son miembros de la especie humana, pero no tienen en sí y por sí mismos un lugar en la comunidad moral laica». En 2012, esta idea errónea llevó a la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), la sociedad científica más grande del mundo y propietaria de la revista Science, a defender que delfines y ballenas deben ser tratados como personas no humanas con derecho a la vida, pero no dijeron lo mismo para otros seres sintientes. El error de estas personas es que no infieren el deber ético de los intereses[5], sino de otras características innecesarias que exigen a los seres sintientes. Debido a ello violan el Principio de Igual Consideración de Intereses[8], pues discriminan arbitrariamente a quienes supuestamente no poseen dichas características éticamente irrelevantes. Por ejemplo, estas personas apelan a características éticamente irrelevantes como «ser autoconsciente», «ser racional», «ser capaz de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio», etc. A pesar de ser características éticamente irrelevantes, toda conciencia es autoconsciente de lo que siente y de sus intereses[9], pues lo sentido siempre lo siente alguien. Además, toda conciencia es necesariamente racional porque reconoce el Principio Lógico de Identidad: «lo que es, es» (A=A) para de esta manera poder relacionarse con la Realidad y así sobrevivir. En cuanto a «ser capaz de concebir la posibilidad de la reprobación y del elogio», de ello tampoco se infiere lógicamente ningún deber, sino que el deber ya venía dado antes por los intereses. A pesar del error que cometen estas personas, parece una buena estrategia apoyar de manera temporal campañas como la del Proyecto Gran Simio con el objetivo de conseguir que se reconozca legalmente la existencia de personas no humanas, rompiendo de esta manera «la barrera de especie» para asestar un golpe mortal al antropocentrismo. Además, el reconocimiento de personas no humanas no ocurrirá de golpe, sino que será progresivo.


New Scientist: When is an animal a person? (Link)